{"id":13394,"date":"2025-05-25T11:10:55","date_gmt":"2025-05-25T11:10:55","guid":{"rendered":"https:\/\/latrespace.com\/eneida-de-virgilio-libro-1-traducido\/"},"modified":"2025-05-25T11:10:55","modified_gmt":"2025-05-25T11:10:55","slug":"eneida-de-virgilio-libro-1-traducido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latrespace.com\/es\/eneida-de-virgilio-libro-1-traducido\/","title":{"rendered":"Eneida de Virgilio: Libro 1 Traducido"},"content":{"rendered":"<p>La Eneida de Virgilio se erige como un poema \u00e9pico fundamental en la literatura occidental, que narra el viaje de Eneas, un h\u00e9roe troyano, tras la ca\u00edda de Troya. Este primer libro introduce el conflicto central y sienta las bases para la misi\u00f3n predestinada de Eneas de llegar a Italia y establecer la estirpe que finalmente conducir\u00e1 a la fundaci\u00f3n de Roma. Sometidos a la ira divina y a mares peligrosos, Eneas y sus cansados compa\u00f1eros se enfrentan a inmensos desaf\u00edos, subrayando temas como el destino, la intervenci\u00f3n divina y la lucha humana contra fuerzas abrumadoras. Explora esta perdurable obra cl\u00e1sica a trav\u00e9s de nuestra traducci\u00f3n de su dram\u00e1tico primer libro.<\/p>\n<h2>LbI:1-11 Invocaci\u00f3n a la Musa<\/h2>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/latrespace.com\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/interiorvirgilaeneidjudgementofparis.webp\" alt=\"Escena mitol\u00f3gica del Juicio de Paris, causa relacionada con la ira de Juno.\" width=\"600\" height=\"453\" \/><em class=\"cap-ai\">Escena mitol\u00f3gica del Juicio de Paris, causa relacionada con la ira de Juno.<\/em><\/p>\n<p>\u2018El Juicio de Paris\u2019 &#8211; Giorgio Ghisi (Italia, 1520-1582), <em><a href=\"http:\/\/www.lacma.org\/\" title=\"LACMA Collections\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">LACMA Collections<\/a><\/em><\/p>\n<p>Canto las armas y al var\u00f3n, al que, exiliado por el destino, primero lleg\u00f3 desde la costa de Troya a Italia, y a las costas lavinias \u2013 arrojado sin fin por tierra y mar, por la voluntad de los dioses, por la ira implacable de la cruel Juno, sufriendo tambi\u00e9n mucho en la guerra, hasta que fund\u00f3 una ciudad y trajo sus dioses al Lacio: de ah\u00ed surgieron el pueblo latino, los se\u00f1ores de Alba Longa, las murallas de la noble Roma. Musa, dime la causa: \u00bfc\u00f3mo fue ofendida en su divinidad, c\u00f3mo se afligi\u00f3, la Reina del Cielo, para llevar a un hombre, notable por su virtud, a soportar tales peligros, a afrontar tantas pruebas? \u00bfPuede haber tal ira en la mente de los dioses?<\/p>\n<h2>LbI:12-49 La Ira de Juno<\/h2>\n<p>Hab\u00eda una antigua ciudad, C\u00e1rtago (en manos de colonos de Tiro), frente a Italia, y a las lejanas desembocaduras del T\u00edber, rica en bienes y muy salvaje en la b\u00fasqueda de la guerra. Dicen que Juno am\u00f3 esta tierra por encima de todas las dem\u00e1s, incluso descuidando Samos: aqu\u00ed estaban sus armas y su carroza; incluso entonces la diosa trabajaba y apreciaba la idea de que tuviera la supremac\u00eda sobre las naciones, si solo el destino lo permitiera. Sin embargo, hab\u00eda o\u00eddo hablar de una descendencia, derivada de sangre troyana, que un d\u00eda derrocar\u00eda la fortaleza tiria: que de ellos vendr\u00eda un pueblo, de amplio dominio y orgulloso en la guerra, para la ruina de Libia: as\u00ed lo ordenaron los Destinos. Temiendo esto, y recordando la antigua guerra que hab\u00eda librado antes, en Troya, por su querido Argos, (y la causa de su ira y amargas tristezas a\u00fan no se hab\u00eda borrado de su mente: el lejano juicio de Paris permanec\u00eda en lo profundo de su coraz\u00f3n, la ofensa a su belleza despreciada, su odio por la raza, y los honores del raptado Gan\u00edmedes) la hija de Saturno, incitada a\u00fan m\u00e1s por esto, arroj\u00f3 a los troyanos, que los griegos y el despiadado Aquiles hab\u00edan dejado, alrededor de todo el oc\u00e9ano, manteni\u00e9ndolos lejos del Lacio: vagaron durante muchos a\u00f1os, impulsados por el destino sobre todos los mares. Tal fue el esfuerzo para fundar el pueblo romano. Apenas hab\u00edan perdido de vista la isla de Sicilia, en aguas m\u00e1s profundas, desplegando alegremente las velas, la quilla de bronce surcando la salmuera, cuando Juno, alimentando la herida eterna en su pecho, habl\u00f3 consigo misma: &#8216;\u00bfVoy a abandonar mi prop\u00f3sito, vencida, incapaz de apartar al rey teucro de Italia? \u00bfPor qu\u00e9, el destino lo proh\u00edbe? \u00bfNo pudo Palas quemar la flota argiva, hundirla en el mar, por la culpa y la locura de un solo hombre, \u00c1yax, hijo de Oileo? Ella misma arroj\u00f3 el fuego veloz de J\u00fapiter desde las nubes, dispers\u00f3 las naves e hizo hervir el mar con tormentas: Lo atrap\u00f3 en un torbellino de agua, mientras \u00e9l exhalaba llamas por su pecho traspasado, y lo fij\u00f3 a una roca afilada: sin embargo yo, que camino como reina de los dioses, esposa y hermana de Jove, hago la guerra a toda una raza, durante tantos a\u00f1os. Ciertamente, \u00bfalguien adorar\u00e1 el poder de Juno de ahora en adelante, o colocar\u00e1 ofrendas, humildemente, en sus altares?&#8217;<\/p>\n<h2>LbI:50-80 Juno Pide Ayuda a Eolo<\/h2>\n<p>Debatiendo as\u00ed consigo misma, con el coraz\u00f3n inflamado, la diosa lleg\u00f3 a Eolia, a la tierra de las tormentas, el lugar de los vendavales salvajes. Aqu\u00ed, en su vasta caverna, el Rey Eolo mantiene bajo control los vientos retorcidos y las tempestades rugientes, los frena con cadenas y prisi\u00f3n. Gimen con ira a las puertas, con vastos murmullos de monta\u00f1a: Eolo se sienta, sosteniendo su cetro, en su alta fortaleza, suavizando sus pasiones, templando su rabia: si no, ciertamente se llevar\u00edan mares y tierras y los cielos m\u00e1s altos, consigo, en r\u00e1pido vuelo, y los barrer\u00edan por el aire. Pero el Padre todopoderoso, temiendo esto, los ocult\u00f3 en cuevas oscuras, apil\u00f3 una alta masa monta\u00f1osa sobre ellos y les dio un rey que, por acuerdo fijo, sabr\u00eda c\u00f3mo dar la orden de apretar o aflojar las riendas. Juno le ofreci\u00f3 ahora estas palabras, humildemente: &#8216;Eolo, ya que el Padre de los dioses y rey de los hombres te dio el poder de calmar y levantar las olas con los vientos, hay un pueblo que odio navegando por el mar Tirreno, trayendo a Italia los dioses conquistados de Troya: Da m\u00e1s poder a los vientos y hunde sus barcos naufragados, o div\u00eddelos y dispersa sus cuerpos sobre el mar. Tengo catorce Ninfas de belleza excepcional: de las cuales llamar\u00e9 a Deiopea, la m\u00e1s hermosa en apariencia, unida en matrimonio eterno y tuya para siempre, para que, por tal servicio a m\u00ed como el tuyo, pase todos sus a\u00f1os contigo y te haga padre de hermosos hijos.&#8217; Eolo respondi\u00f3: &#8216;Tu tarea, oh reina, es decidir lo que deseas: mi deber es cumplir tus \u00f3rdenes. T\u00fa me otorgaste todo este reino, el cetro, el favor de Jove, me diste un asiento en los banquetes de los dioses y me hiciste se\u00f1or de las tormentas y las tempestades.&#8217;<\/p>\n<h2>LbI:81-123 Eolo Desata la Tormenta<\/h2>\n<p>Cuando hubo hablado, invirti\u00f3 su tridente y golpe\u00f3 la monta\u00f1a hueca en el costado: y los vientos, formando filas, salieron precipitadamente por la puerta que \u00e9l hab\u00eda abierto y se arremolinaron por la tierra. Se posan sobre el mar, el viento del Este y el del Oeste, y el viento de \u00c1frica, juntos, densos de tormentas, lo agitan todo desde sus profundidades m\u00e1s lejanas y hacen rodar vastas olas hacia la orilla: sigue un grito de hombres y un crujido de cables. De repente, las nubes arrebatan el cielo y el d\u00eda a los ojos de los troyanos: la noche oscura se posa sobre el mar. Truena desde el polo, y el \u00e9ter centellea fuego denso, y todas las cosas amenazan muerte inmediata a los hombres. Instant\u00e1neamente, Eneas gime, sus miembros fl\u00e1cidos de fr\u00edo: extendiendo sus dos manos hacia el cielo, clama con esta voz: &#8216;\u00a1Oh, tres, cuatro veces afortunados aquellos que tuvieron la suerte de morir frente a los ojos de sus padres bajo las altas murallas de Troya! \u00a1Oh Diomedes, hijo de Tideo, el m\u00e1s valiente de los griegos! \u00bfPor qu\u00e9 no pude haber ca\u00eddo, por tu mano, en los campos de Ili\u00f3n, y derramar mi esp\u00edritu, donde yace el fiero H\u00e9ctor, bajo la lanza de Aquiles, y el poderoso Sarped\u00f3n: donde el S\u00edmois rueda, y arrastra tantas armaduras, yelmos, cuerpos valientes de hombres, en sus olas!&#8217; Al lanzar estas palabras, un aullante vendaval del norte golpea de lleno la vela y eleva los mares al cielo: los remos se rompen: luego la proa gira y ofrece la viga a las olas: una empinada monta\u00f1a de agua sigue en masa. Algunas naves se cuelgan de la cresta de la ola: a otras la profundidad que bosteza muestra tierra entre las olas: la marea ruge con arena. El viento del sur atrapa tres y las arremolina sobre rocas ocultas (rocas que los italianos llaman los Altares, en medio del oc\u00e9ano, un vasto arrecife en la superficie del mar); tres son arrastradas desde las profundidades por el viento del este, hacia los baj\u00edos y arenas movedizas (una vista lamentable), las golpea contra el fondo, las cubre con un mont\u00edculo de grava. Una enorme ola, que se derrumba, golpea una por la popa, justo delante de sus ojos, una que llevaba al fiel Orontes y a los licianos. El timonel es arrojado y lanzado de cabeza, boca abajo: pero el mar gira la nave tres veces, la hace dar vueltas en su lugar, y el r\u00e1pido v\u00f3rtice la traga en las profundidades. Nadadores aparecen aqu\u00ed y all\u00e1 en la vasta extensi\u00f3n, armas de hombres, tablones, tesoros troyanos en las olas. Ahora la tormenta conquista la resistente nave de Ilioneo, ahora la de Acates, ahora aquella en la que navegaba Abas, y la del viejo Aletes: sus maderas abiertas por los costados, todas las naves dejan entrar la marea hostil y se abren por las junturas.<\/p>\n<h2>LbI:124-156 Intervenci\u00f3n de Neptuno<\/h2>\n<p>Neptuno, mientras tanto, grandemente turbado, vio que el mar estaba agitado con vasto murmullo, y que la tormenta se hab\u00eda desatado y las aguas tranquilas brotaban de sus niveles m\u00e1s profundos: levant\u00f3 su rostro sereno de las olas, contemplando la profundidad. Ve la flota de Eneas dispersa por todo el oc\u00e9ano, los troyanos aplastados por los rompientes y el cielo que se desploma. Y la ira de Juno, y sus estratagemas, no escapan a su hermano. Llama a los vientos del Este y del Oeste, y entonces dice: &#8216;\u00bfTanta confianza os llena en vuestro origen? Vientos, \u00bfos atrev\u00e9is, sin mi intenci\u00f3n, a mezclar tierra con cielo, y causar tantos problemas, ahora? \u00a1Vosotros a quienes yo&#8230;! Pero es mejor calmar las olas en movimiento: me responder\u00e9is m\u00e1s tarde por esta desgracia, con un castigo diferente. \u00a1Prisa, volad ahora, y decidle esto a vuestro rey: el control del oc\u00e9ano, y el feroz tridente, me fueron dados a m\u00ed, por sorteo, y no a \u00e9l. \u00c9l posee las rocas salvajes, hogar para vosotros, y para los vuestros, Viento del Este: que Eolo oficie en su palacio, y sea rey en la prisi\u00f3n cerrada de los vientos.&#8217; As\u00ed habla, y m\u00e1s veloz que su discurso, calma el mar hinchado, dispersa la nube reunida y trae de vuelta el sol. Cim\u00f3toe y Trit\u00f3n, trabajando juntos, empujan las naves desde el afilado arrecife: el mismo Neptuno las levanta con su tridente, separa la vasta arena movediza, templa la marea y se desliza sobre ruedas ingr\u00e1vidas, sobre las crestas de las olas. As\u00ed, a menudo, cuando estalla una rebeli\u00f3n en una gran naci\u00f3n, y el populacho com\u00fan rabia con pasi\u00f3n, y pronto vuelan piedras y antorchas ardientes (la locura suministra armas), si entonces ven a un hombre de gran virtud y servicio ponderado, se quedan en silencio y se detienen escuchando atentamente: \u00e9l domina sus pasiones con sus palabras y calma sus corazones: as\u00ed muri\u00f3 todo el alboroto del oc\u00e9ano, tan pronto como su padre, contemplando el agua, llevado a trav\u00e9s del cielo despejado, dirigi\u00f3 sus caballos y les dio rienda suelta, volando detr\u00e1s en su carroza.<\/p>\n<h2>LbI:157-222 Refugio en la Costa Libia<\/h2>\n<p>Los cansados seguidores de Eneas hicieron esfuerzos por poner rumbo a la tierra m\u00e1s cercana, y viraron hacia la costa libia. Hay all\u00ed un lugar en una ensenada profunda: una isla forma un puerto con la barrera de su masa, en la que rompe cada ola de las profundidades y se divide en rizos decrecientes. A uno y otro lado, vastos acantilados y picos gemelos se ciernen en el cielo, bajo cuyas cumbres todo el mar est\u00e1 en calma, a lo largo y a lo ancho: luego, por encima, hay una escena de bosques resplandecientes, y un oscuro bosquecillo se cierne sobre el agua, con sombra frondosa: bajo el promontorio opuesto hay una cueva, cubierta de roca, dentro de ella, agua fresca y asientos de piedra natural, el hogar de las Ninfas. Aqu\u00ed no hay amarras que amarren las cansadas naves, ni ancla, con sus ganchos, que las fije. Eneas se refugia aqu\u00ed con siete naves reunidas de la flota, y los troyanos, con pasi\u00f3n por la tierra firme, desembarcando, toman posesi\u00f3n de las arenas que tanto ansiaban, y extienden sus cuerpos incrustados de salmuera en la orilla. Al instante, Acates saca una chispa de su pedernal, prende el fuego en las hojas, coloca combustible seco alrededor y r\u00e1pidamente tiene llamas entre la yesca. Luego, cansados por los acontecimientos, sacan trigo da\u00f1ado por el mar e implementos de Ceres, y se preparan para tostar el grano sobre las llamas y molerlo en piedra. Eneas escala una roca mientras tanto y examina todo el panorama a lo largo y ancho sobre el mar, buscando si puede ver algo de Anteo y sus galeras frigias zarandeadas por la tormenta, o de Capis, o de las armas de Caico blasonadas en una alta popa. No hay ninguna nave a la vista: ve tres ciervos vagando por la orilla: manadas enteras de gamos los siguen por detr\u00e1s y pastan en largas filas a lo largo del valle. Se detiene ante esto, y empu\u00f1a en su mano su arco y r\u00e1pidas flechas, astas que el leal Acates lleva, y primero dispara a los propios l\u00edderes, a sus cabezas, con astas ramificadas, sostenidas en alto, luego a la masa, con sus astas, y conduce a toda la multitud en confusi\u00f3n entre las hojas: El conquistador no se detiene hasta que ha dispersado siete enormes carcasas en el suelo, igual en n\u00famero a sus naves. Luego busca el puerto y las reparte entre todos sus amigos. Luego reparte el vino que el buen Acestes hab\u00eda guardado en \u00e1nforas, en la costa trinacria, y que aquel h\u00e9roe les hab\u00eda dado al partir: y habl\u00e1ndoles, calm\u00f3 sus tristes corazones: &#8216;Oh amigos (bueno, antes no \u00e9ramos desconocidos a los problemas) oh vosotros que hab\u00e9is soportado cosas peores, el dios conceder\u00e1 un fin a esto tambi\u00e9n. Hab\u00e9is afrontado a la rabiosa Escila y sus escarpados acantilados de sonido profundo: y hab\u00e9is experimentado las rocas de los C\u00edclopes: recordad vuestro coraje y disipad los temores sombr\u00edos: quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda incluso os deleit\u00e9is al recordar esto. A trav\u00e9s de todas estas desgracias, estos tiempos peligrosos, nos dirigimos al Lacio, donde los hados nos guardan vidas pac\u00edficas: all\u00ed el reino de Troya puede resurgir. Perseverad, y preservaos para d\u00edas m\u00e1s felices.&#8217; As\u00ed pronuncia su voz, y enfermo por el peso de la preocupaci\u00f3n, simula esperanza en su mirada y reprime el dolor en lo profundo de su coraz\u00f3n. Preparan la caza y el futuro fest\u00edn: desuellan las pieles de las costillas y dejan al descubierto la carne: algunos la cortan en trozos, temblorosos, y la fijan en asadores, otros colocan calderos en la playa y los alimentan con llamas. Luego reaniman sus fuerzas con comida, tendidos sobre la hierba, y se sacian con abundante venado y vino viejo. Cuando el hambre es saciada por el fest\u00edn, y los restos retirados, en profunda conversaci\u00f3n, discuten sobre sus amigos desaparecidos, y, entre esperanza y miedo, preguntan si viven, o si han sufrido la muerte y ya no oyen su nombre. Eneas, el piadoso, sobre todo llora el destino del fiero Orontes, luego el de Amico, junto con el cruel destino de Lico, y los de los valientes Gyas y Cloanto.<\/p>\n<h2>LbI:223-256 Venus Intercede con J\u00fapiter<\/h2>\n<p>Ahora, todo estaba completo, cuando J\u00fapiter, desde las alturas del aire, contempl\u00f3 el mar con sus velas desplegadas, y las vastas tierras, y las costas, y la gente a lo largo y ancho, y se detuvo, en la cima del cielo, y fij\u00f3 sus ojos en el reino libio. Y mientras sopesaba tales preocupaciones como ten\u00eda en su coraz\u00f3n, Venus le habl\u00f3, m\u00e1s triste a\u00fan, sus ojos brillantes rebosantes de l\u00e1grimas: &#8216;Oh t\u00fa que gobiernas las cosas humanas y divinas, con ley eterna, y que las aterras a todas con tu rayo, \u00bfqu\u00e9 tan grave ha hecho mi Eneas para ti, qu\u00e9 han hecho los troyanos, que han sufrido tanta destrucci\u00f3n, a quienes el mundo entero est\u00e1 cerrado, debido a las tierras italianas? Ciertamente prometiste que en alg\u00fan momento, al paso de los a\u00f1os, los romanos surgir\u00edan de ellos, surgir\u00edan l\u00edderes, restaurados de la sangre de Teucro, que tendr\u00edan poder sobre el mar y todas las tierras. Padre, \u00bfqu\u00e9 pensamiento ha cambiado tu mente? Me consol\u00f3 la ca\u00edda de Troya, y su triste ruina, sopesando un destino, de hecho, contra destinos opuestos: ahora la misma desgracia sigue a estos hombres impulsados por tales desastres. Gran rey, \u00bfqu\u00e9 fin dar\u00e1s a sus esfuerzos? Ant\u00e9nor pudo escapar a trav\u00e9s del grueso del ej\u00e9rcito griego, y entrar a salvo en los golfos ilirios, y adentrarse en los reinos de los liburnios, y pasar las fuentes del Timavo, de donde el r\u00edo irrumpe, con un enorme rugido monta\u00f1oso, a trav\u00e9s de nueve bocas, y sepulta los campos bajo su ruidosa crecida. Aqu\u00ed, sin embargo, estableci\u00f3 la ciudad de Padua y hogares para los teucros, y dio un nombre a la gente, y colg\u00f3 las armas de Troya: ahora est\u00e1 tranquilamente establecido, en paz serena. Pero nosotros, tu estirpe, a quienes permites las alturas del cielo, perdemos nuestras naves (\u00a1vergonzoso!), traicionados, a causa de la ira de una sola persona, y mantenidos lejos de las costas de Italia. \u00bfEs este el premio a la virtud? \u00bfEs as\u00ed como restauras nuestro gobierno?&#8217; El padre de los hombres y los dioses le sonri\u00f3 con aquella mirada con la que despeja el cielo de tormentas, bes\u00f3 los labios de su hija y luego dijo esto:<\/p>\n<h2>LbI:257-296 Profec\u00eda de J\u00fapiter<\/h2>\n<p>&#8216;No temas, Citerea, el destino de tu hijo permanece inalterado: Ver\u00e1s la ciudad de Lavinio y las murallas que promet\u00ed, y elevar\u00e1s al magn\u00e1nimo Eneas a lo alto, al cielo estrellado: Ning\u00fan pensamiento ha cambiado mi mente. Este hijo tuyo (ya que este problema me corroe el coraz\u00f3n, hablar\u00e9 y desplegar\u00e9 el pergamino secreto del destino) librar\u00e1 una poderosa guerra en Italia, destruir\u00e1 pueblos orgullosos y establecer\u00e1 leyes y murallas para sus guerreros, hasta que un tercer verano vea su reinado en el Lacio, y pasen tres campamentos de invierno desde que los r\u00fatulos fueron derrotados. Pero el ni\u00f1o Ascanio, ahora llamado Iulo (era Ilo mientras el reino iliaco era una realidad) completar\u00e1 imperialmente treinta grandes c\u00edrculos de meses giratorios, y trasladar\u00e1 su trono desde su emplazamiento en Lavinio, y poderoso en fuerza, construir\u00e1 las murallas de Alba Longa. Aqu\u00ed reinar\u00e1n ahora reyes de la raza de H\u00e9ctor durante trescientos a\u00f1os completos, hasta que una sacerdotisa real, Ilia, pre\u00f1ada, dar\u00e1 a luz gemelos a Marte. Entonces R\u00f3mulo continuar\u00e1 la raza, orgulloso de la piel leonada de su nodriza la loba, y fundar\u00e1 las murallas de Marte, y llamar\u00e1 al pueblo romanos, por su propio nombre. No he fijado l\u00edmites ni duraci\u00f3n a sus posesiones: les he dado un imperio sin fin. \u00bfPor qu\u00e9, la dura Juno, que ahora atormenta tierra, mar y cielo con miedo, responder\u00e1 a mejor juicio y favorecer\u00e1 a los romanos, amos del mundo, y pueblo de la toga, conmigo? As\u00ed est\u00e1 decretado. Llegar\u00e1 un tiempo, al deslizarse los a\u00f1os, en que la casa troyana de As\u00e1raco forzar\u00e1 a Ft\u00eda a la esclavitud, y ser\u00e1n se\u00f1ores de la vencida Argos. De esta gloriosa fuente nacer\u00e1 un C\u00e9sar troyano, que limitar\u00e1 el imperio con el Oc\u00e9ano, su fama con las estrellas, Augusto, un Julio, su nombre descendiente del gran Iulo. T\u00fa, sin ansiedad ya, lo recibir\u00e1s un d\u00eda en el cielo, cargado de despojos orientales: ser\u00e1 invocado en oraci\u00f3n. Entonces, abandonadas las guerras, las edades duras se suavizar\u00e1n: la Fidelidad encanecida y Vesta, Quirino con su hermano Remo har\u00e1n las leyes: las puertas de la Guerra, sombr\u00edas de hierro y estrechadas por barras, estar\u00e1n cerradas: dentro, la Rabia imp\u00eda rugir\u00e1 espantosamente con boca ensangrentada, sentada sobre armas salvajes, las manos atadas a la espalda, con cien nudos de bronce.&#8217;<\/p>\n<h2>LbI:297-371 Venus Habla a Eneas<\/h2>\n<p>Diciendo esto, env\u00eda a Mercurio, hijo de Maia, desde el cielo, para que la tierra y las fortalezas de esta nueva C\u00e1rtago se abrieran a los troyanos como hu\u00e9spedes, y Dido, inconsciente del destino, no los mantuviera fuera de su territorio. Vuela por el aire con un batir de poderosas alas y r\u00e1pidamente aterriza en la costa libia. Y pronto hace lo ordenado, y los fenicios dejan de lado sus instintos salvajes, por voluntad del dios: la reina sobre todo adopta sentimientos serenos y pensamientos amables hacia los troyanos. Pero Eneas, el piadoso, dando vueltas a las cosas toda la noche, decide, tan pronto como aparece la amable aurora, salir y explorar el lugar, para descubrir a qu\u00e9 costas ha llegado, impulsado por el viento, qui\u00e9n las posee (ya que ve desierto), hombre o bestia, y traer los detalles a sus amigos. Oculta las naves en bosques colgantes bajo un acantilado arqueado, rodeado de \u00e1rboles y sombras frondosas: acompa\u00f1ado solo por Acates, va, blandiendo dos lanzas de hoja ancha en su mano. Su madre lo encontr\u00f3 ella misma, entre los \u00e1rboles, con el rostro y la apariencia de una virgen, y las armas de una virgen, una chica espartana, o como Harp\u00e1lice de Tracia, que fatiga a los caballos, y supera al alado Hebro en vuelo. Pues llevaba colgado el arco de los hombros, preparado, como una cazadora, y suelto el cabello para que el viento lo dispersara, las rodillas desnudas, y su t\u00fanica suelta recogida en un nudo. Y ella grit\u00f3 primero: &#8216;Hola, j\u00f3venes, decidme, si hab\u00e9is visto a mi hermana vagando por aqu\u00ed por casualidad, llevando un carcaj y la piel de un lince moteado, o gritando, enardecida tras un jabal\u00ed babeante?&#8217; As\u00ed Venus: y as\u00ed comenz\u00f3 el hijo de Venus en respuesta: &#8216;No he visto ni o\u00eddo a ninguna de tus hermanas, \u00a1Oh Virgen \u2013 o c\u00f3mo debo llamarte? Ya que tu aspecto no es mortal y tu voz es m\u00e1s que humana: \u00a1oh, una diosa ciertamente! \u00bfO la hermana de Febo? \u00bfO una de la raza de las Ninfas? S\u00e9 amable, quienquiera que seas, y aligera nuestro trabajo, y dinos solo bajo qu\u00e9 cielo estamos, y en qu\u00e9 costas hemos aterrizado: estamos a la deriva aqu\u00ed, impulsados por el viento y vastos mares, sin saber nada del pueblo o del pa\u00eds: muchos sacrificios te caer\u00e1n en los altares, bajo nuestra mano.&#8217; Entonces dijo Venus: &#8216;No me creo digna de tales honores: es la costumbre de las chicas tirias llevar un carcaj y atarse las pantorrillas bien arriba, sobre botas de caza rojas. Veis el reino de C\u00e1rtago, tirios, la ciudad de Ag\u00e9nor: pero limitada por libios, un pueblo formidable en la guerra. Dido gobierna este imperio, habiendo partido de Tiro, huyendo de su hermano. Es una larga historia de agravios, con muchos rodeos: pero trazar\u00e9 los cap\u00edtulos principales de la historia. Siqueo era su esposo, el fenicio m\u00e1s rico en tierras y amado con gran amor por la desdichada muchacha, a quien su padre la dio como virgen a \u00e9l, y los cas\u00f3 con gran solemnidad. Pero su hermano Pigmali\u00f3n, salvaje en maldad m\u00e1s all\u00e1 de todos los dem\u00e1s, pose\u00eda el reino de Tiro. La locura se interpuso entre ellos. El rey, cegado por la codicia del oro, mat\u00f3 a Siqueo desprevenido, secretamente, con un cuchillo, imp\u00edamente, frente a los altares, indiferente a los afectos de su hermana. Ocult\u00f3 sus acciones por un tiempo, enga\u00f1\u00f3 a la muchacha enamorada, con vanas esperanzas y muchas pretensiones malvadas. Pero el espectro de su esposo insepulto se le apareci\u00f3 en sue\u00f1os: levantando su p\u00e1lida cabeza de manera extra\u00f1a, desvel\u00f3 la crueldad en los altares, y su coraz\u00f3n traspasado por el cuchillo, y revel\u00f3 toda la maldad secreta de aquella casa. Luego la inst\u00f3 a partir r\u00e1pidamente y abandonar su pa\u00eds, y, para ayudarla en su viaje, revel\u00f3 un antiguo tesoro bajo tierra, un peso desconocido de oro y plata. Conmovida por todo esto, Dido prepar\u00f3 su huida y a sus amigos. Aquellos que sent\u00edan un feroz odio por el tirano o un miedo amargo, se reunieron: tomaron algunas naves que casualmente estaban listas, y cargaron el oro: las riquezas del codicioso Pigmali\u00f3n son llevadas por mar: una mujer lidera la empresa. Llegaron a este lugar y compraron tierra, donde ahora veis las vastas murallas y la resurgente fortaleza de la nueva C\u00e1rtago, tanto como pudieron encerrar con las tiras de piel de un solo toro, y por eso la llamaron Birsa. Pero \u00bfqui\u00e9nes sois entonces? \u00bfDe qu\u00e9 costas ven\u00eds? \u00bfQu\u00e9 rumbo tom\u00e1is?&#8217; \u00c9l suspir\u00f3 mientras ella le preguntaba, y sacando las palabras de lo profundo de su coraz\u00f3n respondi\u00f3:<\/p>\n<h2>LbI:372-417 Ella le Dirige al Palacio de Dido<\/h2>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/latrespace.com\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/interiorvirgilaeneidaeneasrecognisingvenus.webp\" alt=\"Eneas reconoce a su madre Venus mientras ella desaparece en una nube.\" width=\"446\" height=\"600\" \/><em class=\"cap-ai\">Eneas reconoce a su madre Venus mientras ella desaparece en una nube.<\/em><\/p>\n<p>\u2018Eneas Reconociendo a Venus Cuando Desaparece en una Nube\u2019 &#8211; Giovanni Domenico Tiepolo (Italia, 1727\u20131804), <em><a href=\"http:\/\/artgallery.yale.edu\/\" title=\"Yale University Art Gallery\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Yale University Art Gallery<\/a><\/em><\/p>\n<p>&#8216;\u00a1Oh diosa, si tuviera que empezar mi relato desde el principio, y tuvieras tiempo para escuchar la historia de nuestras desgracias, V\u00e9sper habr\u00eda cerrado el d\u00eda en los cielos cerrados. Una tormenta nos llev\u00f3 caprichosamente a las costas de Libia, navegando por los muchos mares desde la antigua Troya, si acaso el nombre de Troya ha llegado a tu o\u00eddo. Yo soy aquel Eneas, el piadoso, que llevo mis dioses dom\u00e9sticos conmigo en mi nave, habi\u00e9ndolos arrebatado al enemigo, mi nombre es conocido m\u00e1s all\u00e1 del cielo. Busco mi pa\u00eds Italia, y un pueblo nacido de J\u00fapiter en lo alto. Me embarqu\u00e9 en el mar frigio con veinte naves, siguiendo mi destino dado, mi madre, una diosa, mostrando el camino: apenas quedan siete, arrancadas del viento y las olas. Yo mismo vago, indigente y desconocido, en el desierto libio, expulsado de Europa y Asia.&#8217; Venus no esper\u00f3 m\u00e1s quejas sino que interrumpi\u00f3 su lamento as\u00ed: &#8216;Quienquiera que seas, no creo que respires el aire de vida mientras seas odiado por los dioses, t\u00fa que has llegado a una ciudad de Tiro. Solo sigue adelante desde aqu\u00ed y ve al umbral de la reina, ya que te traigo noticias de que tus amigos han sido restaurados, y tus naves recuperadas, llevadas a salvo por los vientos cambiantes, a menos que mis padres me ense\u00f1aran falsas profec\u00edas, en vano. Mira, esos doce cisnes en l\u00ednea exultante, que un \u00e1guila, el ave de J\u00fapiter, descendiendo del cielo, estaba molestando en el cielo despejado: ahora, en una larga fila, parecen haberse posado, o estar mirando ahora a los que ya lo han hecho. As\u00ed, al regresar, sus alas baten en juego, y dan vueltas al cenit en masa, y dan su grito, as\u00ed tus naves y tu gente est\u00e1n en puerto, o cerca de su entrada a vela plena. Solo sigue adelante, dirige tus pasos hacia donde te lleve el camino.&#8217; Habl\u00f3, y al darse la vuelta, reflej\u00f3 la luz de su cuello rosado, y exhal\u00f3 un perfume divino de su ambros\u00edaco cabello: sus t\u00fanicas se arrastraban hasta sus pies, y, en su paso, la mostraron como una verdadera diosa. \u00c9l reconoci\u00f3 a su madre, y al desaparecer la sigui\u00f3 con su voz: &#8216;T\u00fa tambi\u00e9n eres cruel, \u00bfpor qu\u00e9 te burlas de tu hijo con falsos fantasmas? \u00bfPor qu\u00e9 no se me permite unir mano con mano, y hablar y o\u00edr palabras verdaderas?&#8217; As\u00ed la acusa, y dirige sus pasos hacia la ciudad. Pero Venus los vel\u00f3 con una niebla oscura mientras caminaban, y, como una diosa, extendi\u00f3 una densa cubierta de nubes a su alrededor, para que nadie pudiera verlos, ni tocarlos, ni causarles retraso, ni preguntarles ad\u00f3nde iban. Ella misma se eleva en el aire, a Pafos, y regresa a su hogar con deleite, donde su templo y sus cien altares humean con incienso sabeo, fragantes con frescas guirnaldas.<\/p>\n<h2>LbI:418-463 El Templo de Juno<\/h2>\n<p>Mientras tanto, abordaron la ruta que el camino revelaba. Y pronto escalaron la colina que se cierne alta sobre la ciudad y domina desde arriba las torres que la enfrentan. Eneas se maravilla de la masa de edificios, anta\u00f1o chozas, se maravilla de las puertas, el ruido, las calles pavimentadas. Los ansiosos tirios est\u00e1n ocupados, algunos construyendo muros y elevando la ciudadela, subiendo piedras a mano, algunos eligiendo el sitio para una casa y marcando un surco: hacen magistrados y leyes, y un senado sagrado: aqu\u00ed algunos excavan un puerto: otros colocan los profundos cimientos de un teatro y tallan enormes columnas del acantilado, altos adornos para el futuro escenario. Al igual que las abejas a principios del verano realizan sus tareas entre los campos floridos, al sol, cuando gu\u00edan a los j\u00f3venes adolescentes de su raza, o llenan las celdas con miel l\u00edquida y las hinchan con dulce n\u00e9ctar, o reciben las cargas entrantes, o formando filas expulsan a la perezosa horda de z\u00e1nganos de sus colmenas: el trabajo brilla, y la miel fragante es dulce con tomillo. &#8216;\u00a1Oh afortunados aquellos cuyas murallas ya se elevan!&#8217; grita Eneas, y admira las cimas de la ciudad. Entra entre ellos, velado en la niebla (maravilloso de contar) y se mezcla con la gente sin ser visto por nadie. Hab\u00eda un bosquecillo en el centro de la ciudad, delicioso con sombra, donde los fenicios, zarandeados por las olas y la tormenta, descubrieron por primera vez la cabeza de un fiero caballo, que la regia Juno les mostr\u00f3: as\u00ed la raza ser\u00eda notable en la guerra y rica en sustancia a lo largo de los siglos. Aqu\u00ed la sidonia Dido estaba estableciendo un gran templo a Juno, rico en ofrendas y presencia divina, con entradas de bronce que se elevaban desde escalinatas, y vigas unidas con bronce, y bisagras que chirriaban en puertas de bronce. Aqu\u00ed en el bosquecillo apareci\u00f3 algo nuevo que calm\u00f3 sus temores por primera vez, aqu\u00ed por primera vez Eneas se atrevi\u00f3 a esperar seguridad y a poner mayor confianza en sus afligidas fortunas. Mientras, esperando a la reina, en el vasto templo, mira cada cosa: mientras se maravilla de la riqueza de la ciudad, la habilidad de su arte y los productos de sus labores, ve las batallas de Troya en su orden correcto, la Guerra, conocida por su fama en todo el mundo, los hijos de Atreo, de Pr\u00edamo y Aquiles enojado con ambos. Se detuvo y dijo, con l\u00e1grimas: &#8216;\u00bfQu\u00e9 lugar hay, Acates, qu\u00e9 regi\u00f3n de la tierra no est\u00e1 llena de nuestras penurias? \u00a1Mira, Pr\u00edamo! Aqu\u00ed tambi\u00e9n la virtud tiene sus recompensas, aqu\u00ed tambi\u00e9n hay l\u00e1grimas por los acontecimientos, y las cosas mortales conmueven el coraz\u00f3n. Pierde tus miedos: esta fama te traer\u00e1 beneficio.&#8217;<\/p>\n<h2>LbI:464-493 El Friso<\/h2>\n<p>As\u00ed habla, y alimenta su esp\u00edritu con el friso insustancial, suspirando a menudo, y su rostro h\u00famedo por las l\u00e1grimas que corren. Pues vio c\u00f3mo, aqu\u00ed, los griegos hu\u00edan, mientras luchaban alrededor de Troya, perseguidos por la juventud troyana, y, all\u00ed, los troyanos hu\u00edan, con el emplumado Aquiles presion\u00e1ndolos de cerca en su carro. No muy lejos, a trav\u00e9s de sus l\u00e1grimas, reconoce las tiendas de lona blanca de Reso, que el ensangrentado Diomedes, hijo de Tideo, devast\u00f3 con gran matanza, traicionado en su primer sue\u00f1o, desviando los fogosos caballos a su campamento, antes de que pudieran comer forraje troyano o beber del r\u00edo Janto. En otro lugar, Troilo, con sus armas desechadas en la huida, muchacho infeliz, desigualmente emparejado en su batalla con Aquiles, es arrastrado por sus caballos, aferrado boca arriba al carro vac\u00edo, todav\u00eda aferrando las riendas: su cuello y cabello arrastrando por el suelo, y su lanza invertida surcando el polvo. Mientras tanto, las mujeres troyanas con el cabello suelto, caminaban al templo de la injusta Palas llevando la t\u00fanica sagrada, lament\u00e1ndose humildemente y golpeando sus pechos con las manos. La diosa estaba vuelta, sus ojos fijos en el suelo. Tres veces hab\u00eda Aquiles arrastrado a H\u00e9ctor alrededor de las murallas de Troya, y ahora vend\u00eda el cad\u00e1ver sin vida por oro. Entonces Eneas verdaderamente exhala un profundo suspiro, desde lo profundo de su coraz\u00f3n, al contemplar los despojos, la carroza, el mismo cuerpo de su amigo, y Pr\u00edamo extendiendo sus manos no guerreras. Tambi\u00e9n se reconoci\u00f3 a s\u00ed mismo, luchando contra los pr\u00edncipes griegos, y las filas et\u00edopes y la armadura del negro Memn\u00f3n. La furiosa Pentesilea lidera la fila de las amazonas, con escudos en forma de media luna, y destaca entre sus miles, su cintur\u00f3n dorado abrochado bajo sus senos expuestos, una virgen guerrera atrevida a luchar con hombres.<\/p>\n<h2>LbI:494-519 La Llegada de la Reina Dido<\/h2>\n<p>Mientras estas maravillosas vistas son contempladas por el troyano Eneas, mientras, asombrado, permanece all\u00ed, absorto, con mirada fija, la Reina Dido, de hermos\u00edsima forma, lleg\u00f3 al templo, acompa\u00f1ada de una gran multitud de j\u00f3venes. As\u00ed como Diana gu\u00eda su coro danzante a orillas del Eurotas, o a lo largo de las crestas del Cinto, y, sigui\u00e9ndola, mil ninfas de la monta\u00f1a se re\u00fanen a cada lado: y lleva un carcaj al hombro, y supera a todas las dem\u00e1s diosas al caminar: y el deleite se apodera del coraz\u00f3n silencioso de su madre Latona: tal era Dido, as\u00ed se llevaba a s\u00ed misma, alegremente, entre ellos, promoviendo el trabajo, y su reino en ascenso. Luego, rodeada de armas y reposando en un alto trono, tom\u00f3 asiento, a la entrada de la diosa, bajo la b\u00f3veda central. Estaba dictando leyes y estatutos al pueblo, y repartiendo el trabajo de los obreros en justas proporciones, o asign\u00e1ndolo por sorteo: cuando Eneas vio de repente a Anteo, y Sergesto, y al valiente Cloanto, acerc\u00e1ndose, entre una gran multitud, con otros de los troyanos a quienes las negras nubes de tormenta hab\u00edan dispersado sobre el mar y llevado lejos a otras costas. Qued\u00f3 at\u00f3nito, y Acates tambi\u00e9n qued\u00f3 at\u00f3nito con alegr\u00eda y miedo: ard\u00edan en deseo de estrecharse las manos, pero el suceso inesperado confundi\u00f3 sus mentes. Permanecen ocultos y, velados en la densa niebla, observan qu\u00e9 sucede con sus amigos, en qu\u00e9 costa han dejado la flota y por qu\u00e9 est\u00e1n aqu\u00ed: los elegidos de cada nave vinieron pidiendo favor, y se dirigieron al templo entre los gritos.<\/p>\n<h2>LbI:520-560 Ilioneo Pide su Ayuda<\/h2>\n<p>Cuando hubieron entrado, y se les concedi\u00f3 libertad para hablar en persona, Ilioneo, el mayor, comenz\u00f3 serenamente: &#8216;\u00a1Oh reina, a quien J\u00fapiter concede el derecho de fundar una nueva ciudad y refrenar a tribus orgullosas con tu justicia, nosotros, desdichados troyanos, impulsados por los vientos sobre todos los mares, te suplicamos: aleja el terror del fuego de nuestras naves, perdona a una raza virtuosa y mira m\u00e1s amablemente nuestro destino. No hemos venido a saquear hogares libios con la espada, ni a llevar bot\u00edn robado a la orilla: esa violencia no est\u00e1 en nuestra mente, los vencidos no tienen tal orgullo. Hay un lugar llamado Hesperia por los griegos, una tierra antigua, fuerte en hombres, con un suelo rico: All\u00ed vivieron los Enotrios: ahora se rumorea que un pueblo posterior la ha llamado Italia, por su l\u00edder. Hab\u00edamos puesto rumbo all\u00ed cuando el tormentoso Ori\u00f3n, ascendiendo con la marea, nos llev\u00f3 a baj\u00edos ocultos, y vientos feroces nos dispersaron lejos, con el oleaje abrumador, sobre las olas entre rocas inhabitables: unos pocos hemos llegado a la deriva a vuestras costas. \u00bfQu\u00e9 raza de hombres es esta? \u00bfQu\u00e9 tierra es tan b\u00e1rbara como para permitir esta costumbre, que se nos niega la hospitalidad de las arenas? Levantan guerra e impiden que pongamos pie en tierra firme. Si despreci\u00e1is la raza humana y las armas mortales, confiad al menos en que los dioses recuerdan el bien y el mal. Eneas era nuestro rey, nadie m\u00e1s justo que \u00e9l en su deber, o m\u00e1s grande en la guerra y las armas. Si el destino a\u00fan protege al hombre, si a\u00fan disfruta del aire et\u00e9reo, si a\u00fan no descansa entre las sombras crueles, no hay nada que temer, y no os arrepentir\u00edais de competir con \u00e9l primero en bondad. Luego tambi\u00e9n hay ciudades y campos en la regi\u00f3n de Sicilia, y el famoso Acestes, de sangre troyana. Permitidnos varar nuestra flota, da\u00f1ada por las tormentas, y cortar tablones de los \u00e1rboles y dar forma a los remos, para que si nuestro rey es restaurado y nuestros amigos encontrados podamos dirigirnos a Italia, buscar alegremente Italia y el Lacio: y si nuestro salvador se pierde, y los mares libios os retienen, oh padre de Troya, el m\u00e1s piadoso, si ya no queda esperanza de Iulo, busquemos los estrechos de Sicilia, de donde fuimos expulsados, y el hogar preparado para nosotros, y un rey, Acestes.&#8217; As\u00ed habl\u00f3 Ilioneo: y los troyanos gritaron a una sola voz.<\/p>\n<h2>LbI:561-585 Dido Da la Bienvenida a los Troyanos<\/h2>\n<p>Entonces, Dido habl\u00f3 brevemente, con los ojos bajos: &#8216;Troyanos, liberad vuestros corazones del miedo: disipad vuestras preocupaciones. Los acontecimientos duros y la novedad del reino me obligan a llevar a cabo tales cosas y a proteger mis fronteras con guardias por todos lados. \u00bfQui\u00e9n no conoce la raza de Eneas y la ciudad de Troya, la valent\u00eda, los hombres, o un incendio tan grande de guerra, de hecho, los fenicios no poseemos corazones insensibles, el sol no engancha sus caballos tan lejos de esta ciudad tiria. Ya sea que opt\u00e9is por la poderosa Hesperia y los campos de Saturno, o la cima de \u00c9rix y Acestes como rey, os escoltar\u00e9 a salvo y os ayudar\u00e9 con mi riqueza. \u00bfO dese\u00e1is instalaros aqu\u00ed conmigo, como iguales en mi reino? La ciudad que construyo es vuestra: varad vuestras naves: troyanos y tirios ser\u00e1n tratados por m\u00ed sin distinci\u00f3n. \u00a1Deseo que el rey Eneas mismo estuviera aqu\u00ed, impulsado por esa misma tormenta! Ciertamente, enviar\u00e9 hombres de confianza a lo largo de la costa, y les ordenar\u00e9 que recorran toda Libia, en caso de que haya sido arrastrado a tierra y vague por los bosques y las ciudades.&#8217; El valiente Acates, y nuestro antepasado Eneas, con sus esp\u00edritus elevados por estas palabras, ard\u00edan en deseo de liberarse de la niebla. Acates fue el primero en hablar, diciendo a Eneas: &#8216;Hijo de la diosa, \u00bfqu\u00e9 intenci\u00f3n te surge en la mente? Ves que todo est\u00e1 a salvo, la flota y nuestros amigos nos han sido devueltos. Solo falta uno, a quien vimos sumergido en las olas: todo lo dem\u00e1s concuerda con las palabras de tu madre.&#8217;<\/p>\n<h2>LbI:586-612 Eneas se Da a Conocer<\/h2>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/latrespace.com\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/interiorvirgilaeneiddidoandaeneas.webp\" alt=\"Eneas se revela a la Reina Dido en C\u00e1rtago tras salir de la niebla.\" width=\"600\" height=\"453\" \/><em class=\"cap-ai\">Eneas se revela a la Reina Dido en C\u00e1rtago tras salir de la niebla.<\/em><\/p>\n<p>\u2018Dido y Eneas\u2019 &#8211; Nicolas Verkolye (Pa\u00edses Bajos, 1673\u20131746), <em><a href=\"http:\/\/www.getty.edu\/about\/opencontent.html\" title=\"Getty Open Content Program\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Getty Open Content Program<\/a><\/em><\/p>\n<p>Apenas hab\u00eda hablado cuando la niebla que los rodeaba se disip\u00f3 repentinamente y se desvaneci\u00f3 en el aire claro. Eneas permaneci\u00f3 all\u00ed, brillando a la luz del d\u00eda, como un dios en hombros y rostro: ya que su madre misma hab\u00eda impartido a su hijo belleza en el cabello, un resplandor de juventud y un encanto alegre en los ojos: como la gloria que el arte puede dar al marfil, o como cuando la plata, o el m\u00e1rmol de Paros, es rodeado de oro. Luego se dirigi\u00f3 a la reina, de repente, sorprendi\u00e9ndolos a todos, diciendo: &#8216;Estoy aqu\u00ed en persona, Eneas el troyano, a quien busc\u00e1is, salvado de las olas libias. Oh Dido, no est\u00e1 en nuestro poder, ni en el de nuestra raza troyana, dondequiera que se encuentren, dispersos por el ancho mundo, agradecerte lo suficiente, t\u00fa que sola has compadecido las indecibles miserias de Troya, y compartes tu ciudad y hogar con nosotros, el remanente dejado por los griegos, cansados por todas las desgracias, en tierra y mar, y carentes de todo. Que los dioses, y la mente misma consciente de lo correcto, te traigan una recompensa justa, si los dioses respetan a los piadosos, si hay justicia en alguna parte. \u00bfQu\u00e9 edad feliz te dio a luz? \u00bfQu\u00e9 padres produjeron tal hijo? Tu honor, nombre y alabanza perdurar\u00e1n para siempre, cualesquiera tierras me llamen, mientras los r\u00edos corran hacia el mar, mientras las sombras crucen las laderas de las monta\u00f1as, mientras el cielo nutra las estrellas.&#8217; Diciendo esto, toma de la mano derecha a su amigo Ilioneo, a Seresto con la izquierda, luego a otros, al valiente Gyas y al valiente Cloanto.<\/p>\n<h2>LbI:613-656 Dido Recibe a Eneas<\/h2>\n<p>La sidonia Dido se asombr\u00f3 primero del aspecto del h\u00e9roe, luego de sus grandes desgracias, y habl\u00f3, diciendo: &#8216;Hijo de una diosa, \u00bfqu\u00e9 destino te persigue a trav\u00e9s de todos estos peligros? \u00bfQu\u00e9 fuerza te impulsa a estas costas b\u00e1rbaras? \u00bfEres verdaderamente aquel Eneas a quien la amable Venus dio a luz para el troyano Anquises, junto a las aguas del Simois frigio? Ciertamente, yo misma recuerdo a Teucro viniendo a Sid\u00f3n, exiliado de las fronteras de su pa\u00eds, buscando un nuevo reino con la ayuda de Belo: Belo, mi padre, estaba devastando la rica Chipre, y, como vencedor, la pose\u00eda por su autoridad. Desde entonces me es conocida la ca\u00edda de la ciudad troyana, y tu nombre, y los de los reyes griegos. Incluso su enemigo concedi\u00f3 altos elogios a los teucros, afirmando que hab\u00edan nacido de la antigua estirpe teucra. As\u00ed que venid, j\u00f3venes se\u00f1ores, y entrad en nuestro palacio. La Fortuna, persigui\u00e9ndome a m\u00ed tambi\u00e9n, a trav\u00e9s de muchos problemas similares, quiso que por fin encontrara la paz en esta tierra. Al no ser desconocida del mal, he aprendido a ayudar a los infelices.&#8217; As\u00ed habla, y conduce a Eneas a la casa real, y anuncia, adem\u00e1s, ofrendas en los templos de los dioses. Env\u00eda no menos de veinte toros a sus amigos en la orilla, y cien de sus cerdos m\u00e1s grandes con lomos erizados, cien corderos gordos con las ovejas, y alegres regalos de vino, pero el interior del palacio est\u00e1 dispuesto con lujo real, y preparan un fest\u00edn en el centro del palacio: cubiertas trabajadas h\u00e1bilmente en p\u00farpura principesca, masiva vajilla de plata en las mesas, y las heroicas haza\u00f1as de sus antepasados grabadas en oro, una larga serie de haza\u00f1as trazadas a trav\u00e9s de muchos h\u00e9roes, desde los antiguos or\u00edgenes de su pueblo. Eneas env\u00eda r\u00e1pidamente a Acates a las naves para llevar la noticia a Ascanio (ya que el amor de un padre no deja descansar su mente) y traerlo a la ciudad: en Ascanio est\u00e1 fijado todo el cuidado de un padre cari\u00f1oso. Le ordena traer tambi\u00e9n regalos, arrebatados de las ruinas de Troya, una t\u00fanica labrada r\u00edgida de oro, y una capa con flecos de acanto amarillo, usada por Helena de Argos, tra\u00edda de Micenas cuando naveg\u00f3 a Troya y su matrimonio il\u00edcito, un maravilloso regalo de su madre Leda: y el cetro que Ilione, la hija mayor de Pr\u00edamo, llev\u00f3 una vez, y un collar de perlas, y una doble corona de joyas y oro. Acates, apresur\u00e1ndose a cumplir estas \u00f3rdenes, tom\u00f3 su camino hacia las naves.<\/p>\n<h2>LbI:657-694 Cupido se Hace Pasar por Ascanio<\/h2>\n<p>Pero Venus planeaba nuevas astucias y estratagemas en su coraz\u00f3n: c\u00f3mo Cupido, cambiado en aspecto, podr\u00eda llegar en lugar del dulce Ascanio, y despertar a la apasionada reina con sus regalos, y entrelazar el fuego en sus huesos: verdaderamente teme la falta de fiabilidad de esta casa y a los tirios enga\u00f1osos: la inflexible Juno la enoja, y sus preocupaciones aumentan al caer la noche. As\u00ed habla estas palabras al alado Cupido: &#8216;Hijo m\u00edo, t\u00fa que solo eres mi gran fuerza, mi poder, un hijo que desprecia los poderosos rayos tifoideos de J\u00fapiter, pido tu ayuda e invoco humildemente tu voluntad divina. Es conocido por ti c\u00f3mo Eneas, tu hermano, es impulsado sobre el mar, alrededor de todas las costas, por el odio de la amarga Juno, y a menudo te has afligido con mi aflicci\u00f3n. La fenicia Dido lo retiene all\u00ed, demor\u00e1ndolo con halagos, y temo lo que pueda resultar de la hospitalidad de Juno: en un momento tan cr\u00edtico de acontecimientos, ella no estar\u00e1 ociosa. As\u00ed que tengo la intenci\u00f3n de enga\u00f1ar a la reina con astucia y rodearla de pasi\u00f3n, para que ninguna voluntad divina pueda rescatarla, sino que sea presa, conmigo, de un profundo amor por Eneas. Ahora escucha mis pensamientos sobre c\u00f3mo puedes lograr esto. Convocado por su querido padre, el ni\u00f1o real, mi mayor preocupaci\u00f3n, se prepara para ir a la ciudad sidonia, llevando regalos que sobrevivieron al mar y a las llamas de Troya. Lo dormir\u00e9 y lo esconder\u00e9 en mi sagrado santuario en las alturas de Citera o Idalio, para que no pueda saber nada de mis enga\u00f1os ni interrumpirlos a mitad de camino. Por no m\u00e1s de una sola noche imita su aspecto con arte, y, siendo t\u00fa mismo un ni\u00f1o, adopta el rostro conocido de un ni\u00f1o, para que cuando Dido te tome en su pecho, alegremente, durante el banquete real, y el vino que fluye, cuando te abrace y te plante dulces besos, le respires fuego oculto, la enga\u00f1es con tu veneno.&#8217; Cupido obedece las palabras de su querida madre, deja a un lado sus alas y, riendo, camina con el paso de Iulo. Pero Venus derrama un dulce sue\u00f1o sobre los miembros de Ascanio, y calent\u00e1ndolo en su pecho, lo lleva, con poder divino, a los altos bosques de Idalia, donde la suave mejorana lo cubre de flores y el aliento de su dulce sombra.<\/p>\n<h2>LbI:695-722 Cupido Enga\u00f1a a Dido<\/h2>\n<p>Ahora, obediente a sus \u00f3rdenes, deleit\u00e1ndose con Acates como gu\u00eda, Cupido parte llevando regalos reales para los tirios. Cuando llega, la reina ya se ha instalado en el centro, en su lecho de oro bajo doseles reales. Ahora nuestro antepasado Eneas y la juventud de Troya se re\u00fanen all\u00ed y se reclinan sobre telas de p\u00farpura. Los sirvientes vierten agua sobre sus manos, sirven pan de cestas y traen servilletas de tela suave. Dentro hay cincuenta sirvientas, en una larga fila, cuya tarea es preparar la comida y atender los fuegos del hogar: cien m\u00e1s, y otros tantos pajes de igual edad, para cargar las mesas con comida y llenar las copas. Y los tirios tambi\u00e9n se re\u00fanen en multitudes por las salas festivas, convocados a reclinarse en los divanes bordados. Se maravillan de los regalos de Eneas, se maravillan de Iulo, la brillante apariencia del dios y sus palabras enga\u00f1osas, de la t\u00fanica y la capa bordada con acanto amarillo. La desdichada fenicia, sobre todo, condenada a la ruina futura, no puede pacificar sus sentimientos, y se enciende al mirar, agitada igualmente por el ni\u00f1o y por los regalos. \u00c9l, habi\u00e9ndose aferrado en un abrazo al cuello de Eneas, y saciado el gran amor del padre enga\u00f1ado, busca a la reina. Dido, se aferra a \u00e9l con los ojos y con el coraz\u00f3n, tom\u00e1ndolo de vez en cuando en su regazo, inconsciente de cu\u00e1n grande dios est\u00e1 entrando en ella, para su dolor. Pero \u00e9l, recordando los deseos de su madre chipriota, comienza gradualmente a borrar todo pensamiento de Siqueo, y trabaja para seducir su mente, tan tiempo inactiva, y su coraz\u00f3n no acostumbrado al amor, con viva pasi\u00f3n.<\/p>\n<h2>LbI:723-756 Dido Pide el Relato de Eneas<\/h2>\n<p>En la primera pausa del fest\u00edn, se retiraron las mesas y se colocaron vastas copas, y se coron\u00f3 el vino con guirnaldas. El ruido llen\u00f3 el palacio, y las voces resonaron por las amplias salas: l\u00e1mparas brillantes colgaban de los techos dorados, y velas encendidas disipaban la noche. Entonces la reina pidi\u00f3 una copa, pesada de oro y joyas, que Belo y toda la estirpe de Belo estaban acostumbrados a usar, y la llen\u00f3 de vino. Luego las salas quedaron en silencio. Ella habl\u00f3: &#8216;J\u00fapiter, ya que dicen que t\u00fa eres quien crea las leyes de la hospitalidad, que este sea un d\u00eda feliz para los tirios y para los de Troya, y que sea recordado por nuestros hijos. Que Baco, el que trae alegr\u00eda, y la amable Juno est\u00e9n presentes, y vosotros, \u00a1oh fenicios, haced festiva esta reuni\u00f3n!&#8217; Habl\u00f3 y derram\u00f3 una ofrenda de vino sobre la mesa, y despu\u00e9s de la libaci\u00f3n fue la primera en llevar la copa a sus labios, luego se la dio a Bitias, desafi\u00e1ndolo: \u00e9l vaci\u00f3 r\u00e1pidamente la copa rebosante, empap\u00e1ndose en su plenitud dorada, luego bebieron otros pr\u00edncipes. \u00cdolas, el de largos cabellos, hizo resonar su lira dorada, \u00e9l a quien el gran Atlas ense\u00f1\u00f3. Cant\u00f3 sobre la luna errante y los trabajos del sol, de d\u00f3nde ven\u00edan los hombres y las bestias, y la lluvia y el fuego, de Arturo, las lluviosas H\u00edades, las dos Osas: por qu\u00e9 los soles invernales se apresuran a sumergirse en el mar, y qu\u00e9 demora hace que las noches lentas se prolonguen. Los tirios redoblaron sus aplausos, los troyanos tambi\u00e9n. Y la desdichada Dido, ella tambi\u00e9n pas\u00f3 la noche conversando, y bebi\u00f3 profundamente de su pasi\u00f3n, preguntando sin cesar sobre Pr\u00edamo y H\u00e9ctor: ahora sobre la armadura con la que Memn\u00f3n, hijo de la Aurora, vino a Troya, c\u00f3mo eran los caballos de Diomedes, cu\u00e1n grande era Aquiles. &#8216;Pero ven, hu\u00e9sped m\u00edo, cu\u00e9ntanos desde el principio todo el enga\u00f1o griego, las desgracias de tus hombres y tus andanzas: ya que este es el s\u00e9ptimo verano que te trae aqu\u00ed, en tu viaje, por toda tierra y mar.&#8217;<\/p>\n<p>El Libro I de la Eneida sirve como un poderoso pr\u00f3logo, presentando al h\u00e9roe \u00e9pico, sus adversarios divinos y las monumentales apuestas de su viaje. A trav\u00e9s de v\u00edvidas descripciones de tormentas y luchas, equilibradas con momentos de intervenci\u00f3n divina y conexi\u00f3n humana naciente en C\u00e1rtago, Virgilio establece los temas centrales del destino, la piedad y los sacrificios necesarios para construir un futuro a partir de las cenizas del pasado. El libro sienta magistralmente las bases para las pruebas y triunfos que esperan a Eneas, dejando al lector ansioso por seguir su destino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Eneida de Virgilio se erige como un poema \u00e9pico fundamental en la literatura occidental, que narra el viaje de &#8230; <a title=\"Eneida de Virgilio: Libro 1 Traducido\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/latrespace.com\/es\/eneida-de-virgilio-libro-1-traducido\/\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Eneida de Virgilio: Libro 1 Traducido\"> <\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7957,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[47],"tags":[],"class_list":["post-13394","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-poemas","generate-columns","tablet-grid-50","mobile-grid-100","grid-parent","grid-25"],"lang":"es","translations":{"es":13394,"en":7956,"fr":12525,"de":15037},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13394","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13394"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13394\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7957"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13394"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13394"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latrespace.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13394"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}