El Amor Intenso de Dios: Un Abrazo Infinito

La intensidad del amor a menudo se revela en momentos de vulnerabilidad. Hace algunos años, mi hija, corredora como yo, llegó a su límite durante una carrera a campo traviesa. La observaba, siguiendo su progreso, su respiración, su zancada. Presencié su lucha, su determinación por lograr un récord personal. Luego, en el kilómetro tres, colapsó.

Al escuchar la noticia de un amigo, corrí hacia ella. Estaba allí tendida, deshidratada, exhausta, agotada. Todo lo que pude hacer fue abrazarla, acunarla en mis brazos hasta que llegaron los paramédicos. Se recuperó rápidamente, pero la imagen de su vulnerabilidad y el profundo amor que sentí en ese momento, permanece grabada en mi memoria.

Esta experiencia me trajo a la mente la parábola del hijo pródigo en Lucas 15. El hijo, después de haber malgastado su herencia, regresa a casa esperando poco más que un puesto de siervo. Sin embargo, su padre lo ve “cuando aún estaba lejos”, y lleno de compasión, corre a abrazarlo.

Esto, creo, refleja el intenso amor de Dios. Cuando estamos abatidos, exhaustos, destrozados por el fracaso, agobiados por el pecado o simplemente abrumados por el mundo, Él no espera a que seamos perfectos. Él ve nuestra lucha, nuestra necesidad y corre hacia nosotros con los brazos abiertos.

Esta imagen de un Dios amoroso se refleja en Nehemías 4:14: “Acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y vuestras hijas, por vuestras mujeres y vuestras casas”. Nehemías entendió que la batalla no se trataba solo de reconstruir muros, sino de luchar por el futuro de las familias y la fe. Como Nehemías, nosotros también enfrentamos batallas en nuestras vidas: por nuestras familias, nuestros ministerios, nuestras causas. Y como el pueblo de Nehemías, no luchamos solos. Dios nos ve, nos fortalece y nos ofrece su apoyo inquebrantable.

En nuestros propios esfuerzos, ya sea liderando un ministerio, dirigiendo una organización sin fines de lucro o simplemente buscando apoyo, a menudo nos esforzamos al límite. Nos esforzamos por satisfacer las necesidades que tenemos ante nosotros, a veces hasta el punto del agotamiento. Pero en esos momentos, es crucial recordar que Dios ve nuestros esfuerzos, nuestra dedicación y nuestras luchas. Él corre hacia nosotros, listo para ofrecernos consuelo y fortaleza cuando flaqueamos.

Financiar ministerios, como muchos actos de servicio, requiere fe. Compartimos nuestra visión, confiando en que Dios proveerá. Y cuando nos sentimos agotados, debemos permitirnos descansar en Su presencia, confiando en Su amor y provisión inquebrantables.

Ese día en la carrera, anhelaba absorber el dolor de mi hija. Aunque era imposible, podía estar presente. Podía correr hacia ella. Podía abrazarla. Fue un profundo regalo ofrecerle consuelo en su momento de debilidad.

Esto, creo, es un vistazo al corazón del intenso amor de Dios por nosotros. Dondequiera que estés hoy, corriendo fuerte, superando el agotamiento o sintiéndote completamente agotado, debes saber que Dios te ve, te ama intensamente y corre hacia ti con los brazos abiertos.