Gayo Valerio Catulo, un poeta romano que escribió en la época turbulenta de la República tardía, dejó tras de sí una colección de versos que sigue resonando con sorprendente inmediatez. Sus poemas, crudos, apasionados, satíricos y profundamente personales, ofrecen una ventana única a la vida, los amores y el mundo social de la Roma del siglo I a. C. Para los lectores modernos, acceder a esta voz vibrante a menudo depende de la calidad y accesibilidad de la traducción de poemas de Catulo. La traducción no es meramente una transferencia de palabras; es un acto de tender puentes entre culturas y siglos, intentando capturar el ingenio, el metro y la emoción abrasadora del latín original.
Contents
- Gayo Valerio Catulo: Vida, Amores y el Paisaje Literario
- El Arte de la Traducción: Dando Vida al Latín Antiguo
- Explorando los Poemas Traducidos de Catulo
- Poema 1: La Dedicatoria
- Poema 2: Lágrimas por el Gorrión de Lesbia
- Poema 2b: Atalanta
- Poema 3: La Muerte del Gorrión de Lesbia
- Poema 4: Su Barca
- Poema 5: Vivamos y Amemos: a Lesbia
- Poema 6: La Chica de Flavio: a Flavio
- Poema 7: Cuántos Besos: a Lesbia
- Poema 8: Consejo: a sí mismo
- Poema 9: De vuelta de España: a Veranio
- Poema 10: Verdades caseras para la chica de Varo: a Varo
- Poema 11: Palabras contra Lesbia: a Furio y Aurelio
- Poema 12: ¡Deja de Robar las Servilletas!: a Asinio Marrucino
- Poema 13: Invitación: a Fábulos
- Poema 14: ¡Qué Libro!: a Calvo el Poeta
- Poema 15: Una Advertencia: a Aurelio
- Poema 16: Una Reprimenda: a Aurelio y Furio
- Poema 17: El Pueblo de Cologna Veneta
- Poema 21: Codicioso: A Aurelio.
- Poema 22: Los que Viven en Casas de Cristal: a Varo
- Poema 23: Pobreza: a Furio
- Poema 24: La Pobreza de Furio: a Iuventius
- Poema 25: Mis Cosas de Vuelta, Por Favor: a Talo
- Poema 26: La Hipoteca: a Furio
- Poema 27: Vino Falerno
- Poema 28: Clientelismo: a Veranio y Fábulos
- Poema 29: Catamita
- Poema 30: Infidelidad: a Alfenio
- Poema 31: Sirmio
- Poema 32: Siesta: a Ipsitila
- Poema 33: Una Sugerencia: a Vibenio
- Poema 34: Canto: a Diana
- Poema 35: Cibeles: a Cecilio
- Poema 36: Ofrenda Quemada: a los Excrementos de Volusio
- Poema 37: A Rienda Suelta: a los Habituales y Egnacio
- Poema 38: Una Palabra, Por Favor: a Cornificio
- Poema 39: ¡Tus Dientes!: a Egnacio
- Poema 40: ¿Quieres Fama?: a Rávido
- Poema 41: Una Demanda Irrazonable: a Ameana
- Poema 42: Las Tablillas de Escritura: a los Endecasílabos
- Poema 43: Sin Comparación: a Ameana
- Poema 44: Su Hacienda
- Poema 45: Una Pastoral: a Septimio
- Poema 46: Despedida Primaveral
- Poema 47: Favoritismo: a Porcio y Socratión
- Poema 48: Pasión: a Iuventius
- Poema 49: Un Cumplido: a Marco Tulio Cicerón
- Poema 50: Ayer: a Licinio Calvo
- Poema 51: Una Imitación de Safo: a Lesbia
- Poema 52: Injusticia: sobre Nonio
- Poema 53: Risa en la Corte: a Gayo Licinio Calvo
- Poema 54: ¡Oh César!: sobre la cabeza de Otón
- Poema 55: ¿Dónde Estás?: a Camerius
- Poema 56: Trío: a Catón
- Poema 57: ¡Vosotros Dos!: a Gayo Julio César
- Poema 58: Lamento por Lesbia: a Marco Celio Rufo
- Poema 59: Las Sobras: sobre Rrufa
- Poema 60: Leona
- Poema 61: Epitalamio: para Vinia y Manlio
- Poema 62: Canto Nupcial
- Poema 63: De Berecintia y Atis
- Poema 64: De los Argonautas y un Epitalamio para Peleo y Tetis
- Poema 65: La Promesa: a Hortalo
- Poema 66: El Mechón de Pelo: Berenice
- Poema 67: Sobre la Puerta Adúltera de Alguien
- Poema 68: Amistad: a Manlio
- Poema 68b: Conmemoración: a Alio
- Poema 69: Oloroso: a Rufo
- Poema 70: Fidelidad de Mujer
- Poema 71: Venganza
- Poema 72: Familiaridad: a Lesbia
- Poema 73: Amigo Fallido
- Poema 74: Seguridad: a Gelio
- Poema 75: Encadenado: a Lesbia
- Poema 76: Amabilidad Pasada: a los Dioses
- Poema 77: Traidor: a Rufo
- Poema 78: El Pander: a Galo
- Poema 78b: Inmortalidad
- Poema 79: No Tan Justo: a Lesbio
- Poema 80: Regalo: a Gelio
- Poema 81: Gusto Extraño: a Iuventius
- Poema 82: Deuda Ocular: a Quinto
- Poema 83: El Marido: a Lesbia
- Poema 84: Naturalmente: a Méntula
- Poema 85: Amor-Odio
- Poema 86: Verdadera Belleza: a Lesbia
- Poema 87: Incomparable: a Lesbia
- Poema 88: Incesto en la Familia: a Gelio
- Poema 89: Delgadez: a Gelio
- Poema 90: ¡Demasiado!: a Gelio
- Poema 91: Mi Error: a Gelio
- Poema 92: Señal de Amor: a Lesbia
- Poema 93: Indiferencia: a Gayo Julio César
- Poema 94: Naturalmente: a Méntula
- Poema 95: Esmirna: a Gayo Helvio Cinna
- Poema 96: Más Allá de la Tumba: a Gayo Licinio Calvo
- Poema 97: Asqueroso: a Emilio
- Poema 98: Bien Armado: a Vicio
- Poema 99: Besos Robados: a Iuventius
- Poema 100: Una Elección: a Marco Celio
- Poema 101: Ave Atque Vale: Una Ofrenda a los Muertos
- Poema 102: Secreto: a Cornelio
- Poema 103: Elige: a Silón
- Poema 104: Monstruoso
- Poema 105: No Poeta: a Méntula
- Poema 106: Es Obvio
- Poema 107: De Vuelta: a Lesbia
- Poema 108: Querido Cominio
- Poema 109: Una Oración: a Lesbia
- Poema 110: Sin Engaño: a Aufilena
- Poema 111: Preferible: a Aufilena
- Poema 112: A Nasón
- Poema 113: Fructífero: a Gayo Helvio Cinna
- Poema 114: Espejismo: a Méntula
- Poema 115: Amenaza: a Méntula
- Poema 116: La Última Palabra: a Gelio
- La Voz Perdurable de Catulo
- Referencias
Este artículo se adentra en el mundo de Catulo, explorando sus diversos temas y su atractivo perdurable a través del prisma de la traducción. Examinaremos sus célebres poemas, desde el infame ciclo de Lesbia hasta las invectivas mordaces y las elegías conmovedoras, apreciando cómo una traducción hábil permite que estos versos antiguos florezcan de nuevo.
Gayo Valerio Catulo: Vida, Amores y el Paisaje Literario
Nacido en Verona alrededor del 84 a. C., Catulo llegó a Roma durante un período de significativa agitación política y cambio social. A diferencia de los grandes poetas épicos de épocas anteriores, Catulo se centró en el énfasis del movimiento novi poetae (poetas nuevos) en la experiencia personal, el verso pulido y los modelos griegos (particularmente los poetas helenísticos como Calímaco). Su obra se caracteriza por su sorprendente franqueza, intensidad emocional y brillantez técnica en diversos metros.
Su tema más famoso es la enigmática Lesbia, que se cree fue Clodia, la esposa de Quinto Cecilio Metelo Céler. El ciclo de Lesbia traza la volátil trayectoria de su romance, desde el amor extático hasta la amarga desilusión. Pero la poesía de Catulo abarca mucho más, dirigiéndose a amigos (como Calvo, Cinna y Veranio), arremetiendo contra enemigos (Mamurra, César, Gelio), llorando pérdidas (su hermano) y celebrando los rituales de la vida (bodas). Su habilidad para capturar los momentos fugaces de la emoción humana, junto con un agudo comentario social y obscenidad, lo convierte en una de las figuras más cautivadoras y cercanas de la antigüedad.
El Arte de la Traducción: Dando Vida al Latín Antiguo
Traducir a Catulo presenta un conjunto único de desafíos. La lengua latina, con su orden de palabras flexible y ricas inflexiones, difiere enormemente del español. Catulo empleó una variedad de metros, que los traductores deben decidir si replicar, adaptar o abandonar por verso libre. Además, sus poemas contienen numerosas alusiones a la vida romana contemporánea, la mitología y personas específicas, lo que requiere notas explicativas para los lectores modernos. El notorio uso del lenguaje explícito y la invectiva aguda por parte del poeta también obliga a los traductores a enfrentar cuestiones de tono y fidelidad.
Una traducción de poemas de Catulo exitosa captura no solo el significado literal, sino también el espíritu, la energía y el peso emocional del original. Busca hacer que la voz antigua sea escuchada y sentida por una nueva audiencia. La traducción de A. S. Kline, presentada en el texto original, es uno de esos intentos de hacer que Catulo sea accesible, presentando los poemas en un inglés claro y moderno.
Para explorar más variedades de verso más allá de Catulo, puede que le interesen algunos de los mejores poemas cortos jamás escritos de diversas épocas y culturas.
Explorando los Poemas Traducidos de Catulo
La colección presentada aquí ofrece un viaje a través de las obras más famosas y características de Catulo. Numerados según la convención, estos poemas revelan la amplitud de sus intereses poéticos y su rango emocional.
Poema 1: La Dedicatoria
Comentario: Catulo dedica su “pequeño libro fresco” a Cornelio Nepote, reconociendo el trabajo erudito de su amigo y esperando que sus propias “bagatelas” (versos ligeros) perduren. Este poema establece un tono de modesta ambición contrastado con la calidad perdurable de su verso.
¿A quién envío este pequeño libro fresco de ingenio, recién pulido con piedra pómez seca? A ti, Cornelio: ya que acostumbraste a considerar mis bagatelas dignas de algo incluso entonces, cuando tú solo de los italianos osaste explicar todas las edades, en tres obras eruditas, ¡por Júpiter!, y con el mayor trabajo. Entonces toma este pequeño libro para ti: sea lo que sea, y valga lo que valga: Musa virgen, patrona, que perdure, por más de una vida.
Autor romano dedicando un libro
Poema 2: Lágrimas por el Gorrión de Lesbia
Comentario: Un retrato afectuoso de Lesbia jugando con su gorrión mascota. El poema captura un momento de ternura e insinúa la intensidad de los sentimientos del hablante por Lesbia, contrastando su interacción juguetona con el pájaro con su propia “fuerte pasión”.
Gorrión, el deleite de mi dulce chica, con quien juega, a quien sostiene en su pecho, a quien, codiciosa, da su pequeño dedo, provocándote a menudo a un mordisco agudo, siempre que mi brillante deseo anhela jugar con algo que ama, supongo, mientras la fuerte pasión disminuye, podría ser un pequeño alivio de su dolor: ¡ojalá pudiera jugar contigo como ella y aliviar las preocupaciones de una mente triste!
Poema 2b: Atalanta
Comentario: Un poema corto y elíptico que hace referencia al mito de Atalanta y las manzanas de oro. A menudo se interpreta como una imagen breve y sugerente de deseo y rendición, quizás un fragmento o una pieza complementaria.
Es tan placentero para mí como, dicen, lo fue aquella manzana de oro para la veloz doncella, que desató su cinto, atado demasiado tiempo.
Poema 3: La Muerte del Gorrión de Lesbia
Comentario: Un famoso lamento por la muerte del gorrión de Lesbia, que contrasta la presencia familiar del pájaro con su descenso al inframundo. El tono es lúgubre y exagerado, destacando la profundidad del dolor de Lesbia (y del hablante), y personificando al pájaro como un compañero querido. Este dolor hiperbólico subraya la devoción del hablante a Lesbia.
Llorad, oh Amores y Cupidos y cuantos amáis la belleza: el gorrión de mi chica ha muerto, gorrión, el deleite de la chica, a quien amaba más que a sus ojos. Pues era dulce como la miel, y la conocía tan bien como la chica a su propia madre, nunca se movía de su regazo, sino que, saltando aquí y allá, piaba solo a su dueña. Ahora desciende por el camino sombrío del cual dicen que nadie regresa. Ahora sea vuestro mal, sombras malvadas de Orco, que devoráis todo lo hermoso: me habéis robado al encantador gorrión. ¡Oh acto malvado! ¡Oh pobre gorrioncillo! Ahora, por vuestro empeño, los ojos de mi chica están hinchados y rojos de tanto llorar.
Poema 4: Su Barca
Comentario: Este poema, aparentemente sobre una barca, se transforma en una metáfora de la vida o las experiencias del hablante. La barca relata su historia, desde ser madera en una montaña hasta navegar mares traicioneros, finalmente descansando a salvo. Reflexiona sobre viajes, velocidad y el eventual envejecimiento tranquilo.
Esta barca que veis, amigos, os dirá que fue la más veloz de las naves, sin par en velocidad para cualquier embarcación a flote, impulsada por vela o por el trabajo de los remos. La amenazante costa adriática no lo negará, ni las islas de las Cícladas, ni la noble Rodas, ni el temible Bósforo, ni la sombría bahía del Mar Negro donde, antes de ser barca, fue madera frondosa: pues en las alturas del Cítoro silbaba a menudo entre las hojas susurrantes. La barca dice que estas cosas os eran bien conocidas, y lo son, Amastris y Cítoro vestido de boj: dice que desde el principio estuvo en vuestra ladera, que sumergió sus remos en vuestra agua, y llevó a su dueño desde allí sobre tantas olas obstinadas, ya soplara el viento de estribor o de babor, o si Júpiter golpeaba las velas de un lado y del otro, juntos: y no se ofrecieron oraciones a los dioses de la costa por ella, cuando vino de un mar extranjero hasta aquí, hasta este lago límpido. Pero eso pasó: ahora, escondida aquí, envejece tranquilamente y se ofrece a vosotros, Cástor y su hermano, Gemelos celestiales.
Pintura de figuras mitológicas
Poema 5: Vivamos y Amemos: a Lesbia
Comentario: Quizás el más famoso de los poemas de Catulo, “Vivamus, mea Lesbia, atque amemus” (Vivamos, Lesbia mía, y amemos) es una súplica apasionada por abrazar el amor frente a la desaprobación social y la brevedad de la vida. El enfoque en innumerables besos se convierte en una forma de desafiar la convención y medir la intensidad inmensurable de su amor. Este es un poema romántico por excelencia.
Vivamos, Lesbia mía, amemos, y que todas las palabras de los viejos, tan morales, nos valgan menos que nada. Los soles pueden ponerse, y los soles pueden volver a salir: pero cuando nuestra breve luz se haya puesto, la noche es un sueño largo y eterno. Dame mil besos, cien más, otros mil, y otros cien, y, cuando hayamos contado los muchos miles, confúndelos para no saberlos todos, para que ningún enemigo pueda echar un mal de ojo, sabiendo que hubo tantos besos.
Poema 6: La Chica de Flavio: a Flavio
Comentario: Un poema juguetón y sugerente dirigido a un amigo, Flavio, quien claramente está involucrado en un romance apasionado y secreto. Catulo describe humorísticamente los signos reveladores de las actividades nocturnas de Flavio, instándolo a confesar para que Catulo pueda inmortalizar su amor en verso.
Flavio, a menos que tus deleites fueran insípidos y poco elegantes, querrías contarlo, y no podrías callar. Seguro que estás enamorado de alguna putilla febril: te avergüenza confesarlo. Ahora, inútilmente silencioso, no pareces estar ocioso por las noches, lo proclama tu cama enguirnaldada, fragante con perfume sirio, cojines y almohadas aplastados, aquí y allá, y el armazón tembloroso sacudido, vibrando y moviéndose. Pero callar no te sirve de nada. ¿Por qué? Las piernas abiertas lo delatan, si no del todo la tontería que cometes. Cómo y lo que sea que tengas, bueno o malo, dínoslo. Quiero nombrarte a ti y a tus amores hasta el cielo en versos encantadores.
Poema 7: Cuántos Besos: a Lesbia
Comentario: Una continuación del Poema 5, Lesbia pregunta cuántos besos serían “suficientes”. Catulo responde con comparaciones extravagantes: granos de arena en Libia, estrellas en el cielo nocturno, sugiriendo que su deseo es inmensurable y más allá de la cuenta humana, protegiéndolos de ojos envidiosos.
Lesbia, preguntas cuántos besos tuyos serían suficientes y más para satisfacerme. Tantos como los granos de arena libia que yacen entre el oráculo del ardiente Júpiter, en Amón, en Cirene productora de resina, y la tumba sagrada del viejo Batiada: o tantas como las estrellas, cuando la noche está quieta, contemplando los deseos humanos secretos: tantos de tus besos dados son suficientes, y más, para el loco Catulo, como no pueden ser contados por espías ni una lengua malvada hechizarnos.
Poema 8: Consejo: a sí mismo
Comentario: Un monólogo interno conmovedor, quizás la representación más famosa de su lucha por superar su devastador amor por Lesbia. Catulo lidia con el dolor del rechazo, instándose a sí mismo a ser fuerte y seguir adelante, mientras simultáneamente imagina el futuro arrepentimiento y la soledad de Lesbia.
Triste Catulo, deja de hacer el tonto, y que lo que sabes que te lleva a la ruina, termine. Una vez, días brillantes te resplandecieron, cuando venías a menudo atraído a la chica amada como ninguna otra será amada por ti. Entonces hubo muchos placeres con ella, que deseaste, y la chica no renuente, verdaderamente días brillantes te resplandecieron. Y ahora ella ya no te quiere: y tú, hombre débil, sé renuente a perseguir lo que huye, o vivir en la miseria: sé fuerte de mente, mantente firme. Adiós, chica, ahora Catulo está firme, no te busca, no preguntará renuentemente. Pero te lamentarás, cuando nadie pregunte. ¡Ay de ti, chica malvada, qué vida te queda? ¿Quién se someterá a ti ahora? ¿Quién verá tu belleza? ¿A quién amarás ahora? ¿De quién dirán que serás? ¿A quién besarás? ¿A quién le morderás los labios? Pero tú, Catulo, decide ser firme.
Poema 9: De vuelta de España: a Veranio
Comentario: Una alegre bienvenida a casa para su amigo Veranio, que regresa de un viaje a España. El poema captura la calidez de la amistad, el ansia por escuchar historias de viaje y el simple placer del reencuentro.
Veranio, el primero para mí de mis trescientos mil amigos, ¿has vuelto a casa con tus armoniosos hermanos y tu vieja madre? Has vuelto. ¡Oh, noticia feliz para mí! Te veré sano y salvo y escucharé tus relatos de lugares y tribus españolas que has recorrido, como es tu costumbre, y me colgaré de tu cuello, y besaré tu hermosa boca y tus ojos. ¡Oh, quién de todos los hombres es más feliz que yo, el más alegre y feliz?
Poema 10: Verdades caseras para la chica de Varo: a Varo
Comentario: Una anécdota humorística que relata la visita de Catulo con Varo a una prostituta, donde presume falsamente de la riqueza que obtuvo en Bitinia. Su mentira queda expuesta cuando ella le pide prestados sus imaginarios portadores de litera, lo que lleva a un divertido momento de vergüenza.
Varo me arrastra a sus asuntos fuera del Foro, donde se me ve ocioso: a una pequeña ramera a la que vi inmediatamente, no muy poco elegante, no poco atractiva, quien, al llegar allí, nos recibió con charlatanería variada, incluyendo, cómo estaría Bitinia ahora, cómo es, y dónde podría haberme beneficiado en efectivo. Le dije la verdad, nada en absoluto, ya que ni los pretores ni sus ayudantes regresan más ricos, especialmente porque nuestro Pretor, Memio, el sodomita, no le importaba un bledo a sus seguidores. ‘Pero seguro,’ dijeron, ‘pudiste haber comprado esclavos que dicen que están hechos para la litera allí.’ Yo, para que la chica pudiera creerme adinerado, dije ‘no, para mí las cosas no fueron tan malas, que al encontrarme con una provincia mala, no pudiera comprar ocho hombres buenos.’ Pero no tenía a nadie, ni aquí ni allá, que pudiera siquiera levantar sobre su hombro el pie destrozado de un viejo diván. Ante esto ella, como la desvergonzada que era, dijo ‘Te lo ruego, mi querido Catulo, el préstamo de ellos, solo por un rato: me gustaría que me llevaran al templo de Serap’. ‘Espera’, le dije a la chica, ‘lo que acabo de decir que era mío, en realidad no está en mi posesión: mi amigo Cinna, o sea Gayo, compró la cosa para sí mismo. Ya sean suyos o míos, ¿qué diferencia me hace? Los uso tan bien como si los hubiera comprado yo mismo. Pero tú eres bastante insípida y molesta, tú con quien no se permite ninguna inexactitud.’
Relieve antiguo representando figuras ante una deidad
Poema 11: Palabras contra Lesbia: a Furio y Aurelio
Comentario: Una despedida brutal y famosa a Lesbia, entregada a través de amigos a quienes se les ordena transmitir su amargo mensaje. El poema contrasta lugares exóticos y lejanos con la promiscuidad de Lesbia, culminando en la poderosa metáfora de su amor como una flor destruida por un arado al pasar. Marca un giro brusco respecto a los poemas afectuosos anteriores.
Furio y Aurelio, vosotros, amigos de Catulo, ya penetre él la India más lejana, donde las olas orientales golpean la costa con profunda resonancia, o entre los hircanos y los árabes flexibles, o los sacios y los arqueros partos, o donde el Nilo de siete bocas tiñe las aguas, o ya escale los altos Alpes, contemplando los grandes monumentos de César, las aguas del Rin galo, y a los fieros britanos más lejanos, sea cual sea la voluntad de los cielos, listo ahora para cualquier cosa, decidle esto a mi chica en pocas palabras de mal agüero. Que viva y sea feliz con sus adúlteros, que abrace a los trescientos, verdaderamente sin amor, desgastándolos una y otra vez: que no busque mi amor como antes, ella, cuyo crimen lo destruyó, como la última flor del campo, tocada una vez por el arado al pasar.
Poema 12: ¡Deja de Robar las Servilletas!: a Asinio Marrucino
Comentario: Un poema desenfadado pero punzante que reprende a un amigo, Asinio Marrucino, por robar servilletas en reuniones sociales. Catulo bromea al respecto pero insiste en la devolución de sus servilletas, que son regalos sentimentales de otros amigos.
Asinio Marrucino, no empleas demasiado bien tu mano izquierda: en el vino y la broma tomas la ropa de mesa desatendida. ¿Crees que eso es ingenioso? Piérdete, tonto: es algo tan sórdido y tan poco atractivo. ¿No me crees? Cree a Poliono, tu hermano, que desea que tus robos se arreglen con dinero: es un muchacho verdaderamente lleno de ingenio y humor. Así que espera trescientos endecasílabos o devuelve mi servilleta, cuyo valor no me inquieta, verdaderamente, es un recuerdo de mis amigos. Fábulos y Veranio me enviaron el regalo, servilletas de España: deben ser atesoradas como deben serlo mi Veranio y Fábulos.
Poema 13: Invitación: a Fábulos
Comentario: Una encantadora invitación a un amigo, Fábulos, para cenar. Catulo admite humorísticamente que él mismo no tiene comida ni vino, pero ofrece algo mejor: buena compañía, ingenio, risas y un perfume especial que le dio Lesbia, tan exquisito que hará que Fábulos desee ser “todo nariz”.
Cenarás bien, en pocos días, conmigo, si los dioses te son propicios, mi querido Fábulos, y si traes mucha buena comida contigo, y no vienes sin una chica bonita y vino e ingenio y todas tus risas. Digo que cenarás bien y encantadoramente, si traes todo eso: ya que el monedero de tu Catulo, ¡ay!, está lleno de telarañas. Pero acepta cariños a cambio del vino o lo que sea más dulce y fino: ya que te daré un perfume que mi chica recibió de los Amores y Cupidos, y cuando lo huelas, pedirás a los dioses que te hagan, Fábulos, todo nariz.
Poema 14: ¡Qué Libro!: a Calvo el Poeta
Comentario: Una queja humorística a su amigo, el poeta Calvo, por enviarle una terrible colección de poesía como regalo durante el festival de Saturnalia. Catulo bromea diciendo que tal libro es una maldición, prometiendo tomar represalias enviando a Calvo obras igualmente terribles de otros malos poetas.
Si no te amara más que a mis ojos, delicioso Calvo, te despreciaría por este regalo, con un verdadero desprecio vatiniano: ¿Qué hice y qué dije, para ser tan maldecido con poetas? Que los dioses envíen la mala suerte a aquel cliente que te envió tantos desdichados. Pero si, como supongo, Sila el gramático te dio este regalo nuevo e inventivo, eso no me hace daño, es bueno y está bien que tus esfuerzos no sean del todo desperdiciados. ¡Grandes dioses, un libro asombroso, inmortal! Que enviaste, por supuesto, a tu Catulo, para que muriera inmediatamente, en el día óptimo, ¡en las Saturnalias! No, no te saldrás con la tuya con este crimen. Ahora, cuando amanezca, correré a los puestos de los copistas, adquiriré a Cesio, Aquino, Sufeno, todos los venenosos. Y te pagaré por este sufrimiento. Mientras tanto, adiós, vete, allí, de donde tus desafortunados pies te trajeron, malditos de la época, peores de los poetas.
Poema 15: Una Advertencia: a Aurelio
Comentario: Catulo confía un joven, quizás su amante, al cuidado de su amigo Aurelio, pero inmediatamente expresa una profunda desconfianza en la naturaleza sexual depredadora de Aurelio. El poema es una advertencia cruda, utilizando imágenes gráficas, contra cualquier violación del joven.
Te encomiendo a mí y a mi amor, Aurelio. Te pido modestia indulgencia, para que, si alguna vez has tenido un deseo en tu mente que has perseguido casta y puramente, mantengas a este muchacho mío modestamente a salvo, no hablo a las masas – nada que temer de quienes pasan por las calles ocupados en sus asuntos – verdaderamente el miedo es de ti y de tu polla peligrosa tanto para muchachos buenos como malos. Agítala a tu antojo, y con tanta fuerza como quieras, donde elijas, afuera: lo exceptúo a él de eso, con modestia, creo. Pero si las tempestades de la mente, y la pasión loca te impelen a demasiado pecado, desdichado, para que llenes la cabeza de mi muchacho de engaños, ¡entonces que la miseria y el destino malvado sean tuyos! De él a quien, con los pies separados, una puerta abierta, rábanos y salmonetes atraviesan.
Poema 16: Una Reprimenda: a Aurelio y Furio
Comentario: Un ataque fulminante contra Aurelio y Furio, quienes aparentemente han criticado los versos de Catulo como demasiado explícitos o afeminados basándose en su contenido (haciendo referencia a los “mil besos” del Poema 5). Catulo argumenta que, si bien un poeta debe ser casto, sus versos pueden ser licenciosos e ingeniosos sin reflejar su propia masculinidad. Termina con una amenaza impactante utilizando lenguaje grosero.
Te follaré y te sodomizaré, Aurelio el patico, y Furio el sodomita, que creíste conocerme por mis versos, ya que son eróticos, no lo bastante modestos. Al poeta mismo le conviene ser diligentemente casto, sus versos no necesariamente así en absoluto: los cuales, en resumen, tienen ingenio y buen gusto aunque sean eróticos, no lo bastante modestos, y por eso pueden incitar a la lujuria, no hablo a muchachos, sino a los velludos que no pueden mover sus rígidos lomos. Tú, que lees estos mil besos, ¿crees que soy menos hombre? Te follaré, y te sodomizaré.
Poema 17: El Pueblo de Cologna Veneta
Comentario: Este poema se dirige a un pueblo (Cologna Veneta) conocido por un puente desvencijado. Catulo desea un puente nuevo, pero también desea ver caer a un ciudadano “tonto” en el barro de abajo, contrastando la insensibilidad del hombre hacia su joven esposa con el potencial animado del puente del pueblo. (Nota: Los núms. 18-20 se consideran espurios y se omiten aquí).
O Cologna, que deseas un puente largo para divertirte, y estás lista para bailar, aunque temes los inútiles apoyos del puente con su madera de apoyo muy remendada, no sea que se caigan y queden en el barro profundo: que te hagan un buen puente como deseas donde incluso los sacerdotes que juegan a la rayuela estén seguros: pero Cologna, dame ese gran regalo, una buena risa. Quiero que un conciudadano mío se caiga de cabeza directamente al barro profundo desde tu puente, ya que verdaderamente toda la poza y el pantano podrido es el más negro y profundo de los abismos. El hombre es totalmente tonto, no sabe más que un niño de dos años, dormido en los brazos temblorosos de su padre. Quien, aunque se ha casado con una chica en su primera floración, una chica más delicada que una bonita cabrita, que necesita ser cuidada más atentamente que las uvas más selectas, la deja jugar como quiera, no le importa un pimiento, no ha estado a la altura, sino que como un aliso en una zanja ligur, lisiado por el hacha, siente tanto de todo ello como si no hubiera mujer allí: tal es su estupor que no ve, ni me oye, él, que no sabe quién es, ni si es o no. Ahora quiero lanzarlo de cabeza desde tu puente, si es posible levantar de repente esa estupidez estupefacta, y abandonar esa mente indolente en el pesado lodazal, como las mulas arrojan herraduras a las profundidades tenaces.
Poema 21: Codicioso: A Aurelio.
Comentario: Otro ataque contra Aurelio, acusándolo de depredación sexual hacia los amigos de Catulo, particularmente el joven mencionado en el Poema 15. Catulo utiliza un lenguaje duro y explícito para expresar su disgusto y advertir a Aurelio.
Aurelio, padre de hambres, deseas follar, no solo a estos, sino a cualquiera que mis amigos fueran, o sean, o serán en años futuros. No en secreto: ahora al mismo tiempo que bromeas con uno, intentas aferrarte a él por todos lados. En vano: ahora mi polla insidiosa te sodomizará primero. Y, si estás lleno, no diré nada: Ahora me lamento por él: enseñas a mi muchacho, al mío, a tener hambre y sed. Así que déjalo: mientras tengas algo de vergüenza, o terminarás siendo sodomizado.
Poema 22: Los que Viven en Casas de Cristal: a Varo
Comentario: Catulo se burla del poeta Sufeno, quien se considera un escritor sofisticado pero produce poesía terrible. Catulo lo usa como ejemplo de autoengaño, señalando que todos tienen su propio punto ciego (“no vemos el fardo en nuestra propia espalda”).
Varo, ese Sufeno, completamente conocido por nosotros, es un hombre encantador, ingenioso, urbano, y el mismo hombre desde hace siglos ha escrito muchos versos. Creo que ha escrito mil, diez mil, o más, no de esos que se hacen en papel barato: sino papiros principescos, libros nuevos, extremos de rodillos nuevos, lazos rojos nuevos para el pergamino, reglado con plomo y pulido por todas partes con piedra pómez. Cuando los lees, ese encantador Sufeno urbano se convierte en un cabrero o un cavador de zanjas: está tan alterado y extraño. ¿Qué debemos pensar de ello? El que hace poco pudo haber estado haciendo el tonto, siendo ingenioso con la cosa, el mismo hombre es tosco, tosco como un patán, menciona sus poemas también, ni hay nunca nada tan feliz como los poemas que escribe: se deleita tanto consigo mismo, está tan asombrado de sí mismo. Por supuesto, todos somos engañados de la misma manera, y no hay nadie que de alguna manera no pueda ser visto como un Sufeno. Quienquiera que sea, está sujeto a error: no vemos el fardo en nuestra propia espalda.
Poema 23: Pobreza: a Furio
Comentario: Un poema satírico dirigido a su amigo Furio, que es increíblemente pobre. Catulo sugiere humorísticamente que la pobreza de Furio es una especie de riqueza o salud, ya que no tiene nada que perder y está físicamente “desecado” por falta de comida. El humor es oscuro y se basa en descripciones físicas vívidas y poco halagadoras.
Furio, tú que no tienes esclavos ni dinero ni escarabajos ni arañas ni fuego, verdaderamente tienes un padre y una madrastra, cuyos dientes pueden masticar como pedernales: eso está bien para ti, y tu padre y la esposa de madera de tu padre. No es de extrañar: ya que todos estáis bien, buena digestión, nada que temer, sin llamas, sin desastres pesados, sin malas acciones, sin amenaza de veneno, sin posibilidad de mayores peligros. Y tienes un cuerpo más seco que el hueso o lo que sea más desecado por el calor y el frío y el hambre. ¿Por qué no estarías bien y feliz? No tienes sudor, ni flema, ni mucosidad, ni mal resfriado en la cabeza. A esta limpieza añade más limpieza, tu trasero es más puro que un pequeño salero, y no defeca diez veces al año: y tu mierda es más dura que las judías o los guijarros. Así que si la frotas y la trituras entre tus dedos, no puedes manchar ni un solo dedo: todo te sienta tan felizmente, Furio, no lo desprecies, ni lo consideres nada, y cesa de rogar por esas cien sestercios que siempre pides: la suficiencia es riqueza.
Poema 24: La Pobreza de Furio: a Iuventius
Comentario: Dirigiéndose a Iuventius, uno de sus jóvenes amantes masculinos, Catulo le advierte contra Furio, enfatizando la extrema pobreza de Furio a pesar de ser una persona aparentemente decente. La repetición refuerza el punto central sobre la falta de riqueza de Furio.
Iuventius, que eres nuestro orgullo, no solo ahora, para todos los tiempos que han sido, o serán después en años posteriores, más bien rinde a Midas sus riquezas, él que no tiene esclavos ni dinero, que permitirte ser amado por él. ‘¿Por qué, no es un hombre decente?’, preguntas. Lo es: pero este hombre decente no tiene esclavos ni dinero. Ignóralo: despréchalo como quieras: sigue sin tener esclavos ni dinero.
Pintura representando una escena mitológica
Poema 25: Mis Cosas de Vuelta, Por Favor: a Talo
Comentario: Una invectiva dura y obscena dirigida a Talo, quien ha robado las pertenencias de Catulo. Catulo contrasta la blandura y afeminamiento de Talo con su comportamiento rapaz, amenazándolo con una paliza si no devuelve los objetos robados.
Talo el sodomita, más blando que la piel de conejo o la grasa de ganso, o la pequeña punta de la oreja, o el pene flácido de un viejo mohoso de telarañas, y ese mismo Talo más rapaz que una tormenta salvaje, cuando la diosa del mar revela los rompeolas bostezantes, devuelve mi capa, que arrebataste, y la servilleta española, y la cerámica pintada de Bitinia, hombre absurdo, que ‘posees’ abiertamente como herencias. Ahora, desengáñalas de tus garras, y devuélvelas, no sea que esas pequeñas nalgas blandas y tiernos dedos queden vergonzosamente marcados con la marca del látigo, y te sacudas inmoderadamente, como una barca insignificante atrapada en un mar agitado, en un viento furioso.
Poema 26: La Hipoteca: a Furio
Comentario: Un poema corto e ingenioso sobre la villa de Furio. En lugar de estar expuesta a los elementos, Catulo afirma que está expuesta solo a problemas financieros: una deuda masiva.
Furio, tu pequeña villa no está expuesta a los vientos del sur, ni a los vientos del oeste, al salvaje viento del norte, ni a la brisa del este, sino verdaderamente a quince mil doscientos en efectivo. ¡Oh, viento aterrador y destructivo!
Poema 27: Vino Falerno
Comentario: Un breve poema celebratorio sobre beber vino Falerno fuerte, una preciada cosecha romana. Catulo elogia el vino y rechaza el agua, declarando que solo es apta para los “estrictos” o abstemios, y dedica la bebida a Baco, el dios del vino.
¡Sirviente, lléname copas más fuertes de viejo Falerno, ya que las leyes de Postumia, la señora, lo exigen, ella que es más jugosa que la uva jugosa. Pero tú, agua, fatal para el vino, fuera contigo: lejos, donde sea, vete a los estrictos. Este vino es propio de Baco.
Pintura de una figura mitológica
Poema 28: Clientelismo: a Veranio y Fábulos
Comentario: Catulo se compadece con sus amigos Veranio y Fábulos por su decepcionante experiencia sirviendo bajo el gobernador provincial Pisón. Compara su falta de ganancias económicas y su maltrato con su propia experiencia negativa bajo Memio, destacando la naturaleza corrupta de la administración provincial romana.
Seguidores de Pisón, séquito necesitado, con equipajes adecuados y listos, Veranio, el mejor, y tú, mi Fábulos, ¿qué posesiones traéis? ¿No habéis soportado suficiente hambre y frío con ese inútil? ¿Alguna pequeña ganancia aparece en las cuentas de gastos, considerando que yo, siguiendo a mi pretor, repago lo gastado, con poca ganancia? ¡Oh, Memio, verdaderamente, y diariamente, me sodomizó lentamente hacia atrás con todo ese árbol suyo. Pero, por lo que puedo ver, vuestro caso es el mismo: ahora estáis llenos por un pene no menos circuncidado. ¡Buscad a los nobles, amigos míos! Pero, a vosotros, que los dioses y las diosas os traigan mucha mala suerte, deshonras para Rómulo y Remo.
Poema 29: Catamita
Comentario: Una dura sátira política dirigida a Julio César y su supuesto amante, Mamurra (“Méntula” o “Pene”). Catulo condena a César por despilfarrar la riqueza provincial (de la Galia y Britania) en la extravagancia de Mamurra, cuestionando cómo los romanos pueden tolerar tal corrupción de su líder. Este poema es un potente ejemplo de la disposición de Catulo a atacar incluso a las figuras más poderosas.
¿Quién podría verlo, quién podría soportarlo, a menos que fuera desvergonzado, codicioso, un jugador? Mamurra posee riquezas que la Galia Transalpina y la Britania más lejana una vez poseyeron. Sodomita romano, ¿ves esto y lo soportas? ¿Y ahora el hombre, arrogante, autoritario, revoloteará por todas las camas como una paloma blanquecina o un Adonis? Sodomita romano, ¿ves esto y lo soportas? Eres desvergonzado, codicioso, un jugador. Seguro que no fue para esto que tú, el líder único, estuviste en la isla más occidental, para que esta herramienta tuya de vida licenciosa despilfarrara doscientas o trescientas veces su valor? ¿Qué es sino generosidad pervertida? ¿No ha despilfarrado suficiente, o ha sido elevado suficiente? Primero su herencia fue bien y verdaderamente gastada, luego el botín del Ponto, luego el de España, para hacer tres, como sabe el Tajo portador de oro: ahora teme por el de la Galia y el de Britania. ¿Por qué atesorar este mal? ¿Para qué sirve sino para devorar su rico patrimonio? ¿Fue para esto, tú, el más rico de la ciudad, tú, suegro, yerno, despilfarraste un mundo?
Pintura de figuras mitológicas
Poema 30: Infidelidad: a Alfenio
Comentario: Un lamento dirigido a un amigo, Alfenio, quien aparentemente ha traicionado la confianza de Catulo y lo ha abandonado en un momento de sufrimiento. Catulo cuestiona la lealtad y la confianza humanas, expresando su dolor por el vínculo roto y advirtiendo a Alfenio que los dioses recordarán su infidelidad.
Alfenio, negligente, falso al acuerdo de amigos, ¿no tienes ahora simpatía por tu gentil amigo? Las impías acciones de los hombres engañosos no agradan a los dioses. Me descuidas y me abandonas a una miserable enfermedad. ¡Ah, dime, qué deben hacer los hombres, en quién deben confiar? Seguramente tú, injustamente, me ordenaste confiar en ti, me sedujiste a amar, como si todo fuera bastante seguro para mí. Ahora te retiras, y todas tus acciones y palabras vanas las dejas escapar en los vientos, con las nubes aéreas. Si olvidas, los dioses recordarán, la Lealtad recuerda, para que, hagas lo que hagas, pronto te arrepientas de tus acciones.
Poema 31: Sirmio
Comentario: Un sentido tributo a Sirmio, la villa de Catulo en el Lago de Garda. El poema expresa su inmensa alegría y alivio al regresar a casa después de viajes al extranjero. Es un raro momento de puro contento y aprecio por un lugar específico.
Sirmio, joya de islas, joya de penínsulas, joya de todo lo que se encuentra en aguas brillantes o en el gran mar, o en cualquiera de los dos océanos, ¡con qué alegría, qué placer te contemplo, apenas creyendo estar libre de Tinía y los campos de Bitinia, viéndote a salvo! ¡Oh, qué libertad de cuidado es más alegre que cuando la mente depone su carga, y cansados, de vuelta a casa de la fatiga extranjera, descansamos en la cama que tanto anhelábamos? Este momento vale todo el trabajo. ¡Salve, oh encantador Sirmio, y alégrate como yo me alegro, y tú, oh lago de aguas lidias, ríete con lo que de risa vive aquí.
Poema 32: Siesta: a Ipsitila
Comentario: Una invitación sexualmente explícita a una mujer llamada Ipsitila para un encuentro durante la siesta. Catulo hace una petición directa de múltiples encuentros sexuales, expresada con su característica franqueza y un toque de humor (“haciendo un agujero en mi túnica y mi capa”).
Por favor, mi dulce Ipsitila, mi deleite, mi encantadora: dime que vaya a verte a la siesta. Y si me lo dices, ayúdame, que nadie tape la señal en tu umbral, ni tú elijas salir, sino quédate en casa, y prepárate para nueve polvos, seguidos, conmigo. Verdaderamente, si lo deseas, hazme saber ahora: porque aquí tumbado, alimentado, e indolentemente lleno, estoy haciendo un agujero en mi túnica y mi capa.
Poema 33: Una Sugerencia: a Vibenio
Comentario: Un breve y grosero ataque a un padre (Vibenio) y un hijo, acusándolos de ser ladrones y desviados sexuales asociados con las termas. Catulo sugiere que deberían exiliarse debido a sus notorias reputaciones.
¡Oh, primero de los ladrones de las termas, Vibenio el padre, con el hijo sodomita (ya que la mano derecha del padre es más sucia, y el trasero del hijo más devorador), por qué no iros al exilio, a algún lugar vil? Viendo que el pillaje del padre es conocido por todos nosotros, y el trasero velludo del hijo, no podéis venderlo por un céntimo.
Poema 34: Canto: a Diana
Comentario: Un himno dedicado a Diana, la diosa de la caza, la luna y el parto. Este poema es una pieza formal y reverente, que contrasta fuertemente con las obras más personales y satíricas de Catulo. Demuestra su capacidad para escribir en diferentes estilos y para diferentes ocasiones.
Bajo la protección de Diana, nosotras, chicas puras, y muchachos: nosotros, muchachos puros, y chicas, cantamos a Diana. Oh, hija de Latona, la mayor hija del gran Jove, a quien su madre dio a luz cerca del olivo de Delos, señora de montañas y de los verdes bosques, de las secretas arboledas, y de los sonoros arroyos: tú, llamada Juno Lucina en los dolores del parto, tú, llamada la todopoderosa Trivia, y Luna, de luz diurna falsa. Tu paso mensual mide el curso del año, llenas el techo del granjero rústico con buenas cosechas. Toma cualquier nombre sagrado que te plazca, sé dulce ayuda para el pueblo de Roma, como lo has sido antaño.
Pintura de figuras mitológicas en un paisaje
Poema 35: Cibeles: a Cecilio
Comentario: Catulo le pide a un papel que llame a su amigo, el poeta Cecilio, a Verona. Menciona que una chica erudita está profundamente enamorada de Cecilio después de leer su poema inacabado sobre la diosa Cibeles. Esto muestra a Catulo interactuando con los círculos y temas literarios contemporáneos.
Papel, me gustaría que le dijeras a Cecilio, ese tierno poeta, mi amigo, que deje el lago de Como, que venga ahora a Verona, que abandone el pueblo de allí y la orilla. Porque hay ciertos pensamientos que quiero que escuche, de su amigo y tuyo. Así, si es sabio, se apresurará en el camino, aunque alguna encantadora chica le llama y le pide que regrese, abrazándolo con ambas manos alrededor del cuello, y rogando que se demore. Quien, si se me ha dicho la verdad, ahora le ama con violento deseo. Porque, desde el momento en que leyó su inacabada Dama de Díndimo, la pobre cosita ha sido consumida por el fuego hasta el tuétano de sus huesos. Te perdono, chica, más erudita que la Musa Sáfica: es verdaderamente encantador, el inacabado Gran Madre Cibeles de Cecilio.
Imagen representando una deidad
Poema 36: Ofrenda Quemada: a los Excrementos de Volusio
Comentario: Catulo se dirige a los terribles “Anales” del poeta Volusio, llamándolos “excrementos de papiro”. Relata un voto hecho por su chica (Lesbia) de quemar la peor poesía como ofrenda si Catulo dejaba de escribir versos furiosos sobre ella. Como ella consideraba la obra de Volusio la peor, él cumple sarcásticamente el voto. Esto es una crítica literaria disfrazada de acto religioso.
Anales, de Volusio, excrementos de papiro, cumplid la ofrenda votiva de mi chica. Ya que, por la sagrada Venus y Cupido, prometió, que si yo le era devuelto, y dejaba de lanzar yambos salvajes, ofrecería a los dioses las palabras más selectas, del peor de los poetas cojos, consumido por madera maligna. Y la chica pensó que esto era lo peor, con encantadora risa, para conmover a los dioses. Ahora, oh diosa creada del mar azul, cuya es la sagrada Idalia, Uria, Ancona, Cnídos, Amathusia, Golgos, y el adriático Dirraquio, que el voto sea aceptable, cumplido, si no carece de ingenio y encanto. Pero mientras tanto, tú, entra en el fuego, tú, lleno de rusticidad y groserías, anales volusianos, excrementos de papiro.
Pintura de una figura mitológica
Poema 37: A Rienda Suelta: a los Habituales y Egnacio
Comentario: Un poema furioso dirigido a una taberna y a sus clientes que aparentemente están involucrados con Lesbia. Catulo usa lenguaje gráfico para expresar sus celos y rabia, señalando a Egnacio, un hombre con dientes conspicuousmente blancos (ridiculizado aún más en el Poema 39), como un rival principal.
Taberna lasciva, y vosotros, sus habituales, nueve pilares más allá de los pilares de los Gemelos, ¿creéis que sois los únicos con pollas, los únicos a quienes se les permite molestar a las muchachas, y consideráis al resto cabras? O, porque cien o dos de vosotros os sentáis en fila, vosotros, tontos, ¿que yo no me atrevo a sodomizar a doscientos juntos? Pensad: llenaré toda la fachada de la taberna con vuestros residuos. Porque mi chica, que ha dejado mis brazos, a quien amé como ninguna otra chica ha sido amada, por quien se libraron tantas grandes batallas, está allí. Vosotros, todos los ricos y afortunados, la amáis, y, lo que es tan vergonzoso, es cierto, todos los menores, todos los frecuentes adúlteros de los callejones: tú, sobre todo, uno de los velludos, descendiente de conejo de España, Egnacio. A quien una barba sombría mejora, y dientes frotados con orina ibérica.
Poema 38: Una Palabra, Por Favor: a Cornificio
Comentario: Un poema quejumbroso dirigido a su amigo Cornificio. Catulo está enfermo y miserable y se siente descuidado por Cornificio, quien no le ha ofrecido palabras de consuelo. Contrasta su tristeza con el legendario dolor de Simónides.
Está enfermo, Cornificio, tu Catulo, está enfermo, por Hércules, y es malo, y peor y peor por hora. ¿Dónde estás, para quien es lo mínimo y más fácil, traer consuelo con charla? Estoy enfadado contigo. ¿Tanto vale mi amistad? Incluso un poco me consolaría, más triste que las lágrimas de Simónides.
Poema 39: ¡Tus Dientes!: a Egnacio
Comentario: Un poema satírico que ataca específicamente a Egnacio y su constante sonrisa, que Catulo atribuye a sus dientes inusualmente blancos. Catulo encuentra su sonrisa perpetua inapropiada en diversas situaciones y revela el asqueroso secreto detrás de sus dientes blancos: se limpian con orina, una práctica atribuida a los antiguos íberos.
Egnacio, porque tiene dientes blancos como la nieve, sonríe todo el tiempo. Si eres acusado en un tribunal, cuando el abogado arranca lágrimas, él sonríe: si estás de luto en la pira de hijos piadosos, la madre solitaria llorando, él sonríe. Lo que sea, donde sea, haga lo que haga, sonríe: tiene una enfermedad, ni educada, diría yo, ni encantadora. Así que un recordatorio para ti, de mí, buen Egnacio. Si fueras un sabino o tiburtino o un úmbro gordo, o etrusco regordete, o lanuviano oscuro y dentudo, o del norte del Po, y mencionaré también a mi propio veronés, o a cualquier otro que se limpie los dientes religiosamente, aun así no querría que sonrieras todo el tiempo: no hay nada más tonto que sonreír tontamente. Ahora eres español: en el país de España lo que cada hombre orina, acostumbra a cepillarse los dientes y las encías rojas con ello, cada mañana, así que el hecho de que tus dientes estén tan pulidos solo demuestra que estás más lleno de orina.
Poema 40: ¿Quieres Fama?: a Rávido
Comentario: Catulo advierte a Rávido contra intentar provocarlo insultando a su amada (probablemente Lesbia), afirmando que buscar la fama atacando a Catulo solo resultará en notoriedad y castigo en su verso.
¿Qué enfermedad mental, pobre pequeño Rávido, te impulsa de cabeza hacia mis yambos? ¿Qué dios, mal dispuesto hacia ti, intenta iniciar una loca pelea? ¿O es para alcanzar fama vulgar? ¿Por qué el asalto? ¿Quieres ser conocido por todas partes? Lo serás, ya que has querido amar a mi amor, y con un largo castigo.
Poema 41: Una Demanda Irrazonable: a Ameana
Comentario: Catulo se burla de Ameana, una mujer a la que describe de forma poco halagadora, por exigirle una gran suma de dinero. La retrata como codiciosa y engañada, sugiriendo que necesita ayuda psiquiátrica en lugar de dinero.
Ameana, una chica follada por todos, me exige diez mil, esa chica de la horrible nariz grande, la ‘amiga’ del Formiano en bancarrota. Reuníos, vosotros que os preocupáis por la chica, reuníos, médicos y amigos: la chica no está bien, no preguntéis qué es: sufre de delirios de dinero.
Poema 42: Las Tablillas de Escritura: a los Endecasílabos
Comentario: Catulo invoca a sus versos endecasílabos, personificándolos como aliados, para que lo ayuden a recuperar sus tablillas de escritura de una “vil adúltera” (probablemente Lesbia o una de sus asociadas) que se burla de él. El poema describe una escena de confrontación pública y abuso verbal, mostrando el uso de su poesía como arma por parte de Catulo.
Venid, endecasílabos, todos los que hay y de todas partes, cuantos sois. Una vil adúltera me cree una broma, y se niega a darme mis tablillas una vez más, si lo creéis. La seguiremos: pedidlas de vuelta. ¿Cuál, preguntaréis? La que veis pavoneándose desvergonzadamente, riendo ridículamente, exasperante, con las fauces de una perra gala. Rodéenla: pedidlas de vuelta: ‘¡Adúltera apestosa, devuelve mis cartas, devuelve, adúltera apestosa, mis cartas!’ ¿No quieres? ¡Oh, al fango, al burdel, o si algo puede ser más ruinoso, ¡entonces eso! Pero aún así no pienses que eso es suficiente. Llámala de nuevo con voz más alta: ‘¡Adúltera apestosa, devuelve mis cartas, devuelve, adúltera apestosa, mis cartas!’ Pero no sirve de nada: nada la molesta. Mejor cambiemos de métodos y tácticas, si queremos que nos sean de más utilidad: veamos si no podemos conseguir un rubor en esa cara descarada de perra: ‘Honesta y casta, devuelve mis cartas.’
Poema 43: Sin Comparación: a Ameana
Comentario: Catulo se dirige de nuevo a Ameana, enumerando sus muchas características físicas poco atractivas (nariz fea, pies, ojos, dedos, boca, lengua). Luego ridiculiza la idea de que ella sea considerada hermosa en su provincia y se atreva a compararse con su Lesbia, destacando la percibida falta de gusto en su sociedad.
Saludos, chica con una nariz no de las más cortas, pies no tan encantadores, ojos no de los más oscuros, dedos no delgados, boca nunca sanada, y una lengua no excesivamente encantadora, la ‘amiguita’ del Formiano en bancarrota. ¿Y la Provincia te declara hermosa? ¿Para ser comparada con mi Lesbia? ¡Oh, época insensata e ignorante!
Poema 44: Su Hacienda
Comentario: Catulo escribe sobre su hacienda suburbana, bromeando sobre si llamarla sabina o tiburtina. Cuenta que huyó allí para recuperarse de una tos que contrajo después de asistir a una cena terrible y leer un discurso venenoso. La hacienda sirve como refugio y fuente de salud.
Oh, mi hacienda, ya seas sabina o tiburtina (pues te llaman tiburtina quienes no desean herir a Catulo: pero quienes desean hacerlo dicen que, sea cual sea la apuesta, eres sabina), pero seas sabina o tiburtina, habito gustosamente tu villa suburbana, y me quito una mala tos bronquial, que me dio un escalofrío de estómago, culpa mía, mientras me atiborré en cenas extravagantes. Pues quise ser huésped de Sestio, así que leí la oración en el caso de Antió, llena de veneno legal y peste, me debilitó hasta el punto de resfriados acuosos y tos frecuente, hasta que huí a tu seno, y recuperé mi salud, con descanso y sopa de ortigas. Refrescado por ello, te doy muchas gracias, que no te vengas de mi error. Ahora no me importa, si vuelvo a tomar ese escrito odioso, si no soy yo, sino el propio Sestio, sibilando y tosiendo, quien contrae un escalofrío, quien me invitó solo después de que leí esa obra vil.
Poema 45: Una Pastoral: a Septimio
Comentario: Un retrato dulce e idealizado de una pareja, Septimio y Acme, que expresan su amor mutuo con votos confirmados por el dios Amor (estornudando). Es un momento de afecto puro y recíproco, que contrasta con el amor turbulento por Lesbia.
Septimio, sosteniendo a su amada Acme en su regazo, dijo: ‘Acme, mía, si no te amo desesperadamente, y amo para siempre, continuamente a través de todos los años, tanto como el que más ama, en la Libia vacía y la India abrasada, lucharé contra algún león de ojos verdes.’ Mientras hablaba, Amor, a izquierda y derecha, estornudó su aprobación. Pero Acme levantó la cabeza ligeramente y sus encantadores labios rojos hablaron a los ojos ebrios de su dulce muchacho: ‘Así, Septimio, mea vita, sirvamos siempre a este único señor, que más profundamente y más ferozmente el fuego quemará mi tierno tuétano.’ Mientras hablaba, Amor, a izquierda y derecha estornudó su aprobación. Ahora, aprovechando estos buenos augurios, sus espíritus mutuos aman y son amados. Septimio pone a su pequeña Acme, por encima de los sirios o británicos: la fiel Acme hace de Septimio su único amado y deseo. ¿Quién podría ver criaturas más bendecidas que un amor más afortunado?
Pintura de figuras mitológicas
Poema 46: Despedida Primaveral
Comentario: Un poema que marca la llegada de la primavera y el fin del tiempo de Catulo en Bitinia. Expresa su ansia por viajar a Asia y se despide de sus amigos que se dispersarán en diferentes direcciones. Captura el espíritu inquieto asociado con el cambio de estaciones y los viajes.
Ahora la primavera regresa, suave y templada, ahora los salvajes cielos equinocciales son calmados por las brisas más felices de Céfiro. Los campos de Frigia serán abandonados, Catulo, ricas granjas de la cálida Nicea: huiremos a las ciudades brillantes de Asia. Ahora mentes inquietas anhelan viajar, ahora los pies gozosos se agitan con placer. Oh dulce multitud de amigos, adiós, que vinisteis juntos de lugares lejanos, a quienes caminos divergentes deben llevar.
Pintura de figuras mitológicas
Poema 47: Favoritismo: a Porcio y Socratión
Comentario: Catulo expresa su consternación porque dos individuos indeseables, Porcio y Socratión, son favorecidos y cenan suntuosamente con Pisón, mientras sus amigos dignos Veranio y Fábulos luchan. Es una queja contra la injusticia y el mal juicio en los círculos sociales.
Porcio y Socratión, dos manos izquierdas de Pisón, las picazones y hambres del mundo, ¿ese Príapo circuncidado os prefiere a mi Veraniolo y a mi Fábulos? ¿Vosotros, agasajados con grandes banquetes suntuosos todos los días: mis amigos buscando trabajo en las encrucijadas?
Poema 48: Pasión: a Iuventius
Comentario: Dirigiéndose de nuevo a Iuventius, Catulo expresa su intenso deseo de besar sus ojos interminablemente. Al igual que el Poema 5, utiliza la hipérbole (miles de besos, más que espigas de trigo) para transmitir la profundidad de su pasión por este joven. Esto encaja con el tema de poemas para el hombre que amas, mostrando las relaciones multifacéticas de Catulo.
Iuventius, si siempre me fuera permitido besar tus ojos dulces como la miel, podría besarte trescientas mil veces, y nunca saciarme, ni siquiera si mis besos fueran más que las espigas maduras del trigo.
Poema 49: Un Cumplido: a Marco Tulio Cicerón
Comentario: Un cumplido aparentemente efusivo al famoso orador Cicerón, llamándolo el descendiente más elocuente de Rómulo. Sin embargo, algunos eruditos interpretan este poema irónicamente, ya que Catulo se posiciona como el “menos de todos los poetas”, potencialmente destacando la gran diferencia en sus respectivos estatus o la desconexión percibida entre la oratoria y la poesía.
El más elocuente de los descendientes de Rómulo, de los que son, de los que han sido, de los que serán a través de todos los años, Marco Tulio, Catulo te envía las más cálidas gracias, el menos de todos los poetas, tanto el menos de todos los poetas, como tú eres el más grande de todos los abogados.
Escultura de una figura romana
Poema 50: Ayer: a Licinio Calvo
Comentario: Catulo relata un día pasado jugando a escribir poesía e intercambiando versos con su amigo, el poeta Calvo. La experiencia fue tan estimulante que lo dejó inquieto e incapaz de dormir, destacando la intensidad intelectual y emocional de su amistad y pasión compartida por la poesía.
Ayer, Calvo, día ocioso jugamos con mis tablillas de escritura, armonizando en ser deleitosos: escribiendo versos, cada uno jugando con metros, esto y aquello, recitando juntos, entre risas y vino. Y me fui de allí encendido por tu encanto, Calvo, y por tu ingenio, de modo que, inquieto, no pude disfrutar de la comida, ni cerrar los ojos tranquilamente para dormir, sino que revolví toda la cama salvajemente en pasión, anhelando ver la luz, para poder hablar contigo, y estar contigo. Pero después me acosté agotado por el esfuerzo, medio muerto en la cama, te hice este poema, placenteramente, del cual podrías deducir mi dolor. Ahora ten cuidado de no ser imprudente, no rechaces mis súplicas, te ruego, mi querido, no sea que Némesis exija tu castigo. Es una diosa poderosa. Ten cuidado de no molestarla.
Pintura de una figura mitológica
Poema 51: Una Imitación de Safo: a Lesbia
Comentario: Una famosa adaptación del Fragmento 31 de Safo, que expresa el tormento físico y emocional experimentado por el hablante al ver a Lesbia interactuar íntimamente con otro hombre. Catulo añade su propia estrofa final, una severa autoamonestación sobre los peligros de la ociosidad, que es singularmente romana y desplaza el foco de la pura pasión a la virtud cívica.
Me parece igual a los dioses ese hombre, si es posible más que solo divino, quien sentado frente a ti, te ve sin cesar y te oye reír tan dulcemente, que con dolor feroz soy privado de todos mis sentidos: porque en el momento en que te veo, Lesbia, nada queda de mí… pero mi lengua está entumecida, y por mis pobres miembros arden fuegos, el eco de tu voz resuena en ambos oídos, mis ojos están cubiertos por la oscuridad de la noche. ‘Tu ociosidad es repugnante, Catulo: te deleitas en la ociosidad, y en demasiado alarde: la ociosidad arruinó a los reyes y a las ciudades de tiempos pasados.’
Poema 52: Injusticia: sobre Nonio
Comentario: Un breve grito de desesperación e impaciencia. Catulo cuestiona por qué debería seguir viviendo cuando hombres corruptos e indeseables (Nonio y Vatinio) ocupan posiciones de poder e influencia en Roma.
¿Por qué, Catulo? ¿Por qué esperar para morir? El tumor Nonio se sienta en una silla de Magistrado, Vatinio se perjura para un Consulado: ¿Por qué, Catulo? ¿Por qué esperar para morir?
Poema 53: Risa en la Corte: a Gayo Licinio Calvo
Comentario: Un poema corto y anecdótico que describe un momento en la corte donde el amigo de Catulo, el orador Calvo, argumenta elocuentemente contra Vatinio (probablemente el mismo hombre del Poema 52). Alguien en la multitud, impresionado por el discurso ardiente de Calvo, exclama: “¡Grandes dioses, qué hombrecillo tan elocuente!”, un comentario que Catulo encuentra divertido.
Me reí cuando alguien, de la multitud, mientras mi Calvo explicaba el caso Vatiniano maravillosamente, dijo admirado, levantando las manos: ‘¡Grandes dioses, qué hombrecillo tan elocuente!’
Poema 54: ¡Oh César!: sobre la cabeza de Otón
Comentario: Un poema fragmentario y algo oscuro que contiene insultos dirigidos a figuras menores (Otón, Libón, Suficio) y un ataque general a “nuestro único general” (presumiblemente César). Es otro ejemplo del uso de la invectiva personal por parte de Catulo.
La cabeza de Otón es bastante pequeña, y las piernas de su dueño toscamente sucias, suave y delicado es el pedo de Libón: si no con todo eso, que entonces me desagrade con Suficio, vejez renovada… de nuevo que mis yambos inútiles te irriten, nuestro único general.
Poema 55: ¿Dónde Estás?: a Camerius
Comentario: Catulo busca frenéticamente a su amigo Camerius por toda Roma, expresando su frustración e insinuando que Camerius podría estar secretamente involucrado con mujeres. Se queja de la dificultad de encontrarlo, comparando la tarea con uno de los trabajos de Hércules, e insta a Camerius a ser abierto sobre su paradero.
Te lo ruego, si no es demasiado problema, indícame dónde puede estar tu sombra. Tú, pequeño Camerius, te he buscado, tú, en el Circo, tú, en las librerías, tú, en el sagrado templo del gran Jove. He detenido a todas las chicas juntas en la Arcade de Pompeyo, amigo mío, cuyos rostros estaban en blanco, sin embargo. ‘Peores de las chicas, reveladme a mi Camerius’, así les exigí. Una respondió, revelando su desnudez… ‘Mira, se esconde en estos pechos rosados.’ Pero, ¡oh, es un trabajo de Hércules soportarte!: tanto como tu orgullo lo niega, amigo mío. Ya que no soy ese guardián de bronce de Creta, ni Ladas ni Perseo de pies alados, ya que no soy llevado por Pegaso en vuelo, ni por el rápido equipo blanco como la nieve de Reso, añade a eso pies alados y rapidez y la velocidad colectiva de los vientos, Camerius podrías haber dicho con quién estabas: pero estaría cansado hasta el tuétano y devorado por el cansancio excesivo si siguiera buscándote, amigo mío. Dinos dónde estarás en el futuro, habla con valentía, comprométete, confía en la luz. ¿Te tienen ahora las chicas blancas como la leche? Si tienes la lengua atascada en la boca, ahuyentarás todas las recompensas del amor. Venus se deleita en el lenguaje copioso. O, si quieres, cierra los labios, mientras me dejas compartir tus amores.
Pintura de figura mitológica realizando un trabajo
Poema 56: Trío: a Catón
Comentario: Una anécdota breve y grosera dirigida a Catón (posiblemente Catón el Joven), que describe una escena sexualmente explícita que Catulo presenció involucrando a su chica y un joven pupilo. Encuentra el incidente divertido y espera que Catón también lo encuentre así. El poema destaca la disposición de Catulo a escribir sobre temas transgresores y dirigirlos a figuras respetadas.
¡Oh Catón, algo divertido y ridículo, digno de tus oídos y tu risa! Ríe, Catón, como amas a Catulo: la cosa es divertida y bastante ridícula. Sorprendí al pequeño pupilo de mi chica empujando: aunque solo fuera para agradar a Dione, lo sacrifiqué a mi rígido miembro que sigue.
Pintura de figuras mitológicas
Poema 57: ¡Vosotros Dos!: a Gayo Julio César
Comentario: Otro ataque punzante contra César y Mamurra, llamándolos explícitamente “sodomitas perversos”. Catulo se burla de sus supuestos intereses sexuales compartidos y de la percibida corrupción moral, reforzando los temas del Poema 29.
Bellamente emparejados los sodomitas perversos, Mamurra el catamita y César. No es de extrañar: ambos igualmente manchados, uno de Formia, el otro de la Ciudad, marcas que permanecen, que no disminuyen. Enfermos igual, estos dos gemelos, ambos algo hábiles en el mismo lecho, este no es más codicioso adúltero que aquel, rivales en pequeñas chicas compartidas. Bellamente emparejados los sodomitas perversos.
Poema 58: Lamento por Lesbia: a Marco Celio Rufo
Comentario: Un poema corto y devastador que lamenta la caída de Lesbia, la mujer a la que alguna vez amó intensamente, a una vida de prostitución común (“sacude el miembro de los valientes hijos de Roma” en las encrucijadas y callejones). Expresa extrema decepción y tristeza por su degradación.
Celio, nuestra Lesbia, esa Lesbia, esa Lesbia, a quien solo Catulo amó más que a sí mismo, y a todos los suyos, ahora en las encrucijadas, y por los callejones, sacude el miembro de los valientes hijos de Roma.
Poema 59: Las Sobras: sobre Rrufa
Comentario: Un poema grosero y grotesco sobre Rrufa, la esposa de Menenio, a quien Catulo describe carroñando comida de las piras funerarias en el cementerio. Es una vívida descripción de la miseria y la desesperación utilizada con efecto satírico o despectivo.
Rrufa de Bolonia le practica sexo oral a Rúfulo, es la esposa de Menenio, a quien has visto a menudo, arrebatando comida, de la pira misma, en el cementerio, persiguiendo el pan cuando rueda de las llamas, siendo golpeada por el cremador medio afeitado.
Poema 60: Leona
Comentario: Un poema breve e intenso que cuestiona el origen de la crueldad y la insensibilidad extremas de alguien. Catulo se pregunta si nacieron de una bestia salvaje o de una figura mitológica monstruosa, debido a su despectivo desprecio por el sufrimiento ajeno.
¿Tú ahora, te creó una leona, de las montañas africanas, o de las profundidades de los muslos aullantes de Escila, tan duro y asqueroso como eso, para que pudieras mostrar desprecio por la voz de súplica, en su última desgracia, de ese corazón, ¡oh, demasiado cruel!?
Poema 61: Epitalamio: para Vinia y Manlio
Comentario: Un extenso y elaborado poema nupcial (epitalamio) para sus amigos Vinia (o Aurunculeya) y Manlio Torcuato. Dirigido a Himeneo, el dios del matrimonio, celebra la belleza de la novia, elogia al novio y ofrece bendiciones para la fertilidad y una unión larga y feliz. Incluye elementos rituales, bromas juguetonas (como el lanzamiento de nueces) y momentos de tierna solemnidad, mostrando el dominio de Catulo de un género formal.
Tú, que habitas las colinas del Helicón, hijo de Urania, que llevas a la tierna virgen a su hombre, ¡Oh Himeneo Himenaeo, Oh Himeneo Himenaeo!: corona tu frente con dulces flores de fragancia de mejorana, ponte el velo alegre, ven aquí, llevando los zapatos azafranados en tus pies blancos como la nieve: convocado al día feliz cantando las canciones nupciales con voz resonante, golpea tus pies en el suelo, agita la antorcha de pino en tu mano. Ahora Vinia llega a su Manlio, como Venus, adornando el Monte Ida, llegó a París, su juez frigio, una rara muchacha desposada con rara fortuna, como el mirto de Asia nacido en las ramas florecidas, que las ninfas divinas Hamadríades atienden juguetonamente ellas mismas con rocío brillante. Así que ven, permítete acercarte, deja la cueva Aonia entre los acantilados de Tespias, deja a la ninfa Aganipe y su arroyo refrescante. Y llama a la novia a la amorosa casa de su nuevo marido, su corazón firmemente atado con amor, como la hiedra trepadora envuelve el árbol, serpenteando aquí y allá. Y vosotras, vírgenes castas, cuyo día llegará, cantando armoniosamente gritad, ¡Oh Himeneo Himenaeo, Oh Himeneo Himenaeo! Para que, al oírse llamado a cumplir su servicio, se permita acercarse, el comandante de las alegrías nupciales, el verdadero unidor en el amor. ¿Qué dios mayor amáis buscado por los amantes? ¿A qué divino adoran más los hombres, ¡Oh Himeneo Himenaeo, Oh Himeneo Himenaeo!? Te invoca su padre tembloroso: para ti se desata el cinto virginal: para ti espera el novio, temeroso con nuevo deseo. Tú das a la joven recién salida del pecho de su madre, a las manos del joven novicio, ¡Oh Himeneo Himenaeo, Oh Himeneo Himenaeo! Venus no puede sacar provecho de lo que la buena costumbre permite, sin ti, pero sí puede si tú quieres. ¿Qué dios se atreve a compararse contigo en esto? Ninguna casa tiene descendencia sin ti, ningún padre puede alegrarse con hijos: pero sí pueden si tú quieres. ¿Qué dios se atreve a compararse contigo en esto? Ningún gobernante puede establecer los límites de su país: pero sí puede si tú quieres. ¿Qué dios se atreve a compararse contigo en esto? Abre la cerradura de la puerta. La virgen llega. ¿Ves cómo las antorchas esparcen chispas brillantes? ……………………………………………..**……………………………………………..La noble vergüenza la retiene. Por obediente que sea, llora que tiene que irse. No llores. No hay peligro para ti, Aurunculeya, ni el día brillante verá una chica más encantadora que tú surgir de las olas del Océano. Tal flor de jacinto como florece en el pequeño jardín colorido de un hombre rico. Pero te demoras: el día se desvanece. Que aparezca la nueva novia. Que aparezca la nueva novia, para que ahora pueda ser vista, y escuche mis palabras. ¿Ves? Las antorchas esparcen chispas doradas: que aparezca la nueva novia. Tu marido no es voluble, entregado a adulterios pecaminosos, persiguiendo vicios vergonzosos, no desea huir del sueño en tus tiernos pechos, y como las vides serpentean lentamente alrededor de los árboles que reclaman, él estará envuelto en tu abrazo. Pero el día se desvanece: que aparezca la nueva novia. Oh, lecho nupcial, que para todos ……………………………………………..**……………………………………………..al pie del reluciente diván, llega a tu amo, ¡qué alegría, qué noche errante, qué delicias al mediodía! Pero el día pasa: que aparezca la nueva novia. Oh, vosotros, muchachos, alzad las antorchas: veo la llama acercarse. Venid: que el canto resuene en armonía ‘io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo’. No retengáis la audaz risa Fescennina, no permitáis que este obediente concubino abandonando el amor de su amo niegue a los muchachos sus nueces. ¡Dad nueces a los muchachos, concubino ocioso! Ya has jugueteado con las nueces suficiente: ahora sé complacido en servir a Himeneo. Concubino, dadles nueces. Las chicas te parecieron viles, concubino, ayer, hasta hoy: ahora el rizador de pelo te alisa la barba. ¡Desdichado de los desdichados, concubino, dadles nueces! Hablarás mal de abstenerte de tus esclavos, marido perfumado, pero abstente. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Sabemos lo que te está permitido cuando se te conoce como soltero, pero casado no está permitido. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Novia, ten cuidado de no negar lo que tu hombre busca, no sea que vaya a buscarlo a otra parte. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Poderoso en tu casa, y feliz en tus poderes, que actúan sin ti allí, Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo, hasta que con movimiento tembloroso la vejez de pelo blanco asienta a todo y a todos. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Con tus zapatos azafranados cruza el umbral con buenos augurios, y entra por la puerta brillante. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Mira dentro donde tu hombre yace en una cama de Tiro esperándote a ti sola. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Él no menos que tú arde con fuego en su corazón, pero interiormente mucho mayor. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Paje, suelta el brazo bien formado de la joven: ahora llega a la cama de su marido. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Vosotras, buenas esposas que conocéis los poderes de antaño para llevar a las jóvenes al matrimonio. Io Himeneo Himenaeo io, io Himeneo Himenaeo. Ahora, novio, puedes venir: tu esposa te espera en tu cama, su hermoso rostro reluciente, como una amapola blanca, en un campo azafranado. Pero, marido, que los dioses se alegren, no eres menos hermoso, ni Venus te descuida. Pero la luz del día vuela: ven ahora, no te demores. No se ha demorado: ahora viene. La amable Venus te ayudará, ya que deseas abiertamente lo que deseas, no olvidarás el amable amor. Aquel que contara tus alegrías, muchos miles, debe primero contar los granos de arena de África, y las estrellas relucientes. Juega a tu antojo, y rápido dale hijos. No está bien que un nombre antiguo no tenga hijos, sino que debe crear de la misma raíz. Quiero que un joven Torcuato extienda su tierna mano desde el regazo de su madre, sonriendo dulcemente a su padre con labios entreabiertos. Que sea como su padre Manlio, que eso lo sepan todos los que no lo saben, y que su rostro revele la fidelidad de su madre. Así nuestra alabanza aprueba a uno nacido de una madre noble, tal como la fama inigualable resuena de Penélope, la madre del excelente Telémaco. Cerrad las puertas, vírgenes: estamos satisfechas con nuestro juego. Pero vosotros, valientes compañeros, vivid verdaderamente, y cumplid vuestro deber constantemente, con vigor y con alegría.
Pintura de figura mitológica tejiendo
Poema 62: Canto Nupcial
Comentario: Otro epitalamio, este estructurado como un debate entre coros de jóvenes y doncellas sobre el momento y la naturaleza del matrimonio. Los jóvenes argumentan que es hora de casarse una vez que aparece Héspero (la estrella vespertina), mientras que las doncellas lamentan dejar a sus familias. El poema utiliza poderosas metáforas naturales (una flor oculta, una vid) para discutir la virginidad y los beneficios del matrimonio y la comunidad.
La tarde ha llegado, jóvenes, levantaos: la tarde, tan largamente esperada por los cielos, apenas muestra aún la luz. Ahora es el momento de levantarse, de dejar el rico banquete, ahora viene la virgen, ahora se canta la canción nupcial. ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! ¿Veis a las doncellas solteras, jóvenes? Levantaos para recibirlas: la estrella vespertina muestra el fuego tesalio. Tal es el concurso: ¿veis cómo se levantan tan ágilmente? No temáis levantaros, cantan para ganar pareja. ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! La palma no es fácilmente ganada por nosotros, los hombres, como iguales: considerad, las chicas necesitan prepararse entre sí. No es una preparación vana: verdaderamente saben lo que es: no es de extrañar, ya que concentran toda su mente. Nuestras mentes están en otra parte: nuestros oídos se dirigen a otra parte: así seremos derrotados por la fuerza de voluntad: la victoria necesita atención. Por lo tanto, concentrad vuestras mentes en ello al menos: ahora empiezan a cantar, ahora debéis responder. ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! Héspero, ¡qué fuego, dicen, es más cruel que el tuyo? ¿Quién puede arrancar a una hija de los brazos de su madre, de los brazos retenedores de una madre arrancar a una hija, y dar a una joven virgen a un joven ardiente? ¿Qué hacen los enemigos que sea más cruel, al capturar una ciudad? ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! Héspero, ¿quién brilla con fuego más feliz en el cielo? Tú, que fortaleces el vínculo del matrimonio con tu llama, con lo que los hombres juran, jurándolo a los padres, no unirse antes de que tu propia brillantez se levante. ¿Qué hora anhelada por los dioses es más felizmente concedida? ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! Héspero nos ha robado a una de nosotras. ……………………………………………..**……………………………………………..**Y ahora a tu salida el vigilante siempre despierta, los ladrones se esconden de noche, quienes a menudo también regresan, Héspero, tú los atrapas, mientras tu nombre cambia, al amanecer, pero a las chicas les encanta difamarte con falsas quejas. ¿Por qué se quejan, si secretamente lo desean entonces? ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! Como la flor oculta nacida en el jardín cercado, desconocida para las bestias, intacta por el arado, que las brisas endulzan, el sol fortalece, la lluvia alimenta: que muchos jóvenes elegirían, y muchas jóvenes: cuando esa misma flor se marchita, arrancada por una mano tierna, ningún joven la elegiría, y ninguna joven: así la virgen, mientras está intacta, mientras es su amor: si pierde su flor de castidad, su cuerpo deshonrado, ya no es el deleite del muchacho, la amada de las chicas. ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! Como la vid que vemos, crecida en campo abierto, sin levantar jamás la cabeza, sin dar jamás uvas dulces, su tallo delicado doblándose hacia abajo por el peso, de modo que en un momento su brote más alto tocará sus raíces: ningún campesino, ningún trabajador la apreciará: pero si la misma planta está firmemente atada, casada con un olmo, muchos campesinos y trabajadores la apreciarán. Así una virgen que permanece intacta y sin cultivar, envejece: mientras tomada en igual matrimonio, cuando el tiempo es maduro, es amada más por el hombre, menos odiosa para sus padres. ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo! Y tú, chica, no luches con tal marido. No está bien luchar, tú, a quien tu padre te entrega, tu padre y tu madre, quienes te preparan. Tu virginidad no es enteramente tuya: parte es de tus padres: un tercio de tu padre, un tercio de tu madre, solo un tercio es tuyo: no luches contra esos dos, que conceden sus derechos al yerno con la dote. ¡Himeneo O Himenaeo, Himeneo, está cerca, O Himenaeo!
Pintura de figuras mitológicas
Poema 63: De Berecintia y Atis
Comentario: Un poema narrativo largo y dramático que cuenta el mito de Atis, quien, en un ataque de frenesí religioso inspirado por la diosa Cibeles, se castra y se dedica a su servicio. El poema retrata vívidamente la locura del culto, el posterior arrepentimiento de Atis y el poder de Cibeles. Está escrito en Galíambicos, un metro difícil y frenético, que refleja el tema salvaje del poema.
Tan pronto como Atis, transportado sobre los mares profundos en una barca veloz, hubo llegado a los bosques frigios, con pasos rápidos y ansiosos, hubo regresado a un rincón oscuro del bosque de la diosa, aguijoneado por la furia loca, y allí, con el juicio errante, se había cortado los testículos con una piedra afilada, y había visto sus miembros restantes desprovistos de poder, y el suelo de aquel país manchado de sangre fresca, tomó el tambor ligeramente en sus pálidas manos, tu tambor, Cibeles, tuyo, Gran Madre, en tu rito, y golpeando el sonoro cuero de toro con dedos delicados, cantó a sus seguidores, mientras temblaba por su asalto: ‘Galas, venid, levantaos, a los altos bosques de Cibeles, ahora, venid, ahora, ganado errante de la Dama de Díndimo, como exiliados errando aquí en una orilla extraña, seguidores de mi camino, guiados por mí, amigos míos, sufristeis los mares rápidos y las olas salvajes y os cercenasteis el sexo de vuestros cuerpos con gran odio: alegrad el espíritu de la Dama con movimientos veloces. Desterrad el tonto retraso de vuestras mentes: venid, ahora, seguid, a la casa de la frígia Cibeles, al bosque de la diosa frígia, donde la voz del címbalo choca, el tambor resuena, donde el flautista frigio toca una caña curva, donde las Ménades coronadas de hiedra agitan violentamente sus cabezas, donde representan los ritos sagrados con aullidos agudos, donde la comitiva errante de la diosa suele merodear, donde debemos apresurarnos con nuestro rápido triple paso.’ Mientras Atis, la mujer fingida, canta esto a sus amigos, el coro báquico de repente grita con lenguas temblorosas, el tambor lo repite suavemente, los címbalos huecos resuenan. El coro veloz llega al verde Ida con pies apresurados. Atis, al frente, jadeando salvajemente, aguijoneando sus dispersos sentidos, entra en el oscuro bosque acompañado por el tambor, como una novilla salvaje escapando del peso del yugo: las ágiles Galas siguen a su líder de pies veloces. Luego, ya que cansados, sin comida, llegan al bosque de Cibeles, son tomados por el sueño debido a sus excesivos trabajos. El torpor tonto abruma los ojos que ceden al languor: el frenesí loco se desvanece en la calma de la respiración suave. Pero cuando el Sol desde su dorado rostro escaneó los cielos brillantes con ojo radiante, la tierra áspera y el mar salvaje, y disipó las sombras de la noche con sus vivaces corceles, entonces la Gracia, Pasítea, toma el rápido Sueño, volando del despierto Atis, a su corazón palpitante. Así, rápidamente, del dulce sueño y libre de locura, Atis recordó sus acciones en sus pensamientos, y vio con corazón claro qué y dónde había estado, volviéndose de nuevo con mente apasionada hacia el mar. Allí, contemplando las vastas aguas con ojos llorosos, alzó la voz y lamentó tristemente su patria: ‘Tierra que me engendraste, tierra que me diste a luz, yo, que te dejé tan tristemente, he llegado a los bosques de Ida, como un esclavo que huye de su amo, así estoy entre nieves, y las heladas guaridas de criaturas salvajes, y debería en mi locura entrar en una de sus guaridas, ¿dónde pensaría encontrarte enterrada en esos lugares? El ojo agudo mismo desea volverse hacia ti, mientras mi pensamiento está libre un rato de las criaturas salvajes. ¿Me han traído de mi distante hogar a este bosque? ¿Perderé país, posesiones, amigos, parientes? ¿Perderé foro, palestra, estadio y gimnasio? Dolor sobre dolor, una y otra vez queja en el corazón. ¿Qué forma no he tenido, qué no he realizado? Yo una mujer, yo un joven, un mozo, un niño, yo la flor de los atletas, la gloria de la palestra: mi puerta frecuentada, mi umbral cálido, mi casa enguirnaldada con guirnaldas de flores, al amanecer la separación de mi cama. ¿Ahora soy traído aquí, sacerdote y esclavo de la divina Cibeles? ¿Yo, para ser Ménade: una parte de mí mismo: un hombre estéril? ¿Yo para adorar en el verde Ida en un lugar cubierto de nieve helada? ¿Yo para vivir mi vida bajo las altas cumbres de Frigia, donde los ciervos frecuentan los bosques, donde vaga el jabalí salvaje? Ahora me lamento de lo que hice, ahora me arrepiento.’ Mientras los rápidos sonidos salen de sus labios rosados, las palabras frescas llegan a los oídos gemelos de la diosa, mientras Cibeles suelta los leones de su yugo y aguijonea a la bestia de la izquierda: le habló, diciendo: ‘Ve ahora, sé feroz, para que lo enloquezcas, para que se vea obligado a regresar al bosque por el dolor de su locura, él que desea escapar de mi dominio tan libremente. Que tu cola hiera tu espalda, que se vean las marcas, haz que todo el lugar resuene con tu bramido rugiente, agita tu melena roja ferozmente sobre tu cuello tenso.’ Así habló Cibeles en amenaza y soltó la correa. La bestia salvaje, impulsándose a la velocidad, excitada en espíritu, se desgarró, rugió, irrumpió locamente a través de los matorrales. Y cuando llegó al margen húmedo de las arenas blancas, y vio al delicado Atis cerca de las olas del océano, cargó. Él huyó demente hacia el bosque salvaje: allí para ser esclavo para siempre, por el resto de su vida. ¡Diosa, Gran Diosa, Cibeles, Señora de Díndimo, Ama, que toda tu ira esté lejos de mi casa: haz que otros se exciten, haz que otros hombres deliren locamente!
Pintura de figuras mitológicas en un paisaje
Poema 64: De los Argonautas y un Epitalamio para Peleo y Tetis
Comentario: Este es el poema más largo y ambicioso de Catulo, una epopeya en miniatura que combina mitología y emoción humana. Describe el viaje del Argo, la boda del mortal Peleo y la diosa marina Tetis, y, lo más notable, la trágica historia de Ariadna, abandonada por Teseo en Naxos (representada en el lecho nupcial). El poema contrasta la era heroica, donde los dioses se mezclaban con los mortales, con el presente corrupto. El largo lamento de Ariadna es una poderosa expresión de traición y dolor.
Una vez, dicen, pinos nacidos en las alturas del Pelión flotaron a través de las claras olas de Neptuno, hasta el río Fasis y las fronteras de Eetes, con hombres escogidos, robles del pueblo argivo, esperando robar el Vellocino de Oro de la Cólquida, osando surcar las profundidades saladas en su nave veloz, barriendo las aguas azules con remos de abeto. La diosa misma que guarda las alturas de la ciudad, que unió la curva estructura al quilla de pino, hizo avanzar su nave con vientos ligeros. Aquella nave fue la primera en explorar el mar desconocido: así, mientras araba las aguas azotadas por el viento con su proa, y emblanquecía las olas agitadas con espuma de los remos, las Nereidas se alzaron de las deslumbrantes profundidades blancas del mar, asombradas por esta maravilla del océano. En aquellos y otros días, ojos mortales vieron a las ninfas marinas alzarse, cuerpos completamente desnudos, hasta sus pezones, de las blancas profundidades. Entonces Peleo, dicen, se inflamó de amor por Tetis, entonces Tetis no despreció el matrimonio con un mortal, entonces el propio Júpiter accedió al matrimonio de Tetis. ¡Oh héroes, nacidos en una era elegida, salve, raza divina! ¡Oh descendencia de una madre bendita, salve una vez más! A menudo os saludaré en mi canto. Y te saludo a ti, tan bendecido en tu afortunado matrimonio, jefe de la Tesalia del Pelión, a quien el propio Júpiter, creador de los dioses, cedió a su amada: ¿no te poseyó Tetis, la más encantadora de las Nereidas? ¿No te permitió Tetis llevarte a su nieta, y Océano, que abraza el mundo entero con el mar? Cuando al tiempo señalado se levantan las llamas anheladas, toda Tesalia se apiña en el palacio, las salas se llenan de una alegre asamblea: traen consigo regalos, declarando su alegría en sus miradas. Cieros está desierto: dejan el Tempe ftio, las casas de Crannon y las murallas de Larisa, se reúnen en Farsalia, se agolpan bajo los techos de Farsalia. Nadie cultiva los campos, los cuellos de los bueyes se ablandan, ni el arado curvo limpia bajo las vides, ni el buey arrastra la tierra hacia afuera con la hoja, ni la hoz aclara la sombra de los árboles frondosos, el tosco óxido ataca el arado descuidado. Pero el palacio resplandece brillante con oro y plata a través de todas las ricas y amplias salas. Las sillas de marfil brillan, las copas relucen en las mesas, todo el palacio alegrado con el esplendor de la riqueza real. En medio del palacio un lecho sagrado, verdaderamente gozoso para el matrimonio de la diosa, reluciente con marfil indio, teñido con los tintes rojos obtenidos del múrice púrpura. La tela representa en formas antiguas, con arte maravilloso, en toda su variedad, la excelencia de dioses y hombres. Aquí se ven las orillas resonantes de Naxos, Teseo, a bordo de su nave, desvaneciéndose rápidamente, observado por Ariadna, con pasión incontrolable en su corazón, sin creer aún que ve lo que ve, apenas despierta de un sueño engañoso, encontrándose abandonada miserablemente en arenas vacías. Pero el héroe indiferente que huye golpea las profundidades con sus remos, arrojando sus vanas promesas a los vientos tempestuosos. La chica minoica sigue contemplando la distancia, con ojos lúgubres, como la estatua de una Bacante, contempla, ¡ay!, y se hincha con grandes olas de dolor, ya no permanece el fino turbante en su cabello dorado, ya no está oculta por su vestido ligeramente velado, ya no el cinturón bien formado sujeta sus pechos blancos como la leche, todo ello disperso, deslizándose completamente de su cuerpo, juega a sus pies en el mar salado. Pero, sin importarle ahora el turbante o el vestido flotante, la chica perdida miraba hacia ti, Teseo, con todo su corazón, espíritu, mente. ¡Desdichada, para quien la brillante Venus reservó los espinosos cuidados del luto constante en tu corazón, desde aquel tiempo en que convinieron al belicoso Teseo, dejando las costas curvas del Pireo, llegar a las regiones cretenses del rey inflexible. Pues entonces forzados por una cruel plaga, dicen, como castigo, para absolver el asesinato de Androgeo, diez jóvenes escogidos de Atenas y diez muchachas solteras solían ser entregadas juntas como sacrificio al Minotauro. Con este mal se turbaron las estrechas murallas hasta que Teseo eligió ofrecerse por su querida Atenas en lugar de que tales atenienses muertos fueran llevados no muertos a Creta. Y así en una nave veloz y con suaves brisas llegó al gran Minos y a sus orgullosas salas. Tan pronto como la princesa echó su mirada sobre él con deseo, ella a quien el lecho casto nutrió, respirando dulces perfumes en el tierno abrazo de su madre, aún mientras los arroyos del Eurotas rodean un mirto que desprende sus variados colores a la brisa primaveral, no apartó sus ojos encendidos de él, hasta que concibió una llama por todo su cuerpo que ardió completamente hasta las profundidades de sus huesos. ¡Ah, tristemente el Joven incita una pasión inexorable en corazones castos, él que mezcla alegría y penas para los mortales, y ella que gobierna Golgos e Idalia frondosa, incluso ella, que agita la mente de una chica enamorada, a menudo suspirando por un extraño de cabello rubio! ¡Cuántos miedos sufre la chica en su débil corazón! ¡Cuántas veces palidece: más aún que el oro pálido. Mientras Teseo se dirigía ansioso a luchar contra el monstruo salvaje, ¡o se acercaba la muerte o la recompensa de la fama! Prometiendo pequeños regalos, no desagradables ni en vano, hizo sus oraciones a los dioses con labios cerrados. Ahora, como una tormenta arranca una rama de roble temblorosa, o un pino cónico con corteza resinosa, en las alturas del Monte Tauro, retorciendo su fuerza invicta en el viento (cae de cabeza, lejos, arrancado de raíz, destrozando todo y todo a su paso), así Teseo volcó el cuerpo conquistado de la bestia, sus cuernos inútiles derribados, vacío de aliento. Luego regresó, ileso, a gran gloria, guiado por el rastro errante del hilo fino, para que su salida del laberinto inestable del palacio no fuera impedida por algún error inadvertido. Pero ¿qué debo relatar, desviándome más del tema de mi poema: la chica, abandonando la vista de su padre, los abrazos de sus hermanas, y por último los de su madre, ella desdichada por la alegría de su hija perdida al preferir el dulce amor de Teseo a todo esto: o su ser llevada en barco a la orilla espumosa de Naxos, o su consorte con corazón indiferente desvaneciéndose, ella conquistada, sus ojos suavizándose en el sueño? A menudo fuertes gritos clamaron el frenesí en su corazón ardiente vertido desde las profundidades de su pecho, y luego subía los escarpados acantilados en su dolor, donde la vasta marea marina se extiende a la vista, luego corría contra las olas en el temblor salado, sosteniendo sus suaves ropas sobre sus desnudos muslos, y exclamaba lúgubremente esta última queja, un sollozo helado saliendo de su rostro húmedo: ‘Falso Teseo, ¿es por esto que me llevas de la tierra de mi padre, hombre infiel, para abandonarme en una orilla desierta? ¿Es así como te desvaneces, despreocupado del poder de los dioses, ¡ay!, indiferente, llevando a casa tus perjuros malditos? ¿Nada pudo alterar la medida de tu cruel mente? ¿Ninguna misericordia estuvo cerca de ti, hombre inexorable, para que pudieras compadecerte de mi corazón? Sin embargo, una vez me hiciste promesas con esa voz halagadora, me dijiste que esperara, no esta miseria, sino un matrimonio alegre, las anheladas canciones de boda, todo en vano, disperso en las brisas aéreas. Ahora, ninguna mujer debe creer las promesas de un hombre, ni creer que haya verdad alguna en las palabras de un hombre: cuando sus mentes están fijas en su deseo, no temen los juramentos, no perdonan sus promesas: pero tan pronto como la lujuria de su mente ávida está saciada, no temen las palabras, no les importa el perjurio. Seguramente yo te rescaté del medio de la tempestad del destino, y más, renuncié a mi medio hermano, a quien abandoné a ti con traición al final. Por eso me dejan para ser despedazada por bestias, y presa de aves marinas, sin sepultar, al morir, en la tierra dispersa. ¿Qué leona te parió bajo una roca desierta, qué mar te concibió y te escupió de las olas espumosas, qué Sirtes, qué fiera Escila, qué vasta Caribdis, tú que me devuelves esto, por el don de tu dulce vida? Si el matrimonio conmigo no estaba en tu corazón, porque temías los crueles preceptos de tu viejo padre, aún podrías haberme llevado de vuelta a tu casa, donde te habría servido, una esclava feliz en su tarea, lavando tus hermosos pies en agua clara, cubriendo tu cama con la tela púrpura. Pero ¿por qué quejarme al viento indiferente en vano? Está más allá del mal, y sin sentidos, incapaz de oír lo que se dice, sin voz para responder. Ya se está dirigiendo ahora hacia el medio del océano, y nada humano aparece en este páramo de algas. Así el cruel azar me atormenta en mis últimos momentos, incluso privando mis oídos de mi propio lamento. ¡Júpiter todopoderoso, ojalá las naves atenienses no hubieran tocado las orillas de Cnosos, desde el principio, llevando su carga fatal para el toro ingobernable, un capitán infiel amarrando sus cuerdas a Creta, un huésped maligno, escondiendo un propósito cruel bajo una hermosa apariencia, encontrando descanso en nuestras salas! Ahora, ¿a dónde puedo regresar? ¿De qué desesperada esperanza depender? ¿Buscaré las laderas de Ida? Pero el cruel mar con sus profundidades de agua divisoria me separa de ellas. ¿O esperaré la ayuda de mi padre? ¿No lo abandoné, para seguir a un hombre manchado con la sangre de mi hermano? ¿O debería confiar en el amor de un marido para consolarme? ¿Quién apenas dobla los remos lentos huyendo de mí? Más aún, estoy viva en una isla solitaria sin refugio, y no se ve escape de las olas oceánicas circundantes. No hay forma de volar, no hay esperanza: todo está mudo, todo está desierto, todo habla de ruina. Sin embargo, mis ojos aún no se cierran en la muerte, no hasta que mis sentidos hayan dejado mi cuerpo cansado, hasta que la verdadera justicia sea dictada por los dioses, y la divina ayuda que ruego en mi última hora. Así que vosotras, Euménides que castigáis vengando los crímenes de los hombres, vuestras frentes coronadas con cabello serpentino, llevando ira en vuestro aliento, aquí, aquí, venid a mí, escuchad mis quejas, que yo, desdichada ¡ay!, forzo, debilitada, ardiendo, desde el tuétano de mis huesos, ciega de rabia loca. Puesto que estas verdades nacen en las profundidades de mi pecho, no permitiréis que mi lamento os pase desapercibido, sino que como Teseo me dejó sola, por su intención, diosas, por esa voluntad, perseguidlo a él y a los suyos con asesinato.’ Cuando estas palabras hubieron salido de su triste pecho, la chica turbada rogando acciones crueles, el jefe de los dioses asintió con voluntad invencible: ante lo cual la tierra y el mar cruel temblaron y las estrellas brillantes se agitaron en los cielos. Ahora la mente de Teseo se llenó de una niebla oscura y todas las instrucciones que había tenido fijas en la memoria antes de esto, fueron borradas de sus pensamientos, sin levantar la dulce señal a su padre en duelo, cuando el puerto de Atenas apareció a la vista. Pues dicen que cuando Egeo se separó de su hijo, mientras la nave de la diosa dejaba la ciudad, lo cedió al abrazo del viento con estas palabras: ‘Hijo, más querido para mí que mi larga vida, hijo, a quien abandoné por azar incierto, recientemente devuelto a mí en los últimos días de mi vejez, ya que mi destino y tu feroz virtud te arrancan de mí, contra mi voluntad, cuyos ojos fallidos aún no están saciados con el rostro de mi querido hijo, no te envío feliz con corazón gozoso, ni te permito llevar banderas de buena fortuna, sino que empiezo con las muchas tristezas en mi mente, manchando mis cabellos blancos con tierra y ceniza esparcida, luego cuelga lienzo inacabado del mástil errante, para que la vela oscurecida de lúgubre lino español pueda hablar el dolor y la pasión en mi mente. Pero si aquel que habita en la sagrada Itón, que prometió defender al pueblo y la ciudad de Erecteo, te permite mojar tu mano con la sangre del toro, entonces asegúrate de que este mandato sea cumplido, enterrado en tu corazón que recuerda, para no ser borrado por el tiempo: que tan pronto como pongas los ojos en nuestras colinas, despoja completamente la tela oscura de las vergas, e iza velas blancas con tus cuerdas trenzadas, para que viéndolas desde el principio, conozca la alegría en mi corazón feliz, cuando un tiempo feliz revele tu regreso.’ Estas palabras a Teseo, una vez constantes en la mente, se desvanecieron como nubes de nieve golpeadas por una ráfaga de viento en las cumbres de altas montañas. Pero cuando su padre, buscando la vista desde la altura de la ciudadela, lágrimas interminables inundando sus ojos ansiosos, vio por primera vez las velas de tela oscura, se arrojó de cabeza desde la altura del acantilado, creyendo a Teseo perdido por el destino inexorable. Así el fiero Teseo entró en el palacio de luto por la muerte de su padre, y conoció el mismo dolor de mente que había causado a la descuidada Ariadna, ella que miraba entonces donde su nave se había desvanecido meditando los muchos cuidados en su corazón herido. Pero el brillante Baco se apresura de otra parte con su coro de Sátiros y Silenos de Nisa, buscándote, Ariadna, ardiendo de amor por ti. ……………………………………………..**……………………………………………..**En éxtasis sus Bacantes deliran locamente, enajenadas en mente, con gritos de ‘¡euhoe!’ y cabezas sacudidas, algunas blandían el tirso con la punta oculta, algunas agitaban los miembros desgarrados de los toros, algunas se coronaban con serpientes entrelazadas, algunas celebraban los ritos secretos de la caja hueca, ritos que deseaban que los profanos oyeran en vano: otras golpeaban los tambores con la palma de sus manos, o producían un claro resonar de címbalos redondeados: soplaban interminables llamadas estridentes en las trompas y la flauta bárbara chirriaba con temibles melodías. Tales las espléndidas obras de tapicería figurada cubriendo el lecho sagrado que su tela abrazaba. El pueblo de Tesalia, después de mirar ansiosamente, quedó satisfecho, comenzaron a dejar el santuario de la diosa. Como Céfiro agita las olas dispuestas, rizando el mar plácido con la brisa matutina, mientras Aurora se levanta hacia el umbral del Sol errante, de modo que al principio se mueven lentamente golpeadas por un suave soplo, y su salpicar resuena con ligero lamento, mientras después aumentan, hinchándose más y más, y reflejan el rojo del amanecer a lo lejos mientras se levantan: así, aquí y allá, con pies errantes la multitud se dispersa hacia sus hogares, dejando el patio del palacio real. Tras su partida llegó Quirón, el líder de los Centauros, desde el escarpado Pelión llevando regalos del bosque: pues lo que los campos dan, lo que el país de Tesalia produce en las altas cumbres, lo que las flores a orillas del río la fecundidad del cálido viento del oeste produce, lo trajo tejido en guirnaldas confusas, para que el palacio sonriera, encantado por fragancias felices. Al instante llegó Peneo al verde Tempe, Tempe, cuyos bosques colgantes lo rodean por arriba, dejando a Pasifae para ser honrada por la danza del mar: no con las manos vacías, ya que llevaba un alto haya por las raíces, y laurel de hoja larga de un tronco recto, y no sin un planeo inclinado, y álamo flexible, hermana del quemado Faetón, y ciprés aéreo. Los colocó tejidos, aquí y allá, alrededor de la casa hasta que el patio se puso verde, velado con follaje fresco. Prometeo lo siguió, hábil de mente, mostrando débiles rastros de su antiguo castigo, cuando una vez sufrió, colgado en apretadas cadenas del alto saliente de roca. Luego el padre de los dioses con su sagrada consorte, y sus hijos, descendieron de los cielos, dejando atrás solo a ti, Febo, y a la que nació junto contigo, ella que vive en las laderas de Ida: Peleo aún es despreciado por ambos, tú y tu hermana, y no celebraréis las antorchas de la boda de Tetis. Luego los dioses sentaron sus miembros en los blancos bancos, en mesas ricamente colmadas de variados alimentos, mientras, moviendo sus cuerpos en danza temblorosa, las Parcas comenzaron a pronunciar su canto profético. Un temblor se apoderó de sus cuerpos, sus tobillos blancos completamente cubiertos por el dobladillo rojo de sus vestidos, y una cinta roja rodeando su cabello blanco, y sus manos estaban ocupadas, como siempre, en su trabajo eterno. La mano izquierda sostenía la rueca, enrollada con lana suave, luego la derecha, sacando el hilo ligeramente, lo moldeaba con dedos hacia arriba, luego, retorciéndolo bajo el pulgar, hacía girar el huso nivelado en suave rotación, y a menudo un diente que pellizcaba igualaba las hebras, y fragmentos de lana, que una vez sobresalían de los hilos ligeros, se adherían a sus labios secos: y, delante de sus pies, lana brillante de un vellón suave era guardada por una cesta tejida de sauce. Entonces con voz clara, apartando el vellón, vertieron estas profecías en canto divino, canto que no sería demostrado erróneo, por ninguna cantidad de años. ‘Defensa de Tesalia, el más querido de los descendientes de Júpiter, añadiendo gloria maravillosa a tus grandes poderes, acepta lo que las alegres hermanas traen a la luz, verdaderos oráculos: pero vosotros que acompañáis el destino, volad, guiando hilos: volad, huso. Ahora Héspero te trae la anhelada novia, la esposa se acerca bajo una estrella afortunada, quien derrama su corazón a ti con tierno amor, y se prepara a acostarse contigo en sueño lánguido, extendiendo sus delicados brazos bajo tu fuerte cuello. Volad, guiando hilos: volad, huso. Ninguna casa ha albergado jamás tal amor, ningún amor ha unido jamás amantes en tal unión, aún cuando la armonía llega a Tetis y a Peleo. Volad, guiando hilos: volad, huso. Un hijo, Aquiles, nace para ti, libre de miedo, notorio por nunca dar la espalda a un enemigo, fuerte de corazón, quien, a menudo vencedor en la inestable carrera a pie, supera al veloz ciervo con cascos ardientes. Volad, guiando hilos: volad, huso. Ningún héroe se atreve a enfrentarlo en batalla, cuando los ríos frigios fluyen con la sangre del pueblo de Teucro, y el tercer heredero del engañoso Pélope arrasa las murallas de Troya, sitiada en la fatigosa guerra. Volad, guiando hilos: volad, huso. A menudo las mujeres en los funerales de sus hijos lamentan sus ilustres poderes y brillantes hazañas, mientras el cabello descuidado les cae sobre sus cabezas blancas, y manos débiles marcan sus pechos marchitos. Volad, guiando hilos: volad, huso. Ahora, como un segador que siega prematuramente las densas espigas, siega los campos dorados bajo sus ávidos pies, destruye los cuerpos troyanos con su fiera espada. Volad, guiando hilos: volad, huso. Las olas del Escamandro que caen en cascada al veloz Helesponto darán testimonio de su gran valor, su paso estrechado por los cuerpos amontonados de los muertos, las aguas profundas mezcladas con sangre caliente. Volad, guiando hilos: volad, huso. Al fin, será testigo también de un precio de muerte pagado, cuando una tumba amontonada junto al alto terraplén reciba el cuerpo blanco y liso de una joven virgen sacrificada. Volad, guiando hilos: volad, huso. Luego, como la suerte concede las riquezas de la ciudad troyana a los griegos cansados, soltando el vínculo de Neptuno, el alto túmulo será empapado con la sangre de Polixena: quien, inclinándose como un sacrificio a la espada de doble filo, caerá de rodillas, un cadáver mutilado. Volad, guiando hilos: volad, huso. Así, cumplid los deseos de vuestros corazones, uníos en el amor. Que el marido acepte a su diosa en contrato gozoso, ahora que la novia sea entregada a su amante compañero. Volad, guiando hilos: volad, huso. La nodriza que regrese al amanecer no rodeará su cuello con la cinta de ayer, ni la madre ansiosa junto al lecho triste de una hija turbada, renunciará a la esperanza de queridos nietos. Volad, guiando hilos: volad, huso.’ Tal el canto antaño cantado de feliz profecía a Peleo, desde los divinos corazones de las Parcas. Una vez los dioses en persona visitaron las casas puras de los héroes, y se mostraron a la multitud mortal, los dioses aún no estaban acostumbrados al desprecio de los hombres por la piedad. A menudo el padre de los dioses, revisitando su templo brillante, cuando los ritos anuales llegaban en los días santos, veía cien toros tendidos en el suelo. El errante Baco a menudo guiaba a las Bacantes gritando, con su cabello suelto, en la alta cumbre del Parnaso, cuando todos apresurándose en emulación desde la feliz ciudad de Delfos recibían al dios con altares humeantes. A menudo en las luchas fatales de la guerra, Marte, o la veloz Minerva, señora del lago Tritonis, o la virgen Artemisa aparecían para exhortar a las multitudes de hombres armados. Pero después la tierra fue contaminada por la impiedad malvada y todos huyeron de la justicia con mentes ávidas, la mano del hermano se manchó con la sangre de un hermano, el hijo dejó de llorar por sus padres muertos, el padre eligió la muerte del hijo menor para adquirir una sola mujer en su plenitud, la madre impía se extendió bajo el hijo ignorante, sin miedo a profanar el santuario doméstico. Toda piedad se confundió con la impiedad en frenesí malvado apartando la voluntad justa de los dioses de nosotros. Así, tales como ellos no visitan nuestros matrimonios, ni se permiten acercarse a nosotros, a la luz del día.
Pintura representando una escena mitológica con figuras danzando
Poema 65: La Promesa: a Hortalo
Comentario: Catulo se disculpa con su amigo Hortalo (quizás Quinto Hortensio Hortalo, un orador) por no poder enviarle poesía debido a su abrumador dolor por la muerte de su hermano. Compara su incapacidad para componer con una chica que pierde una manzana oculta, un regalo de su amante. Promete enviar versos a imitación de Calímaco a pesar de su tristeza.
Aunque estoy continuamente agotado por el dolor del duelo, alejado, Hortalo, de las eruditas muchachas, incapaz de dar el dulce fruto de las Musas, la mente turbada por tantos sentimientos oscuros (pues últimamente el agua que fluye en las profundidades del Leteo baña los pálidos pies de mi hermano, a quien, arrancado de mis ojos, la tierra aplasta bajo la orilla del troyano Reteo. ¿Nunca más te veré, hermano más encantador que la vida? Pero siempre te amaré, es cierto, siempre cantaré tu muerte en canción lúgubre, como Prone de Daulia canta en la densa sombra de las ramas, lamentando el destino del muerto Ítilo) incluso en tan gran tristeza, Hortalo, todavía te envío estos versos a imitación de Calímaco, no sea que pienses que tus palabras sin buena razón se han perdido de mi mente en el viento que pasa, como la manzana enviada como regalo secreto de un amante rueda del pecho de la chica casta, colocada bajo la ropa suave, tristemente olvidada, hasta que, al levantarse de golpe ante la llegada de su madre, se sacude y rueda en descenso vertiginoso, dejando un rubor conocedor en su triste rostro.
Poema 66: El Mechón de Pelo: Berenice
Comentario: Una traducción del “Mechón de Berenice” de Calímaco. El poema es hablado por un mechón del cabello de la reina Berenice, que ella dedicó como voto por el regreso seguro de su marido y que posteriormente fue transformado en una constelación. El mechón narra su viaje a los cielos y expresa su anhelo por su ama. La traducción de Catulo de Calímaco demuestra su compromiso con la poesía helenística y su habilidad para manejar temas eruditos y mitológicos.
Aquel que contempló todas las luces en los vastos cielos, que aprendió el orto y el ocaso de las estrellas, cómo se oscurece la belleza ardiente del sol veloz, cómo desaparecen las constelaciones en momentos fijos, cómo el dulce amor tienta a Diana, pasando secretamente cerca de los acantilados del Latmo, en su curso aéreo: ese mismo Conón, el astrónomo, me vio brillar intensamente en el umbral del cielo, un mechón de cabello de la cabeza de Berenice, ella que extendiendo sus delicados brazos hizo promesas a una multitud de dioses, en aquel tiempo en que el gran rey recién casado se había ido a devastar las fronteras de Asiria, llevando dulces rastros de contienda nocturna, esos que se producen por los despojos vírgenes. ¿Es realmente odiada Venus por las novias? ¿Es engañada la alegría de los padres por sus falsas lágrimas, derramadas copiosamente dentro del umbral del lecho? Si fuera verdad que suspiraban, no habrían apoyado tanto mi divinidad. Mi reina me enseñó eso, con sus muchos y dolorosos lamentos, cuando su nuevo marido se fue a la cruel batalla. ¿Y no es el duelo de un lecho vacío lo que lloras, sino la lacrimosa separación de un querido hermano? ¡Qué tristes cuidados corroen el núcleo del corazón por dentro! ¡Como si, turbada, tu mente estuviera totalmente perdida, privada de todo sentimiento en tu pecho! Pero reconozco la verdadera grandeza en una chica. Seguramente no se olvida aquel valiente acto por el cual se ganó un reino para un marido, que nadie más fuerte se atrevió? Pero ¡qué tristes palabras se dijeron al despedir a este marido! ¡Júpiter, cuántas veces te rozó la mano los ojos! ¿Qué dios te ha cambiado tanto? ¿O es el deseo de un amante de no estar ausente del amado cuerpo por mucho tiempo?’ Y, también, me prometiste, a todos los dioses, no sin sangre de toros, por tu querido marido, si traía su regreso. No tardó en añadir la Asia cautiva a los límites de Egipto. Cumplo las promesas anteriores, por esos hechos, con este nuevo tributo que me une a los cielos. De mala gana, ¡oh Reina, fui separada de tu cabello, de mala gana: lo juro por ti y por esa cabeza tuya, que es digna, aunque uno jurara en vano: pero quién podría pretender ser igual al acero mismo? Incluso la montaña es derribada por él, el mayor y brillante hijo de las costas de Macedonia, superado cuando los persas crearon un nuevo mar, cuando los bárbaros condujeron su flota por medio del Athos. ¿Qué puede hacer el cabello cuando tales cosas caen ante la hoja? ¡Por Júpiter, que perezca toda la tribu de los cálibes, y aquellos que primero buscaron las vetas de metal bajo la tierra, y cómo cortar cosas duras con hierro! Hace poco las hermanas lloraban mi destino como un mechón cortado, cuando, de Locris, Arsinoé envió los caballos alados del propio Memnón etíope, batiendo, con alas temblorosas, el aire de Céfiro, el Viento del Oeste, su hermano nacido con él, y transportándome a través del cielo sombrío, voló y me colocó en el regazo de la casta Venus. La propia Arsinoé envió allí a su sirviente, habitante griego de la costa canópica. Mi llegada cambió los cielos, para que la corona dorada de la frente de Ariadna no estuviera sola fija en el cielo brillante: sino, para que yo también brillara, fiel despojo de aquel cabello dorado, la diosa pasando, mojada por el diluvio, al templo de los dioses, me colocó como una nueva constelación entre las antiguas. Pues, tocando las estrellas de la Virgen y el salvaje León, unida a Calisto, hija de Licaón, caigo hacia el oeste, guiando al lento Boyero, que se funde tardíamente con el profundo Océano. Pero aunque los pasos de los dioses me tocan de noche, la luz aún me devuelve al mar antiguo. (Sépanlo, con vuestro permiso, Destino, Virgen Ramnusia, ya que nada oculto de la verdad por miedo, ni, aunque las estrellas me dispersen con palabras furiosas, elijo ocultar la verdad enterrada del corazón.) No me deleito en estas cosas, tanto como sufro por estar separada, separada del cabello de mi señora, con el cual, cuando la chica solía probar todos los perfumes, yo misma absorbía miles. Ahora vosotras, a quienes unen las anheladas antorchas nupciales, no entreguéis vuestros cuerpos al abrazo mutuo, desnudando vuestros pechos al quitaros la ropa, antes de que el ónice me deleite con su don placentero, vuestro ónice, vosotras que por derecho adornáis el lecho casto. Pero ella que se entrega a adulterios impuros, que absorba del pecado el don vano de polvo ligero: ya que no busco premio de quienes no lo merecen. Pero que una gran armonía, ¡oh novias, habite siempre en vuestra casa, amor continuo siempre. Tú, mi Reina, cuando veas tu divina constelación, al aplacar a Venus con luces festivas, no me dejes libre de tus perfumes, sino dótame con dones mayores. ¡Ojalá cayeran las estrellas! Me convertiría en cabello real, ¡y entonces que Orión brille junto a Acuario!
Pintura representando figuras mitológicas
Poema 67: Sobre la Puerta Adúltera de Alguien
Comentario: Un poema único en el que Catulo pregunta a la puerta de una casa sobre los escándalos sexuales que han ocurrido dentro. La puerta relata historias de adulterio e incesto que involucran a la familia del nuevo propietario. Esta perspectiva inusual permite a Catulo entregar chismes y sátira desde el punto de vista de un objeto inanimado.
¡Oh, salve, dulce puerta, agradable a un marido, agradable a un padre, y que Júpiter te añada su virtuoso poder, que serviste fielmente a Balbo, dicen, por un buen tiempo, cuando el viejo poseía la casa él mismo, y serviste al hijo, por el contrario, bastante mal, se dice, cuando te convertiste en regalo de boda con el viejo muerto. Vamos, dinos, por qué exhibes este cambio, abandonando viejas lealtades de propiedad? ‘No es culpa mía (agrado a este Cecilio, a quien ahora he sido entregado), aunque se dice que es mía, no es pecado mío que cualquiera pueda decir algo: verdaderamente una puerta de tu gente te responde, a mí, a quienquiera que se descubra alguna mala acción, todos gritan: “Es tu culpa, puerta.”‘ No basta decir eso, con una palabra, sino que debes hacer lo que cualquiera pueda ver y saber. ‘¿Cómo puedo? ¿Nadie pregunta ni se molesta en saber? Lo haré, dime, no dudes. ‘Bueno, primero, la virgen, dicen, que nos fue entregada, era falsa. El marido no fue el primero en tocarla, aquel cuya espada cuelga más flácida que una remolacha tierna, sin levantar nunca la mitad de su túnica: pero dicen que el padre violó el lecho de su hijo, y deshonró la desafortunada casa, o bien porque su impía mente ardía con lujuria ciega, o bien porque el hijo era inútil, con semilla estéril, así que fue necesario buscar a uno más vigoroso, que pudiera desatar su cinto virginal.’ Hablas de un padre ilustre con piedad asombrosa. Que viene en el regazo de su propio hijo. ‘Y Brescia bajo los acantilados de Cicnea, que Mella dorado con agua dulce atraviesa, Brescia querida madre de mi Verona, dice que no es el único conocido por haberla tenido, sino que habla de Postumio y Cornelio con pasión, con quienes cometió vil adulterio. ¿Aquí alguien habrá dicho? “¿Cómo sabes, puerta, a quien nunca se le permite dejar el umbral de su amo, ni escuchar a la gente, sino fijada a este poste, tan acostumbrada a abrir y cerrar la casa?” A menudo la he oído sola en voz furtiva hablar a sus sirvientas sobre sus pecados, los nombres que he dicho siendo pronunciados, ella esperando que yo no tuviera ni habla ni oído. Además, añadió, alguien más, cuyo nombre no quiero decir, no sea que levante su roja ceja. Es un hombre alto, que litigó un gran pleito una vez, sobre un falso embarazo en un vientre mentiroso.’
Poema 68: Amistad: a Manlio
Comentario: Un poema complejo y emocional dirigido a su amigo Manlio, quien le ha escrito a Catulo buscando consuelo o poesía. Catulo explica su incapacidad para brindar consuelo o componer versos alegres debido a su profundo dolor por la muerte de su hermano y su continuo sufrimiento en el amor. Toca temas de amistad, pérdida, amor y el propósito de la poesía. Esto también sirve como un punto general sobre cómo los poetas capturan diversas relaciones humanas, aunque las poemas para sobrinos de tías específicos son un nicho temático distinto.
Que me envíes esta carta, escrita con lágrimas, a mí, aplastado por el destino y la amarga desventura, para que me levante, y regrese del umbral de la muerte, uno naufragado, arrojado por las olas espumosas del mar, uno a quien la sagrada Venus priva del sueño suave, abandonado, soportando un lecho vacío, sin deleitarse en los dulces cantos de la Musa de los poetas antiguos, acostado despierto toda la noche con una mente ansiosa: eso me complace, ya que me llamas amigo, y buscas aquí los dones de las Musas y Venus. Pero en caso de que mis problemas no te sean conocidos, Manlio, o pienses que me desagradan los deberes de un amigo, permíteme contar las olas de la desgracia en las que yo mismo me hundo, no sea que busques más ricos dones de un hombre desdichado. En aquel tiempo, cuando se me entregó la primera toga blanca, cuando mi juventud pasó floreciendo por la feliz primavera, jugué más que suficiente: la diosa no me era desconocida, la obra que mezclaba lo amargo con lo dulce. Pero todos mis estudios se perdieron en el dolor por la muerte de mi hermano. ¡Oh desdichado, haberme quitado a mi hermano: tú, hermano, tú, al morir, arruinaste mi buena fortuna, contigo toda nuestra casa está enterrada, contigo perecen todas nuestras alegrías en una, que tu amor nutrió en dulce vida. De modo que, arruinado en pensamiento, abandono esos estudios y todas las delicias de la mente. Por lo tanto, cuando dices que es vergonzoso para Catulo estar en Verona, que aquí alguien conocido solo calienta miembros fríos en un lecho vacío, no es vergonzoso, Manlio, mi tristeza es grande. Así que perdóname si no te otorgo esos dones que el duelo me quita, mientras no puedo. Ya que no hay gran provisión de libros aquí conmigo, necesito vivir en Roma: allí está mi casa, allí está mi lugar, allí paso mi tiempo: solo una de mis muchas cajas de libros me sigue aquí. Ya que es así, no pienses que hago algo con mala intención, o que me falte en absoluto noble sentimiento: es en ti y en nadie más en quien busco prodigar riquezas: además, ofrecería cualquier riqueza que tuviera.
Poema 68b: Conmemoración: a Alio
Comentario: Considerado por algunos como una continuación del Poema 68, este poema conmemora la bondad de Alio (o Malio/Manlio), quien proporcionó a Catulo y a su amante (probablemente Lesbia) una casa para su romance. Catulo expresa una profunda gratitud, contrastando la fidelidad de Alio con la infidelidad de otros. Incluye el conmovedor lamento por su hermano muerto y una digresión mitológica sobre Laodamía y Protesilao.
No puedo ocultar, diosas, las cosas en las que Alio me ayudó, o cuántos servicios ha realizado, no sea que el tiempo fugaz en edades olvidadizas oculte esta bondad suya en ciega noche: pero os lo cuento a vosotras: hablad a muchos futuros miles y que este papel hable en su vejez, ……………………………………………..**……………………………………………..y que los muertos se vuelvan más y más famosos, que la araña hilando su fina tela en lo alto no realice su tarea sobre el nombre descuidado de Alio. Pues sabéis cuán inconstante Venus me habría turbado, y de qué manera pudo haberme quemado, cuando yo pudo haber ardido como las rocas sicilianas, o las aguas de Malis en las Termópilas Oeteanas, mis ojos afligidos no cesaron de derretirse con lágrimas interminables, mis mejillas se inundaron de una lluvia triste. Entonces como un arroyo de montaña brillando en las alturas aéreas, brotando de roca musgosa, que, habiendo caído de cabeza de valles inclinados, atraviesa el medio de regiones densamente pobladas, dulce consuelo para el labor fatigoso de los viajeros, cuando el calor feroz agrieta los campos secos: como un viento favorable que llega soplando ligeramente al marinero sacudido en la negra tempestad, ahora orando a Pólux, ahora implorando a Cástor, tal fue la ayuda de Alio para mí. Abrió el campo cerrado con un amplio camino, y nos concedió a mí y a mi chica una casa, donde continuamos nuestro asunto mutuo, a la cual mi brillante diosa acudía con pasos suaves, posó sus elegantes sandalias en el umbral desgastado, descansó sus pies brillantes, como una vez con ardiente pasión Laodamía llegó a la casa, comenzada en vano, de Protesilao su marido, el sacrificio aún no apaciguando el amor de los dioses por la sangre sagrada. Nada me plazca mucho, Destino, Virgen Ramnusia, que quizás recibas sin querer. Laodamía aprendió de la pérdida de su marido cómo el altar hambriento desea sangre sagrada: se vio forzada a soltar el cuello de su nuevo esposo, antes de que un invierno, y otro que regresaba, hubieran saciado el ansioso amor con sus largas noches, para que pudiera aprender a vivir sin un marido perdido, a quien las Parcas sabían que no viviría mucho si iba como soldado a las murallas de Troya. Pues ahora el rapto de Helena había forzado a los nobles griegos a levantar a sus hombres para Troya, Troya (¡el mal!) una tumba común para Asia y Europa, Troya la amarga ruina de hombres y de toda virtud, ¿no has traído siquiera la muerte de mi hermano? ¡Oh, ay del hermano arrebatado de mí, oh, ay la luz brillante de un hermano perdido, contigo toda nuestra casa está enterrada, contigo perecen todas nuestras alegrías en una, que tu amor nutrió en dulce vida. Tú que, lejos, no estás enterrado entre tumbas famosas, ni cerca de las cenizas de los conocidos, sino que la vil Troya, la infeliz Troya, guarda tu tumba, en el suelo más lejano de una tierra extranjera. A la cual dicen que los hombres de Grecia se apresuraron desde todas partes, abandonando sus santuarios domésticos, no sea que París, complacido, se llevara a su antojo, a un lecho tranquilo, a la adúltera que había raptado. Por tu desgracia, entonces, encantadora Laodamía, tu marido te fue arrebatado, más querido para ti que la vida y el espíritu: la pasión del amor, tragándote en un torbellino, te llevó al empinado abismo, como dicen que se secó el suelo del griego Feneo cerca de Cilene, cuando se drenó la espesa ciénaga, que Hércules, el de estirpe divina, una vez se atrevió a abrir, en el tuétano excavado de las montañas, cuando sus seguras flechas golpearon a las aves Estinfalias, a las órdenes de un amo peor, para que el umbral de los cielos pudiera ser frecuentado por más dioses, y Hebe no permaneciera virgen mucho tiempo. Pero tu profundo amor, que enseñó a una chica indómita a soportar el yugo, fue aún más profundo que aquel abismo. Ya que el nieto criado por una hija única no es tan querido por su padre, hijo de su vejez, que, cuando el nombre del niño apenas se inscribe en el testamento del abuelo, disponiendo de sus riquezas, eliminando la alegría impía de la familia despectiva, ahuyenta a los buitres de su cabeza blanca: ninguna esposa fue jamás tan agradable para una paloma blanca, que dicen que a menudo pecaminosamente da muchos más besos picoteando con su pico, que cualquier mujer que más allá de toda medida anhela tanto. Pero solo tú superas su gran pasión, tú que eres ganada para siempre por un hombre de cabello dorado. Tú, a quien la luz de mi vida concedió poco o nada en valor, cuando se entregó en mi regazo, quien a menudo brillaba, con Cupido correteando a su alrededor, brillante en su túnica azafranada. Incluso si aún no está contenta solo con Catulo, soportaré los asuntos infrecuentes de una amante tímida, no sea que sea demasiado molesto a la manera de los tontos. A menudo incluso Juno, la más grande de las diosas, se traga su ardiente ira ante los pecados de su esposo, conociendo los muchos asuntos del siempre dispuesto Júpiter. Y los hombres no se comparan con los dioses, ……………………………………………..**……………………………………………..soportan la ingrata carga de un padre preocupado. Sin embargo, no guiada por la mano de su padre, ella viene a mí, a la casa, fragante con perfumes asirios, me trae el maravilloso regalo en la noche secreta, ella misma, robada del pecho de su marido. Y eso es suficiente, si solo eso se me concede, que ella marque ese día con una luz más brillante. Esto entonces, Alio, para ti, lo que puedo, un regalo hecho de canto, a cambio de tu amistad, no sea que este día y aquel, y otros sobre otros, toquen tu nombre con corrosiones de óxido. Y que los dioses añadan más a esto, esos dones que Temis solía traer a los piadosos de antaño. Que seas feliz, tanto tú como tu vida, tanto tu casa en la que nos alegramos, y la dama, y aquel que primero te dio a mí, de cuya fuente nació todo nuestro bien, y ella, antes que todo, más querida para mí que él, luz de mi vida, por cuya existencia, vivir me es dulce.
Pintura de figuras mitológicas entrando a una habitación
Poema 69: Oloroso: a Rufo
Comentario: Catulo se dirige a Rufo, explicando por qué ninguna mujer lo desea: tiene un olor terrible (“una cabra salvaje bajo las axilas”). Le aconseja sin rodeos a Rufo que se deshaga del olor si quiere atraer mujeres.
No me sorprende por qué ninguna chica desea poner sus tiernos muslos debajo de ti, Rufo, ni siquiera si la debilitaras con regalos de vestidos raros, los deleites de las gemas más claras. Una cierta historia malvada te hiere: que cuentan de ti: que tienes una cabra salvaje bajo las axilas. Todos odian eso, no es de extrañar: ya que es una bestia verdaderamente maloliente, no una con la que las chicas se acuestan. Así que o matas la cruel plaga para sus narices, o dejas de sorprenderte por qué huyen.
Poema 70: Fidelidad de Mujer
Comentario: Un epigramas corto y cínico que reflexiona sobre la naturaleza efímera de las promesas de una mujer en el amor. Catulo afirma que su chica dice que se casaría solo con él, pero tales palabras deben ser desestimadas como tan transitorias como el viento o el agua que corre.
Mi chica dice que prefiere no casarse con nadie más que conmigo, ni siquiera si el propio Júpiter se lo pidiera. Ella dice: pero lo que una chica dice a su amante ansioso, debería escribirse en el viento y en el agua que corre.
Poema 71: Venganza
Comentario: Un poema breve y grosero que se regodea con satisfacción en las dolencias físicas (olor corporal y gota) de un rival que está involucrado con su amante. Catulo ve su sufrimiento durante el sexo como una forma de venganza.
Si el olor a cabra bajo los brazos impide justamente a alguien, o si una gota lenta los incapacita merecidamente, tu rival, que mantiene ocupada a tu amante, es descubierto por ti maravillosamente enfermo de ambos. Ahora, cada vez que la folla, te vengas de la pareja: ella está turbada por el olor, él está arruinado por la gota.
Poema 72: Familiaridad: a Lesbia
Comentario: Un poema fundamental en el ciclo de Lesbia, que expresa la dolorosa paradoja del amor y la estima. Catulo le dice a Lesbia que conocerla mejor, paradójicamente, lo ha hecho arder más ferozmente de amor, pero la valora menos. La familiaridad ha erosionado el respeto que una vez sintió por ella como un padre por sus hijos, dejando solo pasión atormentada.
Una vez dijiste que preferías solo a Catulo, Lesbia: no habrías tenido a Júpiter antes que a mí. Te apreciaba entonces no como un amante común, sino como un padre aprecia a sus hijos, a su familia. Ahora te conozco: así, aunque ardo más ferozmente, sin embargo, vales mucho menos para mí, y eres más insignificante. ¿Cómo es eso, preguntas? El dolor de tal amor hace que un amante ame más, pero valore menos.
Pintura de figuras mitológicas
Poema 73: Amigo Fallido
Comentario: Una amarga reflexión sobre la ingratitud humana. Catulo desaconseja ser amable con todos, ya que a menudo se encuentra con la falta de agradecimiento. Se siente más herido por alguien a quien consideraba su amigo más cercano, ilustrando su desilusión con la lealtad.
Deja de querer ser amable con todos, o de creer que alguien puede volverse bueno. Todos son ingratos: ser generoso no logra nada, más bien cansa incluso, y daña enormemente: así conmigo, a quien nadie oprime tan pesada, amargamente, como aquel que una vez me consideró su único amigo.
Poema 74: Seguridad: a Gelio
Comentario: Un escándalo epigramas sobre Gelio, quien evita la posible crítica de su tío sobre asuntos sexuales seduciendo a la esposa del tío. Al involucrarse en incesto adúltero, Gelio asegura el silencio de su tío, convirtiéndolo efectivamente en un “Harpócrates silencioso”.
Gelio había oído que su tío solía reprender a cualquiera que realizara o hablara de los deleites del amor. Para evitar esta desgracia él mismo, sedujo a la esposa de su tío, e hizo de su tío un Harpócrates silencioso. Lo que quería, lo hizo: pues, ahora, aunque sodomizara a su propio tío, su tío no diría una palabra.
Poema 75: Encadenado: a Lesbia
Comentario: Una expresión corta y poderosa de la profundidad del enredo emocional de Catulo con Lesbia. Su mente ha sido tan corrompida y arruinada por sus faltas y su servicio a ella que, paradójicamente, es incapaz de desearle el bien incluso si fuera virtuosa, ni de dejar de amarla incluso si estuviera en su peor momento. Está emocionalmente atrapado.
Mi mente ha quedado reducida a esto, por tus faltas, Lesbia, y se ha arruinado tanto en tu servicio, que ahora no podría desearte el bien, aunque te convirtieras en lo mejor, ni dejar de amarte si haces lo peor.
Poema 76: Amabilidad Pasada: a los Dioses
Comentario: Una oración sentida a los dioses, donde Catulo reflexiona sobre su pasada virtud y fidelidad (contrastando con el comportamiento de Lesbia) y ruega por la liberación del tormento de su amor por ella. Reconoce la dificultad de dejar ir, pero lo presenta como su única salvación. Ya no pide su amor o castidad, solo la libertad de su sufrimiento.
Si recordar las buenas acciones pasadas es placentero para un hombre, cuando se considera virtuoso, sin violar lazos sagrados, ni usar los nombres de los dioses en ningún contrato para engañar a los hombres, entonces te quedan muchos placeres, Catulo, en el resto de la vida, debido a esta pasión ingrata. Ya que todo el bien que un hombre puede hacer o decir a alguien, ha sido dicho y hecho por ti. Todo, que confiado a un corazón ingrato, se pierde. ¿Por qué atormentarte entonces más? ¿Por qué no endurecer tu mente, y encogerte de ella, y dejar de ser infeliz, ya que los dioses son hostiles? Es difícil dejar ir de repente un amor pasado, es difícil, pero te gratificaría hacerlo: esa es tu única salvación. Eso es para que lo pruebes, para que intentes, si puedes o no. ¡Oh, dioses, si la misericordia es vuestra, o si alguna vez trajisteis ayuda a un hombre en el momento mismo de su muerte, mirad mi dolor y, si he vivido puramente, quitadme esta plaga, esta destrucción, para que el torpor que se arrastra en las profundidades de mi cuerpo ahuyente toda alegría de mi corazón. Ya no pido que ella me ame de frente, o, lo imposible, que sea casta: elijo la salud, y librarme de esta asquerosa enfermedad. ¡Oh, dioses, concededme esto por toda mi amabilidad.
Poema 77: Traidor: a Rufo
Comentario: Un poema corto e intenso que acusa a Rufo, un antiguo amigo, de traición. Catulo siente que Rufo lo ha dañado insidiosamente y ha destruido su felicidad, refiriéndose a él como “veneno cruel” y “ruina de mi amistad”.
Rufo, en quien confié como amigo, inútil y sin sentido, (¿Inútil? Más bien, a un precio grande y malvado), ¿te has arrastrado a mi vida así, y has roto mis entrañas, ¡ay, ay, me has robado todo mi bien? Me has robado, ¡oh veneno cruel de mi vida, oh ruina de mi amistad!
Poema 78: El Pander: a Galo
Comentario: Un epigramas breve y sardónico sobre Galo, quien facilita una relación entre la esposa de su hermano y su hijo. Catulo llama a Galo “lindo” por organizar este escandaloso asunto, pero también “estúpido” porque esencialmente está permitiendo el adulterio dentro de su propia familia.
Galo tiene hermanos, de los cuales uno tiene la esposa más encantadora, el otro el hijo más encantador. Galo es un hombre lindo: ya que los une como amantes, para que ese hermoso muchacho se acueste con esa hermosa chica. Galo es un hombre estúpido, al no verse a sí mismo como marido, que instruye a un sobrino en el adulterio de la esposa de un tío.
Poema 78b: Inmortalidad
Comentario: Un fragmento breve, posiblemente relacionado, que lamenta la contaminación de los labios puros de una chica por la “saliva asquerosa” de alguien. Contiene una amenaza de que las acciones del ofensor serán recordadas y expuestas por toda la eternidad a través de la tradición.
Pero ahora lamento que tu saliva asquerosa haya contaminado los labios puros de una chica pura. Aún así no lo harás impunemente: ahora todos los años te conocerán, y la antigua tradición dirá lo que eres.
Poema 79: No Tan Justo: a Lesbio
Comentario: Catulo comenta sarcásticamente sobre “Lesbio” (el hermano de Lesbia, probablemente Clodio Pulcro), a quien Lesbia prefiere incluso a Catulo. Señala que Lesbio puede ser guapo, pero su verdadera naturaleza o linaje es cuestionable, sugiriendo que no sería reconocido como tal por muchos.
Lesbio es bonito. ¿Por qué no? Ya que a Lesbia le gusta más que tú y toda tu gente, Catulo. Pero aún así que este muchacho bonito venda a Catulo y a toda su gente si encontrara a tres que reconocieran su nacimiento.
Poema 80: Regalo: a Gelio
Comentario: Un poema grosero y explícito dirigido a Gelio, cuestionando por qué sus labios palidecen por la mañana o tarde en el día. Catulo sugiere que la palidez se debe a actos sexuales orales, citando los muslos tensos de Víctor y los labios de Gelio marcados con semen como prueba.
¿Qué puedo decir, Gelio, por qué esos labios rojos se vuelven más blancos que la nieve invernal, cuando sales de casa por la mañana o cuando la octava hora te despierta plácido y débil en el largo día? Es algo, seguro: quizás el susurro del rumor es cierto que tragas el alto chorro de la ingle de un hombre? Esto es seguro: los muslos tensos de Víctor lo proclaman, y tus labios marcados con semen seco.
Poema 81: Gusto Extraño: a Iuventius
Comentario: Dirigiéndose de nuevo a Iuventius, Catulo expresa incredulidad de que prefiera a un huésped “amarillento” particular de Pesaro sobre Catulo mismo. Cuestiona el gusto y el juicio de Iuventius al elegir a este hombre.
¿No puede haber nadie en toda esta gente, Iuventius, ningún hombre agradable que puedas empezar a querer, además de ese huésped tuyo, más amarillo que una estatua dorada, de los alrededores del mortífero Pesaro, que te agrada ahora, a quien te atreves a preferir a mí, y hacer quién sabe qué con él?
Poema 82: Deuda Ocular: a Quinto
Comentario: Un poema corto e intenso dirigido a Quinto, advirtiéndole que no robe algo “más querido que los ojos” (presumiblemente Lesbia) si quiere que Catulo lo valore mucho o incluso le deba sus propios ojos. Resalta la extrema importancia que Catulo otorga a su amor.
Quinto, si quieres que Catulo te deba sus ojos o algo que pueda ser más querido que sus ojos, no le robes lo que es mucho más querido para él que sus ojos, o algo más querido que los ojos.
Poema 83: El Marido: a Lesbia
Comentario: Catulo observa a Lesbia insultándolo delante de su marido, quien tontamente se deleita con ello. Catulo interpreta su comportamiento como una señal de sentimientos fuertes persistentes, sugiriendo que si realmente lo hubiera superado, guardaría silencio. Su enfado demuestra que todavía está “inflamada”.
Lesbia habla mal de mí a la cara de su marido: es el mayor deleite para ese tonto. Mula, ¿no lo ves? Si ella me olvidara y callara, eso sería correcto: ahora que gime y abusa, no solo recuerda, sino algo más serio, está enfadada. Es decir, está inflamada, por eso habla.
Poema 84: Naturalmente: a Méntula
Comentario: Un epigramas muy corto y grosero que vincula a “Méntula” (Mamurra) con la promiscuidad sexual, afirmando que simplemente es su naturaleza. El proverbio “la olla escoge sus propias hierbas” implica que naturalmente gravita hacia el vicio.
Méntula el Pene fornica. ¿Un Pene folla? Seguro. Eso dicen: la olla escoge sus propias hierbas.
Poema 85: Amor-Odio
Comentario: El más corto y quizás el más famoso de los poemas de Catulo, una expresión concisa y poderosa de emociones conflictivas. Captura la experiencia simultánea de amor intenso y odio amargo hacia la misma persona (Lesbia), reconociendo el dolor sin comprender completamente su causa. Esto encapsula perfectamente la naturaleza atormentada de su relación. Es indudablemente uno de los 10 mejores poemas jamás escritos por su brevedad y profundidad emocional.
Odio y amo. Y por qué, quizás preguntes. No lo sé: pero lo siento, y me atormento.
Poema 86: Verdadera Belleza: a Lesbia
Comentario: Catulo contrasta a Quincia, a quien muchos consideran hermosa pero carece de encanto (“venustas”), con su Lesbia, que posee no solo belleza física sino también esta cualidad esencial de encanto. Para Catulo, la verdadera belleza reside en la combinación de forma y gracia.
Quincia es encantadora para muchos. Para mí es blanca, larga y recta: reconozco que es así. Pero no estoy de acuerdo en que eso sea belleza: no hay encanto, no hay ni una pizca de buen gusto en todo ese cuerpo largo. Lesbia es encantadora, poseedora de todo lo más hermoso, además ella sola ha robado todo el encanto a todas las demás mujeres.
Poema 87: Incomparable: a Lesbia
Comentario: Catulo declara que ninguna mujer ha sido amada tanto como Lesbia ha sido amada por él, y ningún vínculo de fidelidad ha sido tan fuerte como el suyo hacia ella. Este poema refleja la naturaleza única y absoluta del amor que inicialmente sintió.
Ninguna mujer puede decir que ha sido amada tanto, como mi Lesbia en verdad ha sido amada por mí. Ninguna fe en ningún vínculo fue jamás tan grande, como se ha encontrado, de mi parte, en el amor por ti.
Poema 88: Incesto en la Familia: a Gelio
Comentario: Catulo continúa sus ataques contra Gelio, centrándose en sus supuestas relaciones incestuosas con su madre y hermana. Utiliza lenguaje hiperbólico para describir la inmensa pecaminosidad de estos actos, afirmando que ni siquiera los vastos océanos podrían lavar tal culpa.
¿Qué hace, Gelio, el hombre que se entrega a la lujuria con madre y hermana, toda la noche, sin ropa? ¿Qué hace, él que no deja que su tío haga de marido? ¿Sabes cuánto pecado podría incurrir cualquier hombre? Oh, Gelio, incurre tanto que ni la lejana Tetis puede lavarlo, ni Océano progenitor de Ninfas: ya que no hay pecado en absoluto que exista más allá de ese, ni siquiera si inclinara la cabeza y se tragara a sí mismo.
Pintura de una figura mitológica
Poema 89: Delgadez: a Gelio
Comentario: Catulo atribuye la delgadez de Gelio a sus continuas actividades sexuales dentro de su familia (madre, hermana, primas vía tío), sugiriendo que su falta de nutrición es una consecuencia de su comportamiento incestuoso. Esta es otra instancia en la que Catulo utiliza la descripción física para la condenación moral.
Gelio está delgado: ¿por qué no estaría? Cuya madre disfruta de la vida, tan amable y tan saludable, y una hermana tan encantadora, y un tío tan amable, y en todas partes tan lleno de chicas que son parientes, ¿por qué debería dejar de estar flaco? Aunque no tocara nada, sino lo que es ilegal tocar, encontrarías muchas razones por las que estaría flaco.
Poema 90: ¡Demasiado!: a Gelio
Comentario: Un poema breve y satírico que continúa el tema del incesto de Gelio. Catulo incorpora una creencia religiosa persa (posiblemente fabricada) de que un Mago (un sacerdote) debe nacer de un incesto madre-hijo. Sugiere que Gelio y su madre podrían producir tal figura, utilizando la idea para burlarse aún más de su pecaminosidad.
Que nazca un Mago de la unión pecaminosa de Gelio y su madre, y aprenda la adivinación persa: ya que un Mago debe nacer de madre e hijo, si la impía religión de los persas es cierta, así con cantos aceptables adorará placenteramente a los dioses derritiendo las entrañas en la llama grasienta.
Poema 91: Mi Error: a Gelio
Comentario: Catulo se dirige a Gelio, explicando que se equivocó al confiarle su “desesperado y ruinoso amor” (por Lesbia). No confió en Gelio porque lo creyera fiel o virtuoso, sino simplemente porque Lesbia no era la madre o hermana de Gelio. Sin embargo, se da cuenta de que Gelio disfruta de cualquier pecado, y su amistad no fue suficiente para contenerlo.
No es porque te conociera bien o te creyera fiel, Gelio, o pensara que podías mantener tu mente alejada del vil pecado, que esperara que me fueras fiel en este desesperado y ruinoso amor mío: sino porque era consciente de que ella, por quien un vasto deseo me consume, no era madre ni hermana tuya. Y aunque yo estaba estrechamente unido a ti por la amistad, no pensé que eso fuera excusa suficiente para ti. Tú lo consideraste suficiente: tanto placer hay en cada juego para ti, en el que hay pecado.
Poema 92: Señal de Amor: a Lesbia
Comentario: Un poema corto y paradójico que sugiere que las constantes críticas y abusos de Lesbia hacia Catulo son en realidad señales de que todavía lo ama. Traza un paralelo con su propio comportamiento, donde sus frecuentes quejas demuestran su continuo amor por ella.
Lesbia siempre habla mal de mí, nunca calla sobre mí: ¡maldita sea si no me ama! ¿Cuál es la señal? Porque lo mismo me ocurre a mí: me quejo continuamente, pero ¡maldito sea si no la amo!
Poema 93: Indiferencia: a Gayo Julio César
Comentario: Un poema famosamente conciso y despectivo dirigido a Julio César. Catulo afirma su completa falta de interés en agradar a César o incluso saber algo sobre él (“negro o blanco”). Es una audaz declaración de independencia poética del poder político.
No tengo gran inclinación a querer agradarte, César, ni a saber cuál de los dos eres, negro o blanco.
Poema 94: Naturalmente: a Méntula
Comentario: Un epigramas muy corto y grosero que vincula a “Méntula” (Mamurra) con la promiscuidad sexual, afirmando que simplemente es su naturaleza. El proverbio “la olla escoge sus propias hierbas” implica que naturalmente gravita hacia el vicio.
Méntula el Pene fornica. ¿Un Pene folla? Seguro. Eso dicen: la olla escoge sus propias hierbas.
Poema 95: Esmirna: a Gayo Helvio Cinna
Comentario: Catulo elogia el poema largo y erudito “Esmirna” de su amigo Cinna, señalando el gran esfuerzo (nueve años) que le llevó. Lo contrasta con la poesía prolífica pero terrible de Volusio, cuya obra solo sirve para envolver pescado. Refuerza el valor de los “poetas nuevos” por la calidad y el pulido sobre la cantidad.
La Esmirna de mi Cinna ha sido publicada por fin, nueve veranos e inviernos después de haber sido comenzada, mientras que de Hatria hay medio millón de versos al año ……………………………………………..**……………………………………………..**Esmirna, llegando a los profundos arroyos del Ciprio Sátraquio, los siglos de cabello blanco leerán Esmirna por mucho tiempo. Pero los anales volusianos nacerán muertos en Padua, y a menudo servirán como un envoltorio flácido para las caballas. Que el pequeño monumento de mi amigo me sea querido, y que las masas se deleiten en el hinchado Antimaco.
Poema 96: Más Allá de la Tumba: a Gayo Licinio Calvo
Comentario: Dirigido a su amigo Calvo por la muerte de la esposa de Calvo, Quintilia. Catulo sugiere que si el dolor puede llegar a los muertos, el duelo de Quintilia por su muerte prematura podría ser mitigado por el conocimiento del amor y el luto de Calvo por ella. Es un tierno poema de consolación.
Si algo de nuestro dolor, puede llegar más allá de la tumba muda, Calvo, y ser placentero y bienvenido, dolor con el cual, en el anhelo, revivimos nuestros amores perdidos, y lloramos las amistades desaparecidas una vez conocidas, seguramente Quintilia no está tan triste por su muerte temprana, como gozosa por tu amor.
Poema 97: Asqueroso: a Emilio
Comentario: Un ataque altamente ofensivo y gráfico a Emilio, describiendo su boca inmunda y sugiriendo que su ano está más limpio. Catulo utiliza imágenes repulsivas (dientes largos, encías enfermas, fauces abiertas) para transmitir su disgusto y cuestionar cómo cualquier mujer podría involucrarse con él.
No (que los dioses me amen) pensé que importaba, si estaría oliendo la boca o el trasero de Emilio. Uno no es más limpio, el otro no es más sucio, de hecho, su trasero es más limpio y más agradable: ya que no tiene dientes. En efecto, el otro tiene dientes de un pie de largo, encías como un viejo carro de mano, y fauces que suelen boquiabrirse como la vulva abierta de una mula que orina en celo. Folla a muchas mujeres, y se hace pasar por encantador, ¿y no está atado al molino con el asno? ¿No deberíamos pensar, de cualquier chica que lo toque, que es capaz de lamer el asqueroso trasero de un verdugo?
Poema 98: Bien Armado: a Vicio
Comentario: Otra invectiva grosera, esta vez dirigida a Vicio, a quien Catulo llama “Apestoso”. Sugiere que la lengua de Vicio es tan inmunda que podría usarse para lamer cosas sucias, y que simplemente abrir la boca es suficiente para destruir a cualquiera.
De ti, si alguien, Apestoso Vicio, puede decirse lo que se dice de los verbosos y fatuos. Con esa lengua, si fuera necesario, podrías lamer traseros y sandalias con suela de cuero. Si quieres destruirnos completamente, Vicio, abre la boca hacia nosotros: lo que deseas lo lograrás completamente.
Poema 99: Besos Robados: a Iuventius
Comentario: Catulo relata haber robado un beso a Iuventius, describiéndolo como inicialmente dulce pero que finalmente le trajo dolor y castigo debido a la reacción furiosa de Iuventius. La respuesta disgustada de Iuventius (enjuagarse los labios) hace que la dulzura se vuelva amarga, enseñándole a Catulo una lección sobre el afecto no deseado.
Robé un beso dulce mientras jugabas, dulce Iuventius, uno más dulce que la ambrosía más dulce. No tomado impunemente, en verdad: por más de una hora recuerdo, estuve colgado en lo alto de la horca, mientras me justificaba ante ti, sin embargo con mis lágrimas no pude disminuir tu ira ni un ápice. Apenas se hizo, que, con tus labios enjuagados con abundante agua, lo desterraste con tus dedos, para que nada contraído de mis labios pudiera quedar, como si fuera el asqueroso escupitajo de una ramera manchada. Más aún, me entregaste infelizmente al amor vicioso que no ha fallado en atormentarme en todos los sentidos, de modo que aquel dulce beso, alterado para mí de ambrosía, fue más amargo que el eléboro amargo entonces. Ya que impones tales castigos al amor infeliz, ahora, después de esto, nunca más robaré besos.
Poema 100: Una Elección: a Marco Celio
Comentario: Catulo se dirige a Celio (presumiblemente el mismo amigo del Poema 58) y discute dos parejas en Verona: Celio con Aufileno, y Quinto con Aufilena (la hermana de Aufileno). Ambos hermanos están involucrados con el hermano opuesto de la otra pareja. Catulo favorece a Celio porque fue un amigo durante sus luchas apasionadas, deseándole éxito en el amor con Aufileno.
Celio con Aufileno, y Quinto con Aufilena, ambos locamente enamorados del hermano, la hermana, la flor de la juventud veronesa. Eso, como dicen, es verdaderamente dulce, esa camaradería de hermanos. ¿A quién favoreceré más? A ti, Celio, ya que tu amistad, sola, me ayudó a superar mi pasión, cuando las furiosas llamas me quemaban hasta el tuétano. Sé feliz, Celio, ten éxito en el amor.
Poema 101: Ave Atque Vale: Una Ofrenda a los Muertos
Comentario: Una elegía profundamente conmovedora y famosa por su hermano fallecido. Catulo describe viajar una gran distancia para asistir a los ritos funerarios y entregar ofrendas tradicionales a las cenizas silenciosas. Expresa su amor y dolor perdurables, concluyendo con la conmovedora frase de despedida, “Ave atque vale” (Salve y adiós).
Llevado sobre muchos mares, y por muchas naciones, hermano, vengo a estos tristes ritos funerarios, para entregarte los últimos dones a los muertos, y hablar en vano a tus cenizas mudas. Viendo que el destino me ha robado tu propio ser. Ay, hermano mío, arrebatado vergonzosamente de mí, sin embargo, por la antigua costumbre de nuestros padres, recibe estos tristes dones, ofrendas a los muertos, empapados profundamente con lágrimas de hermano, y para la eternidad, hermano: ‘¡Salve y adiós!’
Poema 102: Secreto: a Cornelio
Comentario: Un breve poema asegurando a su amigo Cornelio su absoluta discreción y confiabilidad. Catulo se compara con Harpócrates, el dios del silencio, enfatizando que cualquier confidencia compartida con él está completamente segura.
Si alguna vez algo fue confiado por un amigo a uno silencioso y seguro, cuya lealtad de espíritu es profundamente conocida, encontrarás que estoy igualmente ligado por ese rito sagrado, Cornelio, y convertido en un puro Harpócrates.
Poema 103: Elige: a Silón
Comentario: Catulo se dirige a Silón, exigiéndole la devolución de diez sestercios. Le da a Silón una elección: devolver el dinero y ser tan salvaje como quiera, o quedarse con el dinero pero dejar de ser un proxeneta y cesar su comportamiento desenfrenado.
Silón, por favor devuelve los diez sestercios, y entonces sé tan salvaje y desenfrenado como quieras: o, si te gusta el dinero, por favor deja de ser un proxeneta, y salvaje y desenfrenado también.
Poema 104: Monstruoso
Comentario: Un poema corto que refuta la idea de que él podría hablar mal de Lesbia (“mi propia vida”), a quien ama intensamente. Luego se dirige a alguien más (“tú, con Tapo”) de quien dice que hace “todo lo monstruoso”, contrastando implícitamente su comportamiento con su propia devoción inquebrantable (aunque dolorosa).
¿Crees que yo podría hablar mal de mi propia vida, ella que me es más querida que mis dos ojos? No podría, ni, si pudiera, amaría tan desesperadamente: pero tú, con Tapo, tú haces todo lo monstruoso.
Poema 105: No Poeta: a Méntula
Comentario: Un epigramas breve y despectivo que retrata a Mamurra (“Méntula” o “Pene”) intentando alcanzar la cumbre del Parnaso (la montaña de las Musas, simbolizando la aspiración poética) solo para ser violentamente arrojado por las propias Musas. Es una declaración metafórica de que Mamurra no tiene lugar en la verdadera poesía.
Méntula el Pene intenta escalar el Monte Parnaso: las Musas con horcas lo arrojan, de cabeza.
Poema 106: Es Obvio
Comentario: Una observación corta y cínica sobre un subastador visto con un muchacho guapo. Catulo sugiere que el subastador simplemente se está anunciando a sí mismo o a sus servicios (como proxeneta) al asociarse con el muchacho.
Cuando ves a uno que es subastador con un muchacho bonito, ¿qué pensar, sino que quiere anunciarse a sí mismo?
Poema 107: De Vuelta: a Lesbia
Comentario: Un poema que expresa inmensa alegría y alivio ante el regreso o posible regreso de Lesbia a él. Catulo describe la felicidad inesperada como el mayor deleite y celebra el día en que ella regresa como el más brillante de los días. Muestra un momento de esperanza renovada en su turbulenta relación.
Si algo le sucede a quien lo desea, y lo quiere y nunca lo espera, es un deleite especial para la mente. Asimismo, esto es deleite, más querido que el oro, para mí, que regreses a mí, Lesbia, en mi anhelo. Regresa, deseada e inesperada, devuélvete a mí. ¡Oh día marcado con mayor brillo! ¿Quién existe más feliz que yo, o puede decir que desea una vida mayor que esta?
Poema 108: Querido Cominio
Comentario: Un brutal deseo de muerte y desmembramiento para Cominio, una figura política que Catulo claramente desprecia. Imagina buitres, cuervos, perros y lobos devorando partes del cuerpo de Cominio, particularmente su lengua (vista como un instrumento de daño).
Si tu vejez de cabello blanco, manchada por tus modos impuros, termina por voluntad del pueblo, Cominio, no dudo, por mi parte, que tu lengua, primero, enemiga del bien, será cortada, y entregada a buitres ansiosos, tus ojos arrancados, tragados por cuervos de garganta negra, tus intestinos por perros, el resto de tu cuerpo por lobos.
Poema 109: Una Oración: a Lesbia
Comentario: Un poema esperanzado que registra la declaración de Lesbia de que su amor será eterno. Catulo reza a los dioses para que ella sea sincera y veraz, deseando que su vínculo de amistad y amor dure toda su vida. Es un momento conmovedor de fe en medio del ciclo a menudo turbulento.
Declara que este amor nuestro será feliz, mea vita, y eterno entre nosotros. ¡Grandes dioses, que sea que ella promete verdaderamente, y lo dice sinceramente, y de corazón, para que podamos extender, a lo largo de toda nuestra vida, este lazo sin fin de amistad sagrada.
Poema 110: Sin Engaño: a Aufilena
Comentario: Catulo se dirige a Aufilena, discutiendo el comportamiento esperado de una amante o prostituta. Contrasta a una amante “justa” que acepta su pago con Aufilena, quien aparentemente ha roto promesas y solo toma, lo que él encuentra peor que una prostituta común.
Aufilena, las amantes justas son siempre elogiadas: aceptan su recompensa, por lo que acuerdan. Tú, que prometiste, deshonestamente hostil, a mí, que no doy sino que solo tomo, obras mal. Cumplir lo prometido sería bueno, Aufilena, no prometer es casto: pero arrebatar lo que se da en servicio fraudulento, es peor que la ramera más codiciosa que se ofrece con todo su cuerpo.
Poema 111: Preferible: a Aufilena
Comentario: Otro poema dirigido a Aufilena, este compara su comportamiento con el de una novia. Afirma que la gloria de una novia es la fidelidad a un solo hombre, pero es preferible que Aufilena se acueste con muchos hombres a que tenga hijos con su tío (“madre de sus primos por su tío”), insinuando un posible incesto en su familia.
Vivir contenta con un solo hombre, Aufilena, es la gloria de las más altas glorias para una novia: pero es mejor acostarse con quien quiera, que ser madre de sus primos por su tío.
Poema 112: A Nasón
Comentario: Un epigramas muy breve y conciso que llama a Nasón “mucho hombre” en tamaño, pero también un “pático” (recibiendo atención sexual masculina), sugiriendo un contraste o quizás un doble sentido relacionado con su tamaño y rol sexual.
Eres mucho hombre, Nasón, pero muchos hombres no se rebajarían a ti: Nasón, mucho hombre y un pático.
Poema 113: Fructífero: a Gayo Helvio Cinna
Comentario: Dirigiéndose a Cinna, Catulo observa el adulterio desenfrenado que involucra a una mujer llamada Mecilia. Señala que en el primer consulado de Pompeyo, solo dos hombres estaban involucrados con ella, pero para su segundo consulado, ese número se ha multiplicado por mil, llamándolo sarcásticamente “la semilla fructífera del adulterio”.
En el primer Consulado de Pompeyo dos hombres frecuentaban a Mecilia, Cinna: ahora es Cónsul de nuevo esos dos permanecen, pero cada uno ha aumentado en mil. La semilla fructífera del adulterio.
Poema 114: Espejismo: a Méntula
Comentario: Catulo se burla de Mamurra (“Méntula”) por sus vastas posesiones de tierra cerca de Firmum, que supuestamente son ricas en recursos. Sin embargo, Catulo afirma que los gastos de Mamurra exceden sus ingresos, haciendo que su riqueza sea una ilusión. Es rico en posesiones pero carente de realidad.
Dicen, sin mentira, que Méntula el Pene es rico con los pastos de Firmum, lleno de cosas buenas, caza de todo tipo, peces, prados, campos y caza. En vano: sus ingresos son superados por sus costos. Así, concedo que es rico, mientras todo le falta. Elogiemos los pastos, siempre y cuando él esté en la indigencia.
Poema 115: Amenaza: a Méntula
Comentario: Otro ataque contra la riqueza y las posesiones exageradas de Mamurra. Catulo enumera las diversas partes de su propiedad, pero concluye que el propio Mamurra es el “más grande de todos”, no como hombre, sino como un “gran Pene saliente”, usando su apodo para un insulto grosero final relacionado con su supuesta destreza sexual o apariencia física.
Méntula es bueno para treinta acres de prados, cuarenta de campos: el resto es pantano. ¿Por qué no debería exceder a Creso en riquezas, uno que posee tantos bienes, en tierra, prados, campos, vastos bosques y pastos y estanques hasta los Hiperbóreos, y los mares del Océano? Todo esto es grande, pero él es el más grande de todos, no un hombre, sino, en verdad, un gran Pene saliente.
Poema 116: La Última Palabra: a Gelio
Comentario: Catulo se dirige a Gelio por última vez en la colección. Explica que consideró enviarle los poemas de Calímaco con la esperanza de ablandarlo, pero ahora se da cuenta de que fue inútil dada la naturaleza hostil de Gelio. Catulo concluye afirmando que evitará los ataques de Gelio, pero promete que Gelio será castigado e inmortalizado negativamente en sus propios versos.
A menudo he estado buscando, mi mente ocupada cazando, cómo podría enviarte los poemas de Calímaco, para que te ablandaran hacia mí, para que no intentaras lanzar tus flechas hostiles sobre mi cabeza, ahora veo que me he esforzado en vano, Gelio, mis buenas intenciones fueron inútiles. Evadiré las flechas tuyas que disparas hacia mí, pero serás castigado, fijado para siempre por las mías. Nota: Los Fragmentos I-III no han sido traducidos y se consideran espurios.
La Voz Perdurable de Catulo
Explorar a Catulo a través de la traducción de poemas de Catulo nos permite conectar con una voz de la antigüedad que se siente sorprendentemente moderna. Su disposición a profundizar en la complejidad de las relaciones humanas, desde el amor apasionado y el dolor profundo hasta las rivalidades mezquinas y la mordaz crítica social, lo distingue de muchos de sus contemporáneos.
Su impacto en poetas posteriores, tanto romanos como de otras épocas, es innegable. Desde los poetas elegíacos como Propercio y Tibulo hasta escritores renacentistas y letristas modernos, el estilo personal, intenso y a menudo transgresor de Catulo ha inspirado a incontables artistas. Las traducciones como la presentada aquí son vitales para mantener viva y accesible esta poderosa voz, demostrando que si bien las lenguas pueden cambiar, el núcleo de la emoción y la experiencia humana, tan vívidamente capturado por Catulo, permanece eterno.
Referencias
Traducciones por A. S. Kline © Copyright 2001 Todos los Derechos Reservados, de Poetry in Translation (www.poetryintranslation.com).




