Escribir poemas sobre Stalin durante su reinado fue un acto de valentía inimaginable, que a menudo conllevaba consecuencias nefastas. El régimen soviético ejercía un control absoluto sobre la expresión, y cualquier crítica, por velada que fuera, podía ser fatal. Entre los ejemplos más famosos y desafiantes se encuentra el devastador “Epigrama de Stalin” del gran poeta ruso Osip Mandelstam, una obra que contribuyó directamente a su persecución y eventual muerte en el Gulag. Esta obra maestra de doce líneas sirve como un retrato crudo y escalofriante del tirano y el miedo generalizado que infundió, erigiéndose como un testimonio del poder de la poesía frente a la opresión abrumadora.
Mandelstam compuso este poema en noviembre de 1933 y lo recitó a un pequeño grupo de amigos. Inevitablemente, la noticia se corrió y fue arrestado en 1934. El retrato crudo e inquebrantable que el poema hace de Stalin fue un desafío directo en un mundo donde oficialmente se le deificaba.
Aquí está el texto original del poema en ruso:
Мы живем, под собою не чуя cтраны,
Наши речи за десять шагов не слышны,
А где хватит на полразговорца,
Там припомнят кремлёвского горца.
Его толстые пальцы, как черви, жирны,
А слова, как пудовые гири, верны,
Тараканьи смеются усища,
И сияют его голенища.
А вокруг него сброд тонкошеих воҗдей,
Он играет услугами полулюдей.
Кто свистит, кто мяучит, кто хнычет,
Он один лишь бабачит и тычет.
Как подкову, кует за указом указ:
Кому в пах, кому в лоб, кому в бровь, кому в глаз.
Что ни казнь у него—то малина
И широкая грудь осетина.
Y una traducción al inglés que intenta capturar su ritmo y rima:
With no land felt beneath us, we live day to day;
Our speech barely carries ten paces away,
Each half-snatched conversation remembering
The highlander up in the Kremlin.
His fingers are greasy as overfed worms,
And final as cast-iron weights are his words;
Cockroach whiskers are laughing and winking,
And his boot tops are gleaming and twinkling.
There’s a rabble around him of chiefs with thin necks;
He plays with half-humans he’s got at his beck:
Some mewling, some whimpering, some hissing;
He goes poke! he goes boom! and they listen.
Like horseshoes he drops one by one his decrees:
To the groin, to the head, to the eye, to the knees;
Every killing’s a sweet celebration,
And stands tall the broad-chested Ossetian.
El poema comienza describiendo la atmósfera asfixiante de miedo en la Unión Soviética, donde la gente está aislada (“sin sentir la tierra bajo nosotros”) y la comunicación está ahogada (“nuestro habla apenas llega a diez pasos”). Las conversaciones son susurradas, siempre volviendo a “el montañés en el Kremlin”, una referencia despectiva al origen georgiano de Stalin y a su poder remoto e intocable.
Foto de perfil de la NKVD de Osip Mandelstam, poeta ruso judío conocido por sus poemas sobre Stalin
La segunda estrofa ofrece una descripción física visceral y repulsiva de Stalin: sus dedos “grasientos como gusanos sobrealimentados” y palabras “finales como pesas de hierro fundido” enfatizan su autoridad burda y brutal. La imagen de “bigotes de cucaracha riendo y guiñando” es grotescamente inhumana, mientras que las botas relucientes sugieren poder militar y una presencia opresiva.
La tercera estrofa se refiere a la burocracia que lo rodea: “una chusma… de jefes de cuello delgado” y “semishumanos” que lo sirven, caracterizados por sonidos animales patéticos (“maullando, gimiendo, silbando”). Solo Stalin actúa con decisión, reducido a acciones primarias como “¡golpear!”, destacando el núcleo simple y brutal de su gobierno en comparación con el servilismo de sus subordinados.
La estrofa final describe los decretos arbitrarios y violentos de Stalin, dispensados como herraduras caídas descuidadamente que infligen dolor (“A la ingle, a la cabeza…”). Los escalofriantes versos, “Cada matanza es una dulce celebración, / Y se yergue alto el osetio de pecho ancho”, son particularmente complejos. “Dulce celebración” tiene un doble significado en ruso, aludiendo tanto al placer como al submundo criminal, sugiriendo que Stalin se regocija en la violencia como si fuera un regalo o una actividad de pandillas. La última línea probablemente se refiere al propio Stalin, retratando su presencia física como un símbolo de su poder despiadado y autoritario.
El “Epigrama de Stalin” de Mandelstam es más que una simple curiosidad histórica; es una obra de arte punzante que captura la esencia de la tiranía. Sigue siendo uno de los poemas sobre Stalin más importantes, no solo por su poder literario, sino también por el inmenso costo personal que le supuso a su valiente autor. Se erige como un crudo recordatorio de los riesgos que los poetas y escritores han enfrentado al atreverse a decir la verdad al poder absoluto.
(Para una lectura adicional sobre este poema y su contexto, consulte el ensayo de 2010 de José Manuel Prieto en The New York Review of Books.)