Descifrando el Símil Miltoniano: Una Mirada al Paraíso Perdido

El símil épico en El Paraíso Perdido de John Milton se distingue de cualquier otro poema épico. Es esencial para comprender las complejidades del poema, ofreciendo un modo de visión único que trasciende los límites lineales de la narrativa. Si bien su importancia es universalmente reconocida, la interpretación de estos símiles “miltonianos” sigue siendo fuente de debate crítico. Este artículo profundiza en las complejidades del símil miltoniano, explorando sus características distintivas y examinando su función dentro del gran tapiz de El Paraíso Perdido.

El Observador Ab Extra: Una Característica Distintiva

Un rasgo definitorio del símil miltoniano es la presencia de un elemento que existe fuera del marco de la comparación. Este elemento, a menudo un observador, se encuentra ab extra —desde afuera— mirando hacia adentro y aparentemente juzgando la acción. Tan solo el Libro Uno ofrece varios ejemplos de este “símil del observador”: el piloto de un pequeño esquife observando al Leviatán (comparado con Satanás), el artista toscano (Galileo) observando la luna (comparada con el escudo de Satanás) y los israelitas observando a los egipcios ahogados (comparados con los ángeles caídos). Estos observadores introducen una capa de interpretación y juicio moral, complicando el acto aparentemente simple de la comparación.

El Escudo de Satanás y la Luna: Una Mirada Más Cercana

El símil que compara el escudo de Satanás con la luna ilustra esta complejidad. La comparación superficial enfatiza el tamaño del escudo, comparándolo con el orbe lunar. Sin embargo, la introducción de Galileo, el artista toscano que ve la luna a través de su telescopio, añade una nueva dimensión. Este factor “X”, como lo llaman algunos críticos, interrumpe la simple estructura A=A’ del símil, obligando al lector a buscar su análogo dentro del marco más amplio del poema.

La presencia de Galileo evoca la idea de perspectiva. Así como Galileo usa un telescopio para discernir imperfecciones en la superficie lunar, el lector también debe esforzarse por obtener una perspectiva adecuada sobre Satanás. El escudo aparentemente perfecto y etéreo, como la luna, revela fallas al examinarlo más de cerca. La ubicación estratégica de Milton de esta observación al anochecer enfatiza aún más esta indefinición. La difuminación del día y la noche refleja la difuminación de las categorías morales, desafiando los juicios fáciles del bien y el mal.

El Desarrollo Temporal del Significado

Stanley Fish ofrece otra perspectiva sobre el símil miltoniano, centrándose en su desarrollo temporal. Argumenta que el significado del símil emerge gradualmente, obligando al lector a reajustar continuamente su comprensión. El símil que compara la lanza de Satanás con el mástil de un barco ejemplifica esto. El lector inicialmente visualiza una lanza enorme, solo para ser presentado con la imagen de una varita que sostiene “pasos inseguros”, y finalmente se da cuenta de que el tamaño de la lanza es incomprensible.

Este proceso, argumenta Fish, destaca las limitaciones del entendimiento humano, especialmente cuando se enfrenta a verdades eternas. Se expone la “caída” del lector, enfatizando la brecha entre la percepción humana y el conocimiento divino.

La Contratrama: Una Narrativa Subterránea

Geoffrey Hartman propone otra interpretación, centrándose en la dimensión espacial del símil. Identifica una “contratrama” incrustada en muchos símiles, una narrativa oculta que a menudo funciona en contra de la comparación superficial. En el símil de las hojas caídas, comparadas con los ángeles caídos, la contratrama describe la destrucción de los egipcios, una figura asociada con Satanás, por el dios del viento Orión, también inicialmente vinculado a Satanás. Este elemento autodestructivo, argumenta Hartman, refuerza sutilmente el funcionamiento de la providencia divina incluso en medio de la rebelión de Satanás.

Más Allá de la Certeza Teológica: El Poder de la Ambigüedad

Si bien tanto Fish como Hartman ofrecen interpretaciones convincentes, el símil miltoniano a menudo se resiste a las lecturas teológicas definitivas. La belleza de los versos de Vallombrosa, que describen las hojas caídas aún aferradas a los árboles en un entorno similar a un cenador, introduce un elemento de patetismo que complica la condena directa de los ángeles caídos.

Esta estetización de la Caída, la belleza que se encuentra en una perspectiva caída, desafía los rígidos binarios del bien y el mal. Los símiles, en lugar de reforzar las certezas teológicas, a menudo abren espacios de ambigüedad y duda.

El Campesino Tardío y la Luna Ambigua

El símil del campesino tardío que presencia (o sueña que presencia) la danza de los duendes subraya aún más esta ambigüedad. La luna, figurando como “Árbitro”, aparentemente representa la providencia divina. Sin embargo, dada su asociación previa con el escudo de Satanás y su naturaleza imperfecta revelada por Galileo, su papel como garante de la justicia se vuelve incierto.

El Símil Miltoniano: Un Desafío Continuo

En última instancia, los símiles miltonianos se resisten a una categorización fácil. Desafían al lector a lidiar con las complejidades de la perspectiva, los límites del entendimiento humano y la naturaleza ambigua del bien y el mal. No son meramente elementos decorativos, sino que son parte integral de la intrincada exploración del poema de cuestiones teológicas y filosóficas, que continúan fascinando y provocando a los lectores siglos después.